Opinión

¿Un balance por fin de año?

¿Qué país queremos?

  • 02/01/2016
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Sin lugar a dudas, el año 2015 quedará registrado como uno de los más crudos ejemplos de impunidad, cuando menos en nuestro país. El tema del conflicto de interés (una manera muy suave para señalar el contubernio entre el poder ejecutivo y los intereses privados, véase Obviedades. El fin del año) por la casa blanca, las casa de Malinalco y demás propiedades de funcionarios públicos y sus consecuencias, entre otras el despido de Carmen Aristegui, el ataque (más allá de sus propios yerros e intereses extra funciones) a Marcelo Ebrard y el nombramiento, poco transparente, del nuevo secretario de la función pública, son esbozos de la situación. No sólo eso, por supuesto. Otros ejemplos de la acción de los poderes ejecutivo y judicial, son los casos del Dr. Mireles y de Nestora Salgado y por supuesto Tlatlaya, y de manera destacada, la indiferencia, contradicciones y evasiones sobre los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

 

Esos hechos muestran que durante este año la justicia en nuestro país fue todo menos ciega: El poder del dinero hace que si no hay consigna del poder, alguien con dinero puede salir de la cárcel e, incluso, evadir cualquier acción judicial (hasta el extremo del túnel de Guzmán Loera). El absurdo es la diversificación de funciones que muestra que alguien puede ser comisionado de seguridad y lo mismo consignar, acusar y encarcelar por largo tiempo a los que lo cuestionaron, que dirigir el deporte nacional.

 

La realidad

A lo largo de 50 entregas de las Obviedades de este año, he intentado documentar la realidad con el fin de darnos cuenta de que la “normalidad” no es la ausencia de conflicto, sino todo lo contrario: El conflicto, el enfrentamiento cotidiano entre el poder (ya sea el ejecutivo, el legislativo o el judicial, sin olvidar a los órganos autónomos como el ahora Instituto Nacional Electoral) y la ciudadanía es el elemento común, “el agua de uso”, de nuestra sociedad. ¿Qué sigue en el 2016? ¿Hay alguna razón para suponer que será distinto?

 

Doce elecciones para gobernador, alcaldías y congresos locales son ejemplos de que los golpes bajos y la suciedad aflorará y la ciudadanía se verá bombardeada por los discursos y la basura electoral. Más allá de las esperanzas que pudiéramos tener en las organizaciones emergentes en diversos países, no veo en el nuestro opciones claras, sobre todo porque todas intentan trabajar sobre la base de la misma lógica en un sistema que está siendo cambiado legalmente de manera inexorable.

 

Una nueva Constitución

Un ejemplo del futuro próximo es que durante el primer semestre del 2016, el legislativo promoverá una consulta con diversos sectores para ver qué modificarle a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos “con el fin de ponerla al día, eliminar las erratas y los anacronismos…”. En noviembre tendrá que estar lista la propuesta para convocar a un congreso constituyente que, seguro, promulgará un nuevo instrumento legal.

¿Cómo y quién participará?

¿Quién definirá la composición del constituyente?

Son temas no presentados, todavía. No nos ilusionemos, no hay esperanza si nos atenemos a la propuesta para la ciudad de México (con mayúsculas nos dicen debe escribirse: Como nombre propio) Un claro ejemplo de abuso político. Resulta que un partido con una representatividad muy pequeña en la ciudad (el PRI) tiene la posibilidad de lograr hasta 30% de los diputados constituyentes, mientras Morena, el partido con más diputados en el DF, no logra más del 10 por ciento.

 

Y en el país…

Sin embargo, más allá de esas particularidades, lo que queda claro es que el proyecto neoliberal terminará por imponerse con el cambio legal de los diversos principios sociales (y no dudaría con la desaparición) que la Constitución de 1917 plasmó en beneficio de la sociedad. Si con Salinas se hicieron cambios tímidos pero trascendentes (tanto como para que la relación vergonzante entre El Vaticano y el gobierno mexicano se hiciera común, sin respeto al laicismo constitucional) habrá que ver si no en la “nueva” constitución acabamos siendo un estado confesional, por ejemplo, de igual forma que podríamos perder diversos derechos, entre otros al trabajo, a un salario remunerador, a la asociación con fines sindicales o a la propiedad del subsuelo del país. ¿Qué nos ofrece el 2016? No está claro pero lo que es cierto es que cada uno de nosotros en su trinchera debemos hacer algo por recuperar la iniciativa social, ciudadana, secuestrada por el poder político, simple correa de transmisión de los intereses financieros nacionales y supranacionales. ¿Es posible?

 

De pilón…

Se acabó el año y es momento de agradecer a los lectores de La Silla Rota los comentarios que me han hecho y que indudablemente me han ayudado a poner las cosas en perspectiva. Las redes sociales son un vehículo de comunicación interesante y así como hay aportes, hay también ataques, resultado de una mala lectura o de una posición divergente. Esa es la base de la sociedad, la divergencia de opiniones pero, al final, la suma de esfuerzos. ¿Qué país queremos? ¿Podemos?

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)

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