En el combate a la inseguridad, el gobierno no podrá con todo. La siguiente estrategia contra el crimen organizado deberá partir de un modelo muy distinto al de las últimas dos administraciones.

2017 terminó siendo el año más violento de las últimas décadas. Para muchos, la noticia ya no es tan impresionante porque forma parte de la normalidad cotidiana. Otros mantienen su preocupación e indignación porque la situación se ha vuelto insoportable, inaceptable e injusta. Pero lo cierto es que la mayoría vive con miedo.

El número de homicidios es alarmante

En México asesinan en promedio a 85 personas por día. El resultado es una tasa de 25 homicidios por cada 100 mil habitantes, cifra que nos ubica como uno de los países más violentos en el mundo. Estamos lejos de Chile —que registró una tasa de 3.3—, pero distante de la alcanzada por Venezuela, que está en un dramático 89. Con base en la tendencia, en 2018 terminaremos con  una nueva cifra récord.

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La inseguridad ha cambiado de rostro

Ante el fracaso de las estrategias puestas en marcha por las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, las características de la violencia se transformaron. Hoy la lucha se expandió territorialmente, situación que ha complicado el combate a las bandas criminales. Por si fuera poco, el índice de los delitos del fuero común también ha crecido debido a la incapacidad del gobierno en sus tres niveles.

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El nuevo esquema afectó a todos los estados

Guanajuato, Baja California Sur y Quintana Roo hoy enfrentan incrementos preocupantes, poniendo en riesgo su economía por las afectaciones que produce en el turismo y las inversiones que necesitan los lugares turísticos tan importantes que tienen. En Chihuahua, Sinaloa, Guerrero, Morelos, Tamaulipas, Estado de México o Veracruz las cosas tampoco han mejorado. El fenómeno de dispersión en la forma en que operan los negocios ilícitos de los cárteles provocó incrementos en el robo de combustible, el secuestro y la extorsión.

El desafío para el Presidente Electo es enorme

A diferencia de las acciones que ha emprendido en otros temas, al de la inseguridad lo ha abordado con gran cuidado, sin crear grandes expectativas. En lugar de ofrecer una solución en el corto plazo, optó por el recurso de la consulta. La realización de foros será el punto de partida, lo que le permitirá ganar tiempo y mantener a raya las presiones que tendrá desde el primer día de su mandato.

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El discurso de Andrés Manuel López Obrador también ha marcado una diferencia con la forma en que se ha tratado de resolver el problema durante los últimos dos sexenios. En su mensaje en Chihuahua aseguró que "la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia, pues la violencia no se resuelve con más violencia".

En el mismo sentido se pronunció Alfonso Durazo.

En entrevista, el próximo secretario de Seguridad Pública dijo: "Las mesas de paz serán un instrumento para recoger el punto de vista de la sociedad y sus propuestas", pero eso no es todo. El proyecto tendrá un mayor alcance ya que se combinará y coordinará con "el combate a la corrupción, los programas sociales y la capacitación policial". En el mismo sentido afirmó que el trabajo de inteligencia será esencial: "Perseguir el dinero será más importante que detener capos".

El nuevo enfoque abre una ventana de oportunidad, pero no garantiza que el problema se pueda contener y revertir en seis años. Tampoco será fácil regresar a las Fuerzas Armadas a sus cuarteles. Y a partir del 1 de diciembre próximo las estadísticas sobre los muertos y las víctimas serán asociadas —irremediablemente— al nuevo gobierno.

La inseguridad será el mayor de sus retos

La esperanza que la sociedad depósito en López Obrador no puede ser minimizada. Hasta la fecha, el costo político y en imagen que la inseguridad provocó en Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fue determinante para que sus partidos perdieran el Poder Ejecutivo y tuvieran niveles de aprobación y popularidad tan bajos. No solo fallaron las estrategias contra el crimen organizado. También fallaron sus estrategias de comunicación.

En los primeros tres años de #AMLO se sabrá si se logró cambiar de paradigma. Por el bien de todos, es deseable que le vaya bien. Sin embargo, debemos tener presente que el gobierno no puede solo ni con todo. Por eso, la ruta propuesta por el Presidente Electo es clara y tiene posibilidades de ser exitosa si se opera en los términos hasta ahora planteados. La experiencia en algunos países así lo ha demostrado.

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Pero a la par se requiere de una estrategia comunicacional basada en un enfoque multidimensional, que deseche lo que no ha funcionado y que incluya todas las herramientas que nos ofrece el actual ecosistema de comunicación. Para cambiar a fondo la percepción negativa, en el nuevo proyecto tendrán que estar contemplados la creación de nuevos mecanismos de participación social (aprovechando las ventajas que ofrecen la comunicación digital y las #RedesSociales), el fortalecimiento del tejido social, la creación de una nueva cultura y un modelo educativo que favorezca el respeto absoluto a la ley y a los derechos humanos.

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