Opinión

Un paso adelante hacia un futuro incierto

Las decisiones que toma cada persona tienen consecuencias en la vida de los demás. | Alfonso Vera Sánchez y Oscar Mora López*

  • 14/06/2020
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Incluso antes de que la pandemia del coronavirus se esparciera por el mundo, las sociedades recorrían el trayecto hacía una una nueva realidad. La industria de las tecnologías de la información ha crecido de forma vertiginosa, la interacción entre las personas ocurría cada vez más por medios digitales, las redes sociales se convirtieron en lugar de convivencia y plaza pública.

En este marco se presenta una pandemia que nos obliga (a los que podemos) a refugiarnos en nuestras casas, a disminuir al mínimo el contacto físico con otras personas, a trabajar a distancia utilizando cada vez más las tecnologías disponibles, a comprar por medio de aplicaciones instaladas en nuestros teléfonos desde comida preparada hasta ropa y enseres domésticos, e incluso a mirar con recelo a quien se acerca demasiado a nosotros durante las intrépidas excursiones al supermercado.

¿Qué ocurrirá cuando estas medidas extraordinarias, que afectan actualmente a prácticamente todo el mundo, terminen? ¿Retomará la vida su ritmo anterior? ¿Volveremos a saludar de mano o a abrazar a nuestros amigos? ¿Volveremos a poblar los bares y restaurantes de las grandes ciudades? ¿Volveremos a nuestro lugar físico de trabajo en una oficina, frente a una computadora? ¿O los cambios habrán sido tan profundos, que no se revertirán del todo?  

Aún no sabemos con certeza cuándo pasará la pandemia del covid-19 y se reduzcan las medidas tomadas por la comunidad internacional para mitigar la propagación de este virus, pero cuando por fin hayamos dejado atrás esta situación, el mundo no será el mismo. Hace tan solo dos meses, la mayoría de los países veían el acecho del COVID-19 y sus consecuencias como una amenaza lejana. En tan sólo unas semanas se convirtió en la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial con consecuencias para la salud, la economía, los derechos humanos y el sistema internacional. Proyecciones optimistas indican que para otoño de este año podríamos dejar atrás el estado de emergencia sanitaria; las más pesimistas - particularmente si se presentan mutaciones del virus y oleadas subsecuentes del covid-19- predicen que podríamos ver luz al final del túnel hasta dentro de un par de años.

En cualquier escenario, la humanidad sufrirá pérdidas lamentables; sin duda habrá también muchas lecciones aprendidas y transformaciones que no hubieran sido posibles sin esta serie de eventos inesperados. La crisis actual nos ha transformado, pero algunos de estos cambios estaban ya en curso. Al final de este episodio habremos entrado a un futuro donde la distancia entre las personas será la norma, y la economía dependerá más que nunca del internet y el ciberespacio, por lo menos en tanto sobrepasamos la ansiedad y el resquemor.

Pongamos unos ejemplos. Universidades e instituciones educativas a todos los niveles han tenido que adaptar su currícula para facilitar planes de estudio en línea. Si bien herramientas de aprendizaje en línea están disponibles desde hace casi una década y algunas escuelas primarias y secundarias utilizan recursos digitales, ahora estas herramientas no son más un complemento, sino la base sobre la cual descansará la nueva pedagogía.

Algunas empresas no podrán resistir la crisis; las que sí puedan, se verán ante una nueva realidad. Tras unos meses de trabajar a distancia y con el uso generalizado de herramientas para teletrabajo y videoconferencias, ¿cuántas empresas comenzarán a ver las ventajas de pasar menos tiempo en la oficina y posiblemente buscar ahorros en el pago de renta? ¡Cuántos trabajos que nadie pensaba que se podrían hacer de manera remota están siendo productivos durante el aislamiento!

Si bien desde hace tiempo se han hecho proyecciones acerca de la tecnologización de las industrias y servicios y se analiza la inteligencia artificial como disruptor de la fuerza laboral, pocos países están preparados para un escenario de desempleo masivo. Los próximos meses nos permitirán ver esta nueva realidad, con suerte de forma transitoria. Ante este escenario tendríamos que desvincular derechos sociales - como el acceso a la salud - del empleo formal y dejar de pensar que conceptos como el ingreso básico universal son excentricidades incosteables. Todos los gobiernos tendrán que experimentar con distintas soluciones para hacer frente a este importante reto.

El régimen del comercio internacional se modificará sustancialmente; es predecible que muchas naciones ejercerán un mayor control sobre la producción nacional para tratar de mitigar la dependencia de importaciones de productos estratégicos. Esto dará pie a otra ola de políticas proteccionistas.

La crisis económica que se avecina será un gran parteaguas. Es una crisis generalizada que tiene efectos tanto en la oferta como en la demanda de bienes. Aun con estímulos económicos inusitados, la perspectiva es desalentadora; si los consumidores tienen miedo a consumir, no habrá un retorno a la normalidad. La crisis nos obliga a reevaluar lo que es esencial y lo que es banal. Los trabajos en el sector salud, la industria alimenticia y muchos otros tendrán que ser mejor recompensados porque nos permitieron salir de la crisis.

En lo individual, el aislamiento puede tener un costo muy alto para la salud mental de algunas personas. En las familias se alteraron las rutinas y los roles. Es evidente que la incertidumbre, la presión económica y la falta de espacios pueden generar tensiones. Es importante encontrar momentos para reflexionar y otros para convivir. Al mismo tiempo, se ha generado una conciencia de que las decisiones que toma cada persona tienen consecuencias en la vida de los demás.

En lo relativo a los derechos humanos y las libertades personales, los efectos pueden ser drásticos. Si bien es cierto que la mayoría de los países han sugerido a sus ciudadanos que se aislen y mantengan la distancia, mientras siga propagándose el virus, se harán más necesarias las medidas coercitivas. Empresas como Google han publicado datos agregados del tránsito de los individuos, y algunos países están considerando usar estas nuevas herramientas para reforzar el control.

Estos ejemplos tienen algo en común, todos nos conducen al futuro de manera acelerada. Un futuro que está basado en el miedo a la cercanía física cuya solución temporal dependerá cada vez más de la teconología. Aun cuando la interconexión mundial es más que evidente por la rápida propagación del virus, las soluciones se están dando a nivel nacional. El futuro es incierto y no en todos los casos optimista pero todavía tenemos oportunidad de moldearlo para que este golpe inesperado nos permita darnos cuenta de las posibilidades de construir el futuro que deseamos.

 

*Alfonso Vera Sánchez. Licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, Maestro en Cooperación Internacional para el desarrollo por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, Máster en Derecho de la Unión Europea por la Universidad Carlos III de Madrid. Diplomado en estudios de Integración Europea por el ITAM. Es miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano desde 2010.

 

*Oscar Mora López. Miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano desde 2012. Adscrito a la Embajada de México en Canadá como agregado de prensa. Experiencia en negociación, relaciones comerciales y asuntos consulares. Maestría en Ciencias Sociales por la Universidad de Utrecht en los Países Bajos. Licenciatura en Sociología por la Universidad de Guadalajara y Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por el ITESO en Guadalajara.