Opinión

Una enseñanza para Biden, y los acuerdos con México

La relación entre México y Estados Unidos va a cambiar de tono. | Jorge Faljo

  • 08/11/2020
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Asumo que para cuando usted esté leyendo este artículo el triunfo de Biden en los Estados Unidos ya sea irreversible. En ese caso la perspectiva habrá cambiado para los Estados Unidos, para México, y para el mundo entero.

Trump se despide haciendo gala de su estilo. Echando pestes, lanzando acusaciones de fraude electoral, y furioso porque, con pocas excepciones, la élite republicana no se ha lanzado al ruedo vociferando a su favor y prefiere ver los toros desde la barrera. Pocos lo acompañan en sus mentiras y alegatos demenciales.

Todo indica que a fin de cuentas las instituciones norteamericanas son lo suficientemente fuertes y que la transición será mucho menos violenta de lo que se temía. Trump se piensa ganador y sus acusaciones pretenden dejar sentado que es una víctima del sistema y no un perdedor.

Dicho esto, hay que ver el otro lado de la medalla. Trump es el candidato republicano más votado de todos los tiempos. Sigue siendo líder indiscutible de la población blanca rural y sin estudios universitarios y, al mismo tiempo, es el republicano que más votos ha recibido de negros, latinos y LGBTI (grupo de la diversidad sexual).

Esto es posible porque en 2016 votaron algo menos de 140 millones y en este momento se han contado poco más de 145 millones. Un ejemplo: en el sur de Tejas, en los condados de El Paso e Hidalgo, con alta población de origen mexicano, Biden obtuvo 30 mil votos más que Clinton hace cuatro años; pero Trump obtuvo 67 mil votos más de los que recibió en aquel entonces.

En los mapas electorales los estados y zonas rurales se pintan de rojo, el color de los republicanos. En muchos estados las mayores ciudades son pequeños espacios azules, el color de los demócratas, rodeadas del rojo de los condados rurales, republicanos.

Muchos esperábamos una avalancha demócrata. En cambio, Trump pierde por un pelo de gato. Podría haber ganado si hubiera actuado más como político en vez de aferrarse a sus necedades. Podría, haber continuado con los apoyos a los desempleados, aceptar el uso de tapabocas, ser algo más empático con las mujeres y la población de color; podría haber sido menos patán.

Trump repitió lo insólito; a pesar de quedar en evidencia con sus mentiras, estafas, racismo y demás siguió siendo votado por casi la mitad de la población. Y eso es digno de análisis.

Los demócratas cuentan con la mayoría urbana, la gente con estudios universitarios, los intelectuales y la población más seria. Pero son vistos con desprecio por los menos educados como la versión gringa de los fifís.

Biden, ganador, tendrá que reflexionar sobre cómo el partido de la justicia social y la corrección política, el demócrata, no haya sabido ganarse a la población rural, los blancos sin estudios, ni, de manera contundente, a los grupos marginados. Estas elecciones prueban que no se han sabido acercar al pueblo marginado. Los que se ilusionaron con el llamado al pasado, a hacer de nuevo grande a los Estados Unidos.

De momento todo indica que el senado seguirá siendo controlado por los republicanos y lo más probable es que estos sigan una estrategia de obstrucción. Así que Biden tendrá que apostar a ganar el senado dentro de dos años, en noviembre de 2022. Para ello los demócratas tendrán que acercarse a los que acaban de votar en su contra; los blancos sin estudios superiores, la población rural y obtener mayor entusiasmo de la población de color y latinos blancos.

¿Qué puede ofrecer Biden a estos grupos? Mucho de lo que les ofreció Trump. Reindustrialización de su economía, magna reparación de su infraestructura, impulsar las exportaciones agropecuarias, incremento salarial y comercio exterior menos desequilibrado. Una estrategia que, para bien o para mal, tendrá importantes repercusiones en México.

La relación entre México y Estados Unidos va a cambiar de tono. Con Trump se dio una relación altamente personalizada; bastaba darle por su lado al gordo pomposo y eso lo supo hacer AMLO de manera magistral. Con Biden es previsible que cambie la relación personalizada por otra mucho más institucional, marcada por el cumplimiento de acuerdos formales.

Biden tendrá un análisis de más fondo y querrá un socio que funcione bien, desde su perspectiva. Para México será un socio más confiable, sin el riesgo de caprichos inesperados, pero con el que será más difícil negociar.

Para que Biden pueda obtener mayoría en el senado, algo tradicionalmente difícil para el partido en el poder, tendrá que seguir la estrategia de generación de buenos empleos, los de la manufactura y los de la exportación agropecuaria.

Trump supo reconocer el fracaso de la globalización. Lo más probable es que Biden tenga que hacerlo también y mantenga el distanciamiento con China. Está en juego la supervivencia de los Estados Unidos como primera potencia mundial y es un requisito de la generación de empleos manufactureros bien pagados.

El distanciamiento norteamericano con China abre una importante oportunidad para México; convertirse en el primer proveedor comercial de los Estados Unidos. Pero no es algo que nos convenga si vamos a seguir simplemente armando componentes chinos. Aprovechar la oportunidad nos demanda definir una política industrial; algo que la ortodoxia no ha permitido hasta el momento.

Por otro lado, viene un fuerte golpe; la exigencia de incrementar nuestras compras agropecuarias norteamericanas. Eso lo aceptamos al firmar el T-MEC, pero es una estrategia inercial y autodestructiva. Habrá que renegociar si es que esta administración quiere cumplir su promesa de autosuficiencia alimentaria y bienestar rural. Eso no se logra con transferencias sociales; requiere crear un entorno de mercado propicio a la producción campesina. Es decir, un mercado administrado en lugar de globalizado.

Finalmente habrá que cumplir con las clausulas laborales del T-MEC; algo apoyado por demócratas y republicanos. Es decir, verdadera democracia sindical propicia a la renegociación entre trabajadores y patrones y a aumentos salariales sustantivos.

Pero si México ya no compite con salarios literalmente de hambre, tendrá que seguir el ejemplo de China; competir con una moneda barata.

El apretado triunfo de Biden tendrá que reafirmarse con cambios en la economía y sociedad norteamericanas; nosotros tendremos que ajustar el paso, no hay de otra.

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