Opinión

¿Un horizonte de esperanza?

El Plan Nacional de Vacunación contra covid-19 se politizará y traerá muchos conflictos, irremediablemente. | José Antonio Sosa Plata

  • 10/12/2020
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La vacunación contra covid-19 será uno de los retos más grandes del Gobierno de la República. No obstante que son muchas las ventajas de contar con la vacuna, el proceso para aplicarla a la población no estará exento de obstáculos y conflictos. La politización será inevitable.

Hasta ahora, no hay duda de que se vislumbra “un horizonte de esperanza para el manejo de la pandemia en México y en todo el mundo”. La posibilidad real de que todas y todos podamos ser vacunados en nuestro país es la mejor noticia para el fin de año. Pero debemos tener paciencia y cautela.

La estrategia de comunicación del plan empezó bien. Las autoridades responsables nos informaron el martes pasado sobre los puntos fundamentales: quiénes y cuándo seremos vacunados. También se dio respuesta a las principales inquietudes sobre la forma en que se atenderán a las niñas, niños y personas con enfermedades crónicas.

Por si no lo leíste: Niños, en la última fase de vacunación covid: Salud.

Sin embargo, el virus se sigue expandiendo y no ha sido posible reducir en forma significativa el número de personas muertas. Por si fuera poco, la polarización política ha dificultado la comunicación entre gobierno y sociedad, en un marco que exige la mayor responsabilidad, objetividad e imparcialidad por parte de todas y todos quienes tienen una responsabilidad pública.

El golpe emocional ha sido tan fuerte que aún resulta difícil comprender o asimilar el impacto que está teniendo la pandemia en nuestras vidas. La combinación de las crisis sanitaria y económica —agravada en algunas regiones por los desastres naturales— ha dificultado el proceso de conformar el escenario de normalidad que se requiere.

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El mal humor social está a flor de piel. El dolor que provoca el fallecimiento de un ser querido, la pérdida del empleo, la reducción de los ingresos o padecer una enfermedad grave o que requiera atención y grandes recursos para sobrellevarla genera una sensación de impotencia y frustración que la clase política no puede ni debe ignorar.

La covid-19 y algunos errores políticos o de comunicación son los responsables de todo eso y más. Por lo tanto, el proceso de vacunación tendría que contribuir a reducir los niveles de incertidumbre y temor que existen. Los efectos positivos que tendrá la vacuna en el mediano plazo no deberían ser afectados por los conflictos e intereses de los grupos de poder.

Pero las causalidades existen. Resulta que las primeras cuatro etapas del plan de vacunación coincidirán con las precampañas y campañas políticas de las elecciones 2021. Así que el tema será uno de los principales de la agenda electoral y estaremos expuestos a una serie de conflictos, denuncias, ataques y noticias falsas que exacerbarán los ánimos e incrementarán la desconfianza en un proceso que más bien requiere todo lo contrario.

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Los desafíos que tiene el Plan Nacional de Vacunación son de por sí complejos. Si retomamos la experiencia internacional en otros grandes procesos de vacunación, el primero está relacionado con el cumplimento de una demanda significativa ante la disponibilidad limitada. Hasta ahora, nos han dicho que en este asunto no habrá problema. 

El segundo desafío está en dar a la población la información clara sobre los lugares y formas de aplicación, pero también en cuanto a resolver las dudas específicas que tendrán las personas que padecen o han padecido otras enfermedades, por poner un ejemplo.  

El tercer desafío tiene que ver con la información sobre la seguridad, factores de riesgo y efectos secundarios de la vacuna. Muy pronto surgirán rumores y el gobierno deberá contar no solo con una narrativa transparente y precisa, sino estar preparado para responder todas las dudas. 

Consulta: Comunicación de riesgo y movilización social en apoyo a la vacunación contra la influenza pandémica en las Américas. Lineamientos generales para la planificación. Organización Panamericana para la Salud, 2009.

En cualquiera de los desafíos, las conferencias de prensa cotidianas serán importantes, pero insuficientes para que se resuelvan con la responsabilidad y certeza que ameritan. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha propuesto tres acciones básicas de comunicación:

1. La diseminación de información entre la población general y “grupos de riesgo”, lo que implica aprovechar las enormes ventajas que ofrecen los medios digitales y redes sociales.

2. La participación de amplios sectores de la población en diferentes tareas relacionadas con la vacunación, para incrementar la confianza.

3. La realización de actividades por parte de diversos grupos de la sociedad para reforzar la persuasión y el convencimiento hacia las personas que sean escépticas ante la vacuna.

El gobierno tiene que estar preparado para responder cualquier pregunta. También debe contar con los mensajes clave que permitan el cumplimiento de objetivos y metas. La misión logística tiene un enorme grado de complejidad. Por eso la estrategia de comunicación debe estar bajo control en cada etapa y en todo momento. 

Además, una de sus mayores prioridades está en convencer al 30% de personas en nuestro país que dicen -según una encuesta reciente del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT)- no estar dispuestas a vacunarse. Y consideran que la vacuna no es la única acción de mitigación y prevención del covid-19.

Lee más: Estrategia de política exterior contra el COVID-19. Gobierno de México. Actualización al 8 de diciembre de 2020.

En el fondo, se trata de resolver una cuestión de confianza. La confusión provocada por los dobles mensajes, la diversidad de criterios para aplicar las directrices de los semáforos, las dudas que existen sobre las cifras oficiales de contagios y muertes, las noticias falsas y las contradicciones en las que incurren algunos gobernantes por razones políticas inhiben o de plano paralizan la acción ciudadana.

En una de las etapas más agudas de la pandemia, la salud de todas y todos debe estar por encima de los intereses económicos y políticos particulares. Aún más. Si en verdad se quiere lograr el mayor nivel de efectividad con el plan de vacunación, el gobierno en sus tres niveles, y los partidos, tienen que hacer el mayor esfuerzo para reducir la politización. Se trata de una tarea compleja. Pero es necesaria y posible.

Recomendación editorial: Niklas Luhmann. Confianza. Barcelona, Anthropos, 2005.

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