Opinión

Una escritura desde/en las fronteras

Margarita Sayak asegura que las mujeres filósofas escriben con y desde el cuerpo. | María Teresa Priego

  • 11/06/2019
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Margarita Sayak Valencia con sus cabellos oscuros y sus lentes, habla de filosofía. O, posa para la portada de una revista con sus cabellos largos y su bigote, o, responde a una entrevista con cabellos rosa y sin bigote. A veces emerger con sus barbas. El transfeminismo. La interseccionalidad. La frontera. “Yo escribo en tijuanense, ¿qué significa eso? Escribo en tijuanense porque puedo utilizar una articulación del pensamiento fronterizo”. Filósofa, poeta, ensayista, performancera, investigadora en el Colegio de la Frontera Norte. Autora de “Jueves Fausto” (2004), “El reverso exacto del texto” (2007), “Capitalismo Gore” (2010 y 2016).

En una entrevista con Lulú Barrera en “Luchadoras”, habla de la piel como esa –también– frontera. Entre una y el exterior: ese contenedor que es (o no) la piel: “El mundo está construido desde unas coreografías de género, unas demandas específicas de sexo… es muy dicotómico, ¿qué es femenino y qué es masculino? Y hay ciertas demandas, que tienen un sustrato económico casi siempre, para que uno represente el papel de un hombre o de una mujer válido en un contexto como el mexicano”.

Explica que le gusta hablar desde la especificidad de los espacios. SIngularizar el análisis. Me encanta su expresión: “coreografías de género”, porque nos permite acercarnos a los mandatos de la masculinidad y de la femineidad. A las mascaradas en la representación de lo que “corresponde a cada sexo”. Cueste lo que cueste en términos del empobrecimiento de las subjetividades, como bien sabemos, la coreografía tiene lugar. Más “dicotómica”, entre más conservadores son los espacios. “Hay hombres que se mofan del feminismo, pero también mujeres. Es una inercia social que no quiere revisar sus preceptos y que prefiere ridiculizar a alguien que está buscando justicia social, en vez de revisarse a sí mismo”.

En “Capitalismo Gore. Control económico, violencia y narcopoder”, analiza ese mandato de masculinidad que se impone, inserto en la violencia del capitalismo salvaje, depredador: “Tomamos el término gore de un género cinematográfico que hace referencia a la violencia extrema y tajante… nos referimos al derramamiento de sangre explícito e injustificado… al género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita”. Los cuerpos están en venta. En renta. Son mercancía. En ellos se escriben los mensajes que los criminales se envían los unos a los otros. Esos feroces “estate quieto”, sociales. Precariedad y llamado al consumo, “como nunca antes”, escribe Sayak.

¿Desde dónde mira/escucha/analiza Sayak Valencia? En una entrevista para el Programa Violencia Urbana y Seguridad Ciudadana (ICLA UNR) que les recomiendo mucho, se explica: sí, su formación tiene que ver con los grandes pensadores franceses contemporáneos, pero, sobre todo: “Mi perspectiva viene más desde los estudios de la interseccionalidad, sobre todo de los feminismos chicanos, asiático-americanos, negros-estadounidenses y también del feminismo autónomo. La toma de posición es estratégica y es importante. Uno no escribe sólo por el gusto de escribir, si no, también podría estar escribiendo una novela que podría ser un artefacto de sentido muy importante, sino que hay una preocupación ética y política en el libro… ¿cómo podemos transformar esa realidad a través de la nominación de esa realidad con artefactos discursivos que expliquen, justamente, el fenómeno de cerca?”

Y “Capitalismo gore” nombra la realidad, sin duda. Y esa “estructura social que está precarizando la vida en la mayor parte de sus dimensiones”. Los desamparos, los desgarramientos, las pérdidas que conducen a los seres humanos –desde ese “desierto emocional” del que escribe Silvia Federici– a valorizarse, cada vez más, en términos de mercado. ¿Qué consumo? ¿cuánto valgo si esto es lo que consumo? A las/los otras/os, ¿las/los consumo? ¿me consumen? “El capitalismo gore nos dice: nada es intocable, todos los tabús económicos y de respeto hacia la vida han sido rotos, ya no hay lugar para la restricción no para la salvación, todos nos vemos afectados”.

Un espejo distorsionado: esa fantasía de que es la adquisición de objetos materiales, “cosas”, las que concede existencia y pertenencia. ¿Cuándo y cómo una persona comienza a sentirse como la Cosa que adquiere a la cosa? Sayak nos comparte una cita de Lipovetsky: “Mediador de la verdadera vida, el consumo se tiene a sí mismo como algo que permite liberarse del desprecio social y de la imagen negativa de uno mismo… el poder sin precedentes de la comercialización de los modos de vida”.

Sayak es doctora en Filosofía, Teoría y Crítica Feminista por la Universidad Complutense de Madrid y señala una diferencia muy importante (me hipnotizó este señalamiento) entre la filosofía creada/trabajada por mujeres con respecto a la filosofía masculina: las mujeres filósofas escriben con y desde el cuerpo. Así de distinto. El potencial transformador de las nuevas masculinidades: “La cuestión de la creación de nuevos sujetos políticos construidos desde el transfeminismo abre de nuevo el debate sobre la necesidad, la vigencia y el reto que supone que los sujetos masculinos se planteen otras configuraciones y condiciones con las cuales construir sus masculinidades”. Sayak mira a la cámara con sus ojos brillantes y sus cabellos verdes. Sayak brilla en sus fronteras.

Los pequeños tamemes

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