Opinión

Una Navidad diferente

En ocasiones se olvida que para muchísimas personas esta será una Navidad realmente triste. | Agustín Castilla

  • 24/12/2020
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Esta sin duda será una navidad diferente en muchos sentidos y también en la que se hacen evidentes realidades muy distintas. Ha sido un año que nos ha marcado por el miedo, la preocupación e incertidumbre prácticamente permanentes y en el que, en términos colectivos, las buenas noticias han sido muy pocas. De un momento a otro nos cambió la vida sin apenas darnos cuenta y, a los devastadores efectos de la pandemia en materia de salud y económica, se suman los altos niveles de violencia e inseguridad -que parecen no tener fin a pesar de las promesas gubernamentales- en un clima de creciente polarización social.

Seguramente habrá personas que se están lamentando por el nuevo confinamiento, la imposibilidad de reunirse en estas fiestas con su grupo de amigos, realizar los viajes que acostumbraban cada año para vacacionar o celebrar el 24 con toda la familia, pasando por alto que aún en estas circunstancias -o quizá precisamente por ellas-, estas deben ser fechas muy especiales en las que hay tanto que reflexionar y agradecer para quienes tenemos la fortuna de contar con salud y estabilidad laboral o la posibilidad de un ingreso.

Sin embargo, en ocasiones se olvida que para muchísimas personas esta será una Navidad realmente triste por la pérdida de seres queridos, la angustia de tener a un familiar hospitalizado con pocas esperanzas de recuperación o atendiendo a los pacientes en alguna institución hospitalaria con el alto riesgo que ello implica, así como por el cierre de sus fuentes de trabajo y subsistencia.

No son tiempos fáciles para nadie, pero sí hay una marcada diferencia en las condiciones en que llega esta Navidad para unas personas y para otras, por lo que me parece obligado no sólo valorar y dar las gracias por todo aquello que se tiene -y que muchas veces damos por sentado empezando por la salud-, sino también ser conscientes, empáticos y solidarios con quienes atraviesan por una situación mucho menos favorecida.

Tratemos de ponernos en los zapatos de los demás, y quizá lo primero que habría que pensar es sobre la pertinencia de mostrar a través de redes sociales abiertas el privilegio de pasar el confinamiento con muchas comodidades, disfrutando de la comida favorita y en ocasiones hasta de la alberca y el sol. En vez de ello podríamos, por ejemplo, aprovechar estas fechas para revisar la ropa que se queda guardada en perfecto estado por meses en un closet y que le podría servir a mucha gente en estas épocas de frío, consumir en los comercios locales o destinar una parte del aguinaldo para apoyar a quienes están lidiando para pagar sus medicamentos o para llevar un poco de comida a casa. También se podrían comprar algunas cobijas que serían de gran ayuda, y desde luego nunca sobra una palabra de aliento para quienes no la están pasando bien, ya que la contención emocional es sumamente importante. En fin, cuando existe conciencia y voluntad, siempre habrá forma de solidarizarse y compartir. Ojalá la pandemia nos haya enseñado algo. ¡Feliz Navidad!

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