Opinión

“Un refugio inesperado”

Un zoológico existe en el centro de Varsovia y tiene una particularidad: es también un pequeño museo del holocausto. | María Teresa Priego

  • 31/12/2019
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En 1968 Jan Zabinski y su esposa Antonina Erdman recibieron el reconocimiento “Justo entre los justos” que otorga el Museo Yad Vashem en Jerusalem. Durante la ocupación nazi en Polonia salvaron a más de 300 judíos, a quienes ayudaron a escapar del gueto de Varsovia, los escondieron y con el apoyo de las redes de la resistencia, lograron ubicarlos (con documentos falsos) en la zona “aria”, hasta la derrota del ejército nazi. La historia de su increíble empatía, de su valor y de todos los riesgos que tomaron durante tres años, es narrada en la película: “The zookeeper’s wife” dirigida por la neozelandesa Niki Caro.

Caro, directora también de “La leyenda de las ballenas” y de “En tierra de hombres”, es, como su paisana Jane Campion, una creadora en los horizontes de lo que podríamos llamar “un cine a la búsqueda de personajes femeninos”. Fuertes. Disruptivos. Esas vidas de mujeres que no están dispuestas a permanecer en los márgenes. Y que está dispuestas a pagar los costos. En la primera película, una joven maorí enfrenta las pruebas a las que se someten los hombres para obtener el liderazgo de la tribu. En la segunda, una madre soltera huye de una relación violenta y llega a trabajar al ambiente hostil y misógino de una mina de carbón. Niki Caro encontró en la biografía de Antonina Erdman escrita por Diane Ackerman, la historia que andaba buscando.

El libro se basa en los diarios de Antonina. En septiembre de 1939 la aviación nazi bombardeó el zoológico ubicado en el centro mismo de Varsovia. Allí dentro, rodeados de sus animales entrañables, vive en el zoólogo Jan Zabinski (quien lo dirige) y su esposa, la escritora y pianista Antonina Erdman con su pequeño hijo Ryszard. Es el comienzo de la ocupación de Polonia. Muchos animales son asesinados por las bombas. Los Zabinski ceden ante las demandas de Lutz, un oficial nazi que dirige el zoológico de Berlín y al que ya conocían: que los mejores animales entre los que sobrevivieron sean trasladados a Alemania, para “protegerlos”. Una noche, Lutz irrumpe en el zoológico acompañado de otros oficiales nazis y dispara contra algunos animales. Antonina escribió en su diario: “¿cuántos humanos morirán así en los próximos meses?”.

Los Zabinski tienen amigos judíos, una vez que rescatan a la primera persona se abre un abismo: ¿acaso no podrían hacer bastante más? Con la autorización nazi comienzan un criadero de cerdos en lo que queda del zoológico. Un espacio inmenso. Jan se hace nombrar empleado municipal, lo que le permite acceder al gueto. La realidad es tanto peor de todo lo que podría haber imaginado. Lleva paquetes de carne, pero no basta. Deciden encontrar vías para atravesar los puestos de control con personas escondidas en un camión. Las cubrían con desechos o las hacían salir por la puerta con documentos falsos. El sótano de su casa, los pasadizos para los animales, las jaulas, los armarios, se convirtieron en escondites. Con el criadero tenían cómo alimentarse. Una vez ubicado un hogar seguro a donde trasladarlos, un grupo de la resistencia venía por ellos.

Los refugiados vivían de noche para no hacer ruido durante el día. Para anunciarles una situación de peligro, Antonina tocaba Bach en el piano. Sus padres habían sido asesinados. Conocía en su piel la violencia extrema, la pérdida. Conoció a Jan en la universidad de Varsovia. Ella era profesora de música y él de zoología. De las personas a las que salvaron del gueto sólo dos no sobrevivieron: una madre y su hija. Fueron delatadas, sacadas a empellones del departamento donde vivían y acribilladas en la banqueta. Las imágenes de las deportaciones masivas y el fuego arrasando el gueto. Los niños del orfelinato judío avanzando hacia los trenes mientras escuchan las historias de su tutor, quien se negó a abandonarlos.

Jan se unió a los combatientes durante el levantamiento de Varsovia y fue hecho prisionero. A su regreso, Antonina estaba allí en el zoológico, con su hijo Ryszard y la pequeña Teresa. El zoológico abrió de nuevo al público en 1949. Antonina escribió libros para niños. El zoológico existe en el centro de Varsovia y tiene una particularidad: es también un pequeño museo del holocausto. Una película bellísima. Un homenaje al amor y a la lealtad en uno de los más oscuros períodos de la historia de la humanidad. El mundo se derrumbaba y una niña judía rescatada abraza un conejito, pinta en las paredes a sus compañeros de escondite. El mundo se derrumbaba y en los muros, los perseguidos dibujaron estrellas de David y escribieron sus nombres.