Opinión

Una quimera con cabeza de negligencia

Hay muchas preguntas que deben ser respondidas, por ejemplo ¿cuáles son los protocolos de verificación y mantenimiento de los equipos? | Manuel Fuentes

  • 02/10/2019
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Eran las 13:09 minutos del sábado 28 de septiembre de 2019 cuando cuatro jóvenes salían expulsados del último vagón del juego llamado "Quimera" en la Feria de Chapultepec de la Ciudad de México, dos hombres murieron al instante y las mujeres quedaron lesionadas de gravedad. El hecho sacudió de inmediato redes sociales y medios de comunicación que no daban crédito de lo acontecido.

Luis Enrique Martínez Macedo de 24 años, recién egresado de la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA) del Instituto Politécnico Nacional y su novia Marlene de 22 años, habían decidido salir a divertirse después de una semana de mucho estrés, trabajo y estudio al mismo tiempo. Cuando llegaron a la Feria de Chapultepec se formaron en el juego Quimera por ser de los más atrevidos, que da tres vueltas a 360 grados y una caída a toda velocidad. Estuvieron casi media hora en la fila y cuando pasaron les tocó el último vagón, ya casi no alcanzaban, en el que minutos después Luis Enrique fallecería y Marlene quedaría gravemente herida.

La familia de Marlene se enteró que su hija se encontraba hospitalizada por un accidente que había sufrido, pero la de Luis Enrique no sabía nada de él. Su familia lo empezó a buscar en hospitales, en ministerios públicos, en locatel y no aparecía en ningún lugar. No respondía su celular. Les pidieron que fueran a la alcaldía Miguel Hidalgo, que allí había dos cuerpos de jóvenes recién fallecidos. Eran casi las 8 de la noche cuando su madre con el pecho que le agolpaba reconoció a su hijo muerto. El mundo se cayó para ella y para la hermana de Luis Enrique, de apenas 14 años.

El ministerio público, el fiscal, una subprocuradora, representantes del alcalde de Miguel Hidalgo, médicos y psicólogos se concentraban para atender a las familias que se encontraban en estado de shock. En los pasillos se escuchó la instrucción de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum de llevar las investigaciones hasta las últimas consecuencias y castigar a los responsables, sea quien fuere. A la familia nada le consolaba.

Hay muchas preguntas que quedan en el aire y deben ser respondidas: ¿Cada cuánto tiempo se realizan labores de mantenimiento en este tipo de juegos de alto riesgo? ¿Quién y cada cuándo se supervisan a estas empresas? ¿Cuáles son los protocolos de verificación y mantenimiento de los equipos?

¿La supervisión, si es que se hace, se realiza en campo con los equipos funcionando o en el escritorio? ¿Hay legislación adecuada que obligue al gobierno de la Ciudad de México a desempeñar labores efectivas de supervisión y aplicar sanciones severas a quienes infrinjan las normas? ¿Un hecho tan grave como el ocurrido, justifica el retiro de la concesión?

La Jefa de Gobierno sabe las repercusiones de un acontecimiento como el ocurrido en la Feria de Chapultepec, al que acuden miles de jóvenes para divertirse, ya que ahora existe una gran incertidumbre de saber si el gobierno capitalino será capaz de realizar una investigación seria e imparcial, de aplicar sanciones a quien haya incumplido sus responsabilidades y sobre todo dar garantías que, de normalizarse este tipo de juegos mecánicos, se tendrá seguridad para utilizarlos.

Se ha dicho que se consultará a peritos extranjeros, expertos en el funcionamiento de este tipo de equipos, aunado a que si hay funcionarios metidos o complicidad que haya propiciado esta desgracia, y si la empresa fue omisa en cumplir con el mantenimiento adecuado en ese mortal juego llamado "Quimera", se les aplicará todo el peso de la ley.

Por lo pronto la familia de Luis Enrique ha presentado una queja en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal ante una posible omisión de las autoridades que evite se investiguen a sí mismas.

Los familiares, amigos, y compañeros de trabajo y de su querido Politécnico Nacional se acercaban en el féretro de Luis Enrique sin dar crédito de la manera como falleció. Apenas un mes antes había estado en su fiesta de graduación, feliz de concluir una etapa en su vida. Le gustaban las matemáticas, la física, la música, la lectura y el beisbol, perteneciendo al equipo de la ESCA. Adonde llegaba armaba plática y tenía respuesta para todo, era un joven científico lleno de esperanza y de sueños, que se cortaron en segundos.

Vivía en un departamento con su madre y su hermana, desde allí lanzaba suspiros y se regocijaba en sus sueños por un México que diera espacios a los jóvenes para que revolucionaran el mundo.

Ahora sigue allí, en algún lugar del universo cuidando de los suyos, construyendo otros espacios para evitar que otras quimeras, de las que soñaban y temían los griegos, de monstruos expulsando llamas, con cabeza de león, torso de cabra y cola de dragón, alcancen a otros.

A Luis Enrique lo mató una quimera con cabeza de negligencia, pero no a sus sueños; estos siguen allí imperennes, allá en la inmensidad, por todos lados, en lo más profundo de nosotros, como un legado que nunca soltaremos.