Opinión

Un discurso presidencial crítico

Reconocer los errores y los fracasos es el primer paso para su solución. | Joel Hernández Santiago

  • 04/12/2019
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Lo de que la economía y la seguridad nacionales ‘no están tan bien como esperábamos’ es un acto de franqueza política; es el reconocimiento de que durante doce meses –y otros seis anteriores- las cosas no han dado los resultados que se querían y, por tanto, es una, digamos forma de fracaso. Y ya se sabe, reconocer los errores y los fracasos es el primer paso para su solución…

En todo caso, siempre es bueno que los presidentes informen a la Nación lo que han hecho y lo que ocurre en el país del que son responsables en su administración y en su política. Es, digamos, un acto democrático en el que el mandatario habla con los mandantes de una Nación, los que le otorgaron el poder y la responsabilidad, para bien de todos…

O a la manera de la frase sacrosanta en la coronación de los reyes de Aragón en la que se advertía: “Nosotros, de quienes uno es tanto como vos, y juntos más que vos, os hacemos rey, para que cuides nuestros fueros y privilegios, y si no: no”. Así que informar de los resultados del trabajo para el que se le designó es esencialmente un acto de responsabilidad…

Y esa responsabilidad fue voluntariamente adquirida en base a su personal propuesta de ser el candidato a un cargo de elección popular, en este caso la Presidencia de la República. Y esta personal propuesta se procesa a través de un instituto y organización política (se dice que Morena es eso, un Movimiento) se somete al proceso electoral y a los comicios. Esta vez el candidato ganó con poco más de 30 millones de votos, lo que hacía más del 50 por ciento de los votos emitidos.

Pero eso también tiene otro significado. Una vez que se obtuvo el Ejecutivo del país, el presidente lo es de todos los mexicanos y de quienes viven en el país, que en nuestro caso son 128 millones de seres humanos que saben el Himno Nacional y que entonan su orgullo de ser mexicanos: casi siempre y en todos lados.

Por eso llamó la atención que al día siguiente del mensaje a la Nación del Zócalo de la Ciudad de México, el presidente dijera que él es el Presidente de todos los mexicanos. Lo que es  una ganancia y un compromiso con todos. Y esto porque a lo largo de los meses daba la impresión de que sólo gobernaba para sus votantes en tanto que el resto podía pasar a la categoría de “adversarios”, “conservadores”, “enemigos del régimen”…

Así que no había otra salida para el Ejecutivo que reconocer que en lo que se refiere a la economía del país, las cosas no andan bien. Y esto no sólo porque lo diga, sino porque todas las advertencias internas como externas así lo han dicho a lo largo de los meses recientes…

Sin inversión interna, sin inversión extranjera, sin proyectos productivos y sí con muchos gastos ha sido la radiografía que día a día le entregaban al presidente quien, durante meses, mantuvo el discurso de que las cosas están bien y que no había problema económico ni financiero en México.

Ahora sabemos que sí lo hay y que por lo mismo el presidente pide otros doce meses para enderezar el barco; el mismo barco que al echarlo a navegar hace un año –y seis más, antes— dijo que pronto se conocerían los resultados positivos. No los ha habido. Y ahí están las advertencias vigentes… ¿Lo conseguirá en esos otros doce meses?...

¿Que le heredaron un país en crisis? ¿Que le dejaron todo mal? Pues eso lo sabía y para corregir eso fue electo presidente. Y él escogió a su gabinete. El pasado no habrá de repetirse, entonces.

Por lo pronto el Mandatario ya consiguió reconciliarse con los empresarios, a los que él mismo acusó de medrar con los recursos nacionales, de saqueadores y de abusivos. Y sí, puede ser, en muchos casos, pero lo cierto es que ya ha tenido que hacer ‘de tripas corazón’ y buscar su apoyo. Lo han brindado y se expresa en la promesa de una inversión archimillonaria en obra pública: 859 mil millones de pesos…

¿Cuánto ganarán los inversionistas mexicanos con esto? Importa saberlo. ¿Cuántas fuentes de trabajo se generarán? Importa saberlo. ¿En qué proyectos estarán involucrados y por cuánto tiempo? Importa saberlo. ¿Cuál será el papel del Estado en todo esto? Importa saberlo. Porque a simple vista lo que se ve es que, en contra de lo que sería una política anti neoliberal, ya se otorga la privatización de obras en las que esté involucrado el capital empresarial.

Lo de la seguridad sigue siendo una enorme piedra en el zapato presidencial. Ni para un lado ni para otro. El mismísimo día del discurso a la Nación, el primero de diciembre de este año, ocurría en el país una de las jornadas más trágicas en mucho tiempo: más de 127 personas muertas por violencia criminal esa fecha… Y casi así han sido los días, semanas, meses anteriores. Parece un reto. Parece un mensaje. Parece como si se quisieran mostrar  una fuerza mayor a la fuerza del Estado mexicano en materia de seguridad pública…

Cierto que se ha atendido a las clases más desfavorecidas del cuerpo social mexicano. Está bien. Hace mucha falta. Todos queremos un país en el que la riqueza se distribuya parejo y en donde todos tengan casa-comida-sustento-salud-educación y todo cumplido para todos… Pero también hace falta generar proyectos productivos de los que se obtengan los recursos a distribuir y dejar de ser una administración más recaudadora que productiva…

En todo caso sí, hay que felicitar que por fin hay el reconocimiento de fallas y de desaciertos, para corregirlos. Es sano. Pide otros doce meses. Ojalá antes, porque la situación puede ser peligrosa para la salud, para el bienestar de todos, para la tranquilidad social y para la gobernabilidad.

Si el barco se endereza todos habremos de reconocerlo, asimismo. Es bueno, también.

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