Opinión

Una gran película, una gran cineasta

“La caótica vida de Nada Kadic” de Marta Hernaiz Pidal, avanza despacio para entender lo que la vida cotidiana tiene de “caótico”.| María Teresa Priego

  • 02/07/2019
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La caótica vida de Nada Kadic” de la muy joven cineasta Marta Hernaiz Pidal, inauguró el Foro de la Cineteca Nacional. Una delicia de película. Avanza despacio, la cinta. Muy. Tan despacio como es necesario para entender lo que la vida cotidiana tiene de “caótico”, en sus más pequeños detalles. Bellísima la fotografía de Jorge Bolado. “La procesión va por dentro”, dicen. Aida, (en la película y en la realidad) trabaja como asistente en una escuela y es madre soltera de una niña de tres años. Marta la conoció en la Sarajevo Film Academy, la escuela que dirige Béla Tarr en Bosnia, en donde estudió su Master in Fine Arts. Se hicieron amigas.

Marta cuenta cómo los cabellos largos, rojos, abundantes de Aida, llamaron su atención. También el que una mujer “despistada”, “distraída” llevara en solitario la crianza de su hija. ¿Cómo lograba organizarse? Decidieron hacer una película juntas. La directora y sus actrices: Aida Hadzibegovic y su hija Hava Dombic. Debo confesar que Aida no me pareció “despistada” en lo absoluto. Lo que una observa y reconoce son las dificultades de una mujer que tiene que cumplir con un horario de trabajo, no cuenta con apoyos para el cuidado de su hija pequeña (¿quién puede recogerla en la escuela si ella está obligada a asistir a una reunión?) gana “mucho”, como para ser considerada como candidata a los apoyos especiales de los servicios sociales, pero muy poco como para pagar las terapias de su hija.

Y también, por supuesto: la pérdida, los traumas de la posguerra. En el momento de la filmación Hava fue diagnosticada con “un padecimiento dentro del espectro del autismo”. Con una delicadeza exquisita Marta Hernaiz acompaña a la madre y a la hija. Hava con su impermeable rojo y sus botitas de colores brinca en un charco. Le gustan los charcos. Podría pasar muchísimo tiempo repitiendo los mismos gestos. Su madre se detiene. La espera. Es la aceptación de ese tiempo nuevo, el que tiene que redefinirse.

En el proceso de aceptación de la realidad. La re-interpretación de la vida. Aida decide hacer un viaje hacia su pueblo de infancia. “Visitar a los abuelos”, dice.

Una travesía por Bosnia en el carrito viejo que le heredó su padre y que las deja varadas a mitad de las montañas, en una especie de tierra de nadie. Aisladas en medio del silencio. ¿Qué es el autismo? ¿cómo puede ayudar a su pequeña? La infinita paciencia de la madre ante lo desconocido. ¿Qué entiende en el camino? Con tanto, tanto amor. Que la niña le va a ir diciendo cómo y por dónde. Lo van a descubrir juntas. Se aman y están juntas. ¿Los abuelos que una espera ver aparecer en cualquier instante y entonces, por fin, Aida podrá descansar? Dos tumbas en el cementerio del pueblo. Muertos en 1992 y 1993. Entonces, cuando la guerra.

La última escena de la película: Hava inventa sonidos. Canciones sin palabras que se canta. En medio de esos sonidos a Aida le parece que percibe una palabra. ¿La percibe o la imagina? Sí. Hava dice: “mamá”. La sonrisa de Aida. Su tan bella sonrisa. Es una película y es la realidad de la vida de madre e hija. La directora nos aclara que Nada (el nombre elegido para su protagonista) “significa esperanza” y no puedo no remitirme a “Nadja” la novela autobiográfica de Breton, a su personaje que lleva ese nombre. También “distraída”, también portadora de un trauma silenciado. Cuando (en la novela) el narrador le pregunta cómo se llama, ella responde: “Nadja, proviene del ruso y es el principio (sólo el principio) de la palabra ‘esperanza’”.

“Es una película mexicana”, explica su directora. “Aunque esté filmada en Bosnia”. Un guiño de ojo de la directora: la muñequita mazateca en el librero de la casa en la escena en la que Nada pasa la aspiradora y juega con su hija a aspirarle la ropa. Esa muñequita que casi todas las mexicanas que nos hemos ido lejos, por algún tiempo, llevamos en la maleta. “La realidad es mucho más rica que cualquier idea y esto hace que la peli se llene de vida… tuvimos muchos encuentros que nos ayudaron a enriquecer la película. Las cosas que sucedieron durante el rodaje fueron mágicas, por ejemplo: un arcoíris, eso no estaba en el guion, nos lo encontramos en la realidad”, Marta en entrevista con la Revista Encuadres.

Hava dice:” mamá”. La posibilidad de que su hija aprenda a comunicarse con palabras. “Y es el principio, sólo el principio, de la palabra “esperanza’”.