Opinión

Un secreto a voces: la importancia del café

En México y en otras latitudes del mundo, el café ha tenido una importancia privilegiada en el ejercicio intelectual y académico.

  • 26/05/2019
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La mayoría de nosotros hemos asistido al café con miras a contemplar la nada. Es el lugar perfecto para perder el tiempo. Por centurias, la gente ha pasado horas en sus mesas, leyendo, escribiendo, haciendo crucigramas, viendo el techo o el celular. ¿Pero cuál es la importancia de este lugar? ¿Qué relevancia tendrá que Starbucks inunde cada esquina, de cada latitud del mundo, con sus letreros de sirena? ¿Qué tipo de locales fueron los originarios de este modo de sociabilidad? ¿Por qué continúa vigente un lugar que nació en el siglo XVII?

En México y en otras latitudes del mundo, el café ha tenido una importancia privilegiada en el ejercicio intelectual y académico; también ocupa un lugar perpetuo entre las filas del ocio, pero más allá de estos elementos que integran y articulan su faz, consideremos su carácter político. Los cafés pueden considerarse terrenos donde se gestó la Opinión Pública, donde nacieron nuevas ideas, donde el debate creció y la gente no necesitaba tener un nombre de abolengo para participar del diálogo.

Se muestran como uno de los primeros prototipos democráticos del mundo occidental, donde pueden verse representadas distintas ideas modernas. Los principios que rigen algunas redes sociales como Twitter, Facebook o Reddit, entre otras plataformas, pueden remontarse a las discusiones tradicionales que podían escucharse en las casas de café. Tal es su relevancia, que los cafés no desaparecieron con el paso de los años, aunque desde luego, han experimentado cambios que han ido delineando sus destinos.

La idea del café se reprodujo de las “tabernas sin alcohol”, lugares que existían en el Imperio Otomano desde el siglo XV. Las sociedades islámicas no fomentan el consumo de bebidas embriagantes. En vez de eso, han preferido la presteza que el café provoca en el cuerpo y su capacidad de aumentar la vigilia durante las ceremonias religiosas, como lo hacían los sufís. Los viajeros recuperaron estas experiencias para describir lo que sucedía en cercano oriente y la bebida ganó cierto halo de misticismo, además de que fue asociada con la intelectualidad.

Para el siglo XVII los cafés ya habían llegado a Europa. Francia e Inglaterra fueron las primeras ciudades en donde surgieron este tipo de locales importados del Imperio Otomano. Su popularidad se hizo extensiva entre los parroquianos del Antiguo Régimen casi de inmediato. Tal fue la demanda y la popularidad, que para el siglo XVIII, en Londres, llegaron a contarse cerca de tres millares de establecimientos de este tipo.

Hoy en día, el café es una de las drogas mejor aceptadas a nivel global. Su consumo ha sido integrado en los recetarios de todo el orbe y se han desarrollado una buena cantidad de procedimientos para su elaboración, aunque hay que destacar que no siempre gozó del beneplácito común. En los primeros años de su llegada, llegó a ser un brebaje asociado con el diablo, con la brujería, con males de la salud y le fueron otorgados atributos negativos. El color causaba recelo, la gente no estaba acostumbrada a los brebajes calientes y el que fuera una bebida extranjera también era motivo de resquemor. Desde luego, siempre hubo quien saliera en defensa del honor del café, principalmente aquellos que lo vendían.

Los dueños de los cafés sacaron provecho de las necesidades sociales para hacerse ricos. De hecho, uno de los bancos más importantes en el Reino Unido, el Lloyd’s of London, comenzó como un café que publicaba la primicia de los navíos que llegaban a los puertos londinenses con cargas de Asia y América; o de aquellas embarcaciones que estaba por partir con destino a las colonias. A la larga las actividades más lucrativas del Lloyd eran referentes a los giros comerciales, por lo que terminó por cambiar de giro definitivamente.

Otro café bastante peculiar fue el de Moll King, una viuda, meretriz, lesbiana y alcahueta, dueña del café King. Su negocio, además de ofrecer café, contaba con prostitutas para animar a los clientes. En el café no había cuartos, los clientes tenían que ir a hostales y mesones cercanos, de este modo, no podrían culpar a Elizabeth Atkins –alias Moll King–, de actividades ilícitas dentro de su local.

Los cafés han soportado los embates del tiempo. Si bien las casas de café londinenses fueron cayendo en desuso para dar paso a rituales más privados y domésticos, los cafés en Gran Bretaña no dejaron de existir. Para el siglo XIX la gente acostumbraba más tomar el té por las tardes con una merienda ligera, que acudir a los espacios públicos. De igual forma, muchos cafés continuaron dando servicio, mientras otros se tornaron en clubes privados, asociaciones para caballeros, logias o lugares de recreo.

A la par, mientras los cafés ingleses estaban experimentando un ocaso, en México las primeras casas de café veían la luz. En los albores de un nuevo siglo y en la antesala a la lucha independentista, los cafés mexicanos también comenzaron a llenarse del bullicio propio de los debates y las discusiones públicas.

Tradicionalmente, los cafés han servido de foro y plataforma pública. Son bastiones de libertad en donde se ve expresada la Opinión Pública. Este espacio continúa siendo un referente importante dentro de la cultura global. Actualmente existen prácticamente en todas las latitudes del mundo. Se rehúsan a ser desplazados por otro lugar semejante. Los cafés han soportado los embates del tiempo y continúan dando servicio a miles de personas en las ciudades más populosas del orbe, pero también en las provincias menos pobladas.

Cafeterías como Starbucks han integrado dentro de su oferta un elemento del nuevo milenio: internet. Este elemento supone la posibilidad de conectarse con otras personas, aunque de forma virtual, justamente para ejercer esta capacidad de diálogo y que es tradicional en este tipo de espacios. El principio dentro del café sigue siendo el mismo, aunque habría que considerar que lo que ha mutado son los foros y las formas de sociabilidad y asociación.

Victoria Aupart es maestra en Historia Internacional por el CIDE. Ha colaborado con Clío, Bully Magnets y otras empresas culturales. Imparte el taller de apreciación cinematográfica “Cine e Historia” y subcoordina el programa de licenciatura en historia del Instituto Mora.

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