Opinión

¿Un nuevo #BigBrother?

Las #RedesSociales son una herramienta para los movimientos

  • 28/04/2016
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Los casos relacionados con las denuncias de violencia contra las mujeres en las últimas semanas confirman el gran potencial de poder que tienen las #RedesSociales ante temas fundamentales como la justicia y en la relación que se da entre la sociedad y las autoridades.

 

La tendencia crece y debe ser analizada.

 

El poder que emana de los nuevos medios en nuestro país ha comenzado a manifestarse en formas que pueden derivar no sólo en la canalización de desacuerdo, inconformidad o presión política.

 

También en la movilización ciudadana.

 

Pero los resultados que necesitamos llevarán mucho tiempo. La diversidad de intereses, la dispersión que propician las mismas plataformas y la saturación de temas y mensajes le dan a la mayoría de las causas una fugacidad que resta efectividad y contundencia.

 

Estamos en un proceso de aprendizaje.

 

La marcha del pasado 24 de abril es un claro ejemplo de los avances que han registrado algunas organizaciones sociales, pero también demuestra el enorme tamaño de los obstáculos que aún tienen que superar.

 

#VivasNosQueremos fue más que un trending topic

 

La movilización nacional que le dio origen y que al mismo tiempo impulsó la tendencia exitosa, se convirtió en un fuerte llamado de atención para el sistema político, pues no se trató de un incidente aislado o sin importancia. 

 

Sin embargo, no será suficiente.

 

Varios han sido los movimientos sociales que, teniendo como principal punto de apoyo a las #RedesSociales, no lograron consolidarse y algunos ni siquiera sobrevivir o mantenerse.

 

Aún más, casi todos han quedado en el olvido.

 

Los más destacadas han estado relacionados con el tema de inseguridad. Y no han podido lograr más porque hay dos factores de peso que lo impiden. El primero tiene que ver con el dominio prevaleciente de los grandes intereses económicos y políticos en los medios audiovisuales.

 

El segundo con las fallas en la #Estrategia.

 

En efecto, las organizaciones sociales tienen que comprender que las buenas intenciones, la demostración inobjetable de las injusticias y el respaldo de miles de ciudadanas y ciudadanos no son suficientes para cumplir la misión.

 

Para ganarle al poder hay que tener poder.

 

Quienes han enfrentado a los grupos fácticos saben bien que es imposible ganar únicamente con el valor de la verdad o manejando argumentos sólidos o convincentes. Por lo mismo, las acciones aisladas, desarticuladas o con pocos recursos tendrán menores posibilidades de alcanzar el éxito.

 

Hay que trabajar en un nuevo paradigma.

 

El caso de los 43 estudiantes de #Ayotzinapa es ilustrativo en muchos sentidos. Por un lado, porque nadie duda de la forma en que ha cimbrado al poder político de nuestro país. Por el otro, por la conciencia que ha despertado en nuestra sociedad en lo que tiene que ver con el tema de justicia.

 

Se trata ya de un caso trascendente e histórico.

 

Sin embargo, una de las preguntas que surgen si lo comparamos con el tema de la violencia contra las mujeres es: ¿por qué las autoridades, medios de comunicación y diversos grupos de la sociedad no actuamos con la misma indignación, enojo, denuncia, solidaridad valentía ante las atrocidades que día a día se cometen contra las mujeres?

 

¿Acaso no es un asunto grave e inaceptable?

 

La violencia contra las mujeres tiene demasiados rostros, que van desde el acoso hasta el feminicidio. La violencia está dentro de los hogares y en la calle. En las escuelas, oficinas, fábricas y comercios y dentro de las instituciones públicas.

 

Pero en términos de aplicación de la justicia pasa poco.

 

La lucha de quienes enarbolan esta causa debe ser apoyada más que con palabras. Quienes tienen acceso a las #RedesSociales cuentan con instrumentos que podrían convertirse en una arma muy poderosa si se utilizan más, pero siempre con alto sentido de responsabilidad.

 

Las redes sociales son el nuevo Big Brother.

 

A diferencia del original surgido de la ficción, éste no es autoritario, despiadado, controlador ni totalitario. Muchas historias personales que han sido, son o serán víctimas de la injusticia pueden cambiar con la denuncia valiente y oportuna a través de estos medios.

 

El reto está en cómo visibilizarlas y hacerlas colectivas.

 

Se trata de un paso significativo que ya ha demostrado su potencial con varios casos en fechas recientes pero que, sumado a otras tácticas y estrategias podría convertirse en un movimiento sin precedente que acelere el resultado esperado en la larga lucha por la equidad de género.

 

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