Opinión

Un evento trascendente

México enfrenta un escenario inédito. | Ricardo de la Peña

  • 12/08/2019
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A estas horas tendremos idea de qué tan limpio y pacífico resultó el proceso interno de elección de una nueva dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para el período 2019-2023, luego de la derrota sufrida por este partido en las elecciones federales de 2018 y los conflictos internos y deserciones que ha tenido que enfrentar como consecuencia de ello.

Las condiciones de la elección

La Comisión Nacional de Procesos Internos del PRI se encarga de un proceso en que pudieron emitir su voto los ciudadanos inscritos en el registro partidario. Se trata luego de una elección abierta a la militancia, pero acotada al padrón de miembros. El cómputo formal de los votos se efectuará a partir del día 14 de agosto por parte del órgano responsable del proceso.

Alguna de las tres fórmulas que lograron su registro para contender ha avanzado denuncias de posibles actos orientados a impedir la validación del proceso por parte de opositores políticos que no encuentran otra vía para impedir lo que consideran es un inevitable triunfo de sus candidatos. Al momento de leer estas líneas ya se sabrá qué tanto estas acusaciones tuvieron fundamento.

La relevancia de la elección

Esta elección no es sólo ni principalmente relevante para la vida interna y el futuro de esta organización partidaria. Las elecciones de la nueva dirigencia nacional del PRI constituyen un evento trascendente en el proceso de redefinición de las condiciones de la competencia política a escala nacional.

Ello, bajo el entendimiento de que México enfrenta, como saldo inmediato a las elecciones federales del año pasado, un escenario inédito donde, al margen de la holgada victoria del candidato que alcanzó la silla presidencial, su partido no alcanzó la votación requerida para lograr por sí sólo una condición mayoritaria en el Legislativo, pero que por suerte de diversos artilugios —unos legales, aunque éticamente cuestionables; otros producto de intercambios oscuros entre grupos políticos— logró una ajustada mayoría en la Cámara baja que inclusive le permite gestionar con sus aliados la aprobación de iniciativas de reforma constitucional, aunque en el Senado no cuenta con tales condiciones... al menos todavía.

Y decimos esto último porque precisamente, más allá de lo que represente para los priístas el cambio de su dirigencia nacional, el relevo podría marcar un punto de inflexión en que los esfuerzos de las dirigencias nacionales y representaciones legislativas de las principales fuerzas opositoras al partido mayoritario por confluir e impedir determinadas reformas aberrantes, pudieran cercenarse ante el arribo al PRI de una nueva dirección nacional más próxima a los intereses del grupo gobernante y más proclive a celebrar alianzas encubiertas con el poder vigente.