Opinión

Una gran familia feliz. El horror y el secreto

Esos niños “hasta iban a Disneylandia”. Hubo a quien le pareciera la prueba máxima de una familia integrada y sana. Tan arregladitos en la foto del Facebook

  • 23/01/2018
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Por las fotos de Facebook, pensabas que eran una gran familia feliz

Brenda Taylor, tía de los niños

Los Turpin vivían de noche. Dormían de día. Sus padres solicitaron una autorización para educarlos en su casa y se las dieron. No salían. No se relacionaban con nadie del exterior. Dicen los vecinos que eran: “flaquitos y tímidos”, “como zombis”. “Raros, pero nada como para llamar a la policía”. Nadie denunció, los servicios sociales jamás los visitaron. En una casa en la que vivieron antes, una de las adolescentes logró escaparse y un vecino –convencido de estar siendo protector y amistoso– la regresó a la casa de sus padres. Quizá no la escuchó. Quizá no le creyó. Quizá ella una vez fuera no se atrevió a emitir palabra alguna.

Las circunstancias que permitieron a los Turpin mantener a sus hijos secuestrados, amenazados y sometidos a torturas cotidianas son un cuestionamiento brutal a esa delgada línea roja en la que vivimos: entre el respeto o el pretendido respeto al derecho a la privacía de los otros (y la nuestra). Y la indiferencia. Al abismo entre las apariencias y la realidad. A cómo la apariencia es tantas veces la muralla que protege el horror: las apariencias permiten el ocultamiento y el secreto.

Esos niños “hasta iban a Disneylandia”. Hubo a quien le pareciera la prueba máxima de una familia integrada y sana. Tan arregladitos en la foto del facebook. Ese día quizá sí les permitieron bañarse, solo accedían al baño una vez cada doce meses. 

“La felicidad” hacia fuera


El inimaginable sometimiento, hacia adentro. En una pieza de la casa: un pizarrón y ocho banquitas en medio de la inmundicia ¿alguna vez les impartieron clases? Es posible. Las/los hermanas/os Turpin leían y escribían y extrañamente, ellas/os, prohibidos de todo, tenían derecho a llevar un diario. Encontraron pilas de diarios escritos. ¿Qué significaba la escritura para Louise y David? ¿Qué significaba desde este brutal castillo de la pureza? ¿Leían los diarios de sus hijos? ¿Para qué? Dicen los diarios que la madre y el padre: “No muestran signos de enfermedad mental”. Parafraseando a Darien Leader en “¿Qué es la locura?” ¿Se necesita irrumpir en un comedor y constatar un delirio verbal por parte del padre y la madre, porque con el delirio actuado durante décadas no basta? Dicen que la madre se sorprendió muchísimo cuando rescataron a sus hijos. Dicen que no entendía las razones. ¿Por dónde queda la realidad? Ellos son buenísimos padres, Mickey Mouse es testigo.

Una de la adolescentes (17 años), y su hermana, planearon durante dos años su huída. Ese día, solo ella tuvo el valor de atravesar el umbral, su hermanita cayó en una crisis de pánico. Consiguió un teléfono y marcó el 911. La narración de quienes entraron a la casa a rescatar a los doce niños y jóvenes (eran trece), es la descripción del horror. Tres de ellos encadenados a los muebles. Seres humanos con desnutrición grave, aterrados. Sin acceso a la mínima higiene. Al mínimo respeto. Al mínimo amor. Habituados a la tortura cada día, ajenos a la realidad exterior. Basura. Desorden. Heces. El bebé de dos años, bien cuidado. ¿Alguna vez fue cada una de esas personitas un bebé bien cuidado?¿En qué momento de su vida, a qué edad una niña, un niño comenzaba a parecerles insoportable en su humanidad y entonces había que cosificarlo? “Insoportable”, pareciera un eufemismo. El menor tiene 2 años, el mayor 29. La policía reporta que encontraron también a dos perritos malteses, ellos sí, bien cepillados y alimentados. Ellos no son humanos.

La hermana de Louise narra que se casó con David a los 16 años, él tenía 24. Ahora tienen 49 y 57. Y añade:

No les permitían tener citas, no podían tener una vida social. No les permitían ver la televisión, hablar por teléfono, invitar a amigos, cosas así. Cosas normales que hacen los niños

Los últimos siete años, quizá justo aquellos en los que la crueldad se recrudecía, los adultos Turpin se aplicaron en su perfil (el mismo para los dos) del facebook. Aferrados en crear su “realidad” alternativa. Familiares (a los que dejaron de ver en los años 90) y amigos, (a los que mantenían en la más completa distancia), ofrecían sus likes. Así, como casi todos hacemos. “Creíamos que vivían una vida perfecta”.

No sucedió en el pico de una montaña aislada, sino en Perris, California. “Todos presentaban síntomas de desnutrición severa, con deterioro de la masa muscular. La mayor, de 29 años, pesa 37 kilos”. Los policías pensaron que la adolescente de 17 tenía 10.

A partir de las investigaciones en curso, se supo que el maltrato comenzó durante los 17 años que vivieron en Fort Worth, Texas. Ahora hay vecinos (en Texas), que declaran que es probable que, por épocas, los padres vivieran en una casa distinta y solo visitaran a sus hijos para dejar alimentos. ¿Los dejaban encerrados con llave? ¿Era tal el terror al castigo posible que ninguno de ellos se atrevió a escaparse? La jovencita que esta vez lo logró lloraba y decía:

Si me regresan con mis padres van a matarme

Ahora, la familia que compró la casa anterior que habitaron, declara que lo que encontró fue un enorme basurero semi-destruido. También un mecanismo extraño como de rieles integrados a una cama. “Yo creía que eran cristianos modélicos”, declaró Betty Turpin, la abuela paterna de los niños. Hacían que sus hijos se aprendieran la Biblia de memoria, ¿qué puede haber de más “modélico?” Los vecinos vieron poquísimas veces a los niños. “Flaquitos”, “Como que nunca les daba el sol”. Una vecina dice que en un momento, al verlos con sus cuerpitos tan encogidos, sus miradas esquivas, le pasó por la cabeza: “¿Y si estuvieran secuestrados?” Pero inmediatamente pensó: “Me está volando la cabeza”. No deja de ser interesante y terrible leer que los Turpin sí tuvieron problemas con sus vecinos: por el pasto. Fueron denunciados ante las autoridades porque el frente de su casa estaba muy descuidado y es ilegal, dado que afecta a la calidad de la vida comunitaria. 

Louise y David se han casado varias veces. La foto de su matrimonio, en Las Vegas y el video (muro en el facebook), son particularmente “extraños”. En una ciudad de imitaciones, los casa un imitador de Elvis Presley, ambos con lentes oscuros en el interior de una habitación. Los niños los acompañan en una imitación de familia feliz, como si esas personitas no fueran sino parte de una escenografía. El imitador pronuncia los votos que en su momento repiten cada uno de ellos, en una imitación de ceremonia y, mientras los pronuncian, el Elvis Presley se contorsiona como si todo no fuera sino una burda imitación, una farsa del amor. Es muy probable que los personajes de Walt Disney que les son tan entrañables, estuvieran allí por ellos y no por los niños. La vida misma, como imitación y como farsa siniestra.

Crueldades infinitas


Como uno de los niños logró desatarse de las sogas con la que estaba atado: pasaron a las cadenas. Los niños, jóvenes y adultos Turpin, están en el hospital. Sus padres detenidos. “Tardarán años en recuperarse”. Sin duda. Por fin fueron escuchados y salvados. Fueron víctimas de crueldades infinitas. Ante sus ojitos hambrientos, la madre y el padre se sentaban a la mesa y se servían alimentos en abundancia. Compraron las 8 bicicletas que jamás les permitieron usar. Exhibían ante sus ojos pasteles a los que no les permitían acercarse. ¿Pensarían que así templaban un carácter para no “caer en ningún tipo de tentación?”. Lograron guardar el secreto de las torturas que infligían a sus hijos, por casi dos décadas. Los castigaban con estrangulamientos. Nadie se enteró. Nadie supo. Nadie denunció. Tendemos a pensar que si el horror existe, no es posible que lo tengamos tan cerca. Pienso en esas personitas escribiendo horas y horas en cientos de diarios. Ojalá un día, si ellos lo consideran necesario e importante en sus procesos de sanación, los diarios sean publicados. Ser las “cosas” del padre y de la madre. Preguntarte cada día si alguien allá afuera podría venir a rescatarte. Y nadie llega. Imaginar por años que el amor es así: una cadena torturante. Qué soledad inmensa. Hasta que una de ellos estuvo cierta de que había otra vida posible. Y tenían derecho a ella. Se armó de toda su fuerza y salió a buscarla, esa otra vida. Para sus hermanos y para ella.

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