Opinión

Twitter es

Nadie se salva de participar en este concurso de popularidad que busca moldear las mentes de sus usuarios | Alejandro F. Basave Alanís

  • 17/08/2018
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Hace tiempo escribí sobre las redes sociales y sus efectos en nosotros sus usuarios. Hoy quiero focalizar mis elucubraciones a Twitter en particular. Abrí mi cuenta hace ocho años y -aunque últimamente he meditado si debo de cerrarla o no- hay algo de Twitter que siempre me ha envuelto. Mi relación con esta red social es como la del mar con un niño que apenas sabe nadar. Y es que no importa cuántas veces me empujen sus olas hacia la costa, siempre será más fuerte el jaloneo hacia su centro.

¿Qué es Twitter?

Por ello y porque hace unas semanas me preguntaron qué era Twitter para mí, aquí van mis impresiones.

Twitter es un ladrillo. Uno que marea cuando se usa como escalón para juzgar a los demás. O que rompe ventanas después de una discusión que no lleva a ningún lado. En esta red social se bromea mucho de la superioridad moral pero se practica con una atemorizante religiosidad. Las discusiones se reducen a punch lines y frivolidades que lejos de convencer, alejan. Como si esto no fuera suficiente, Twitter deja que se riegue su campo con muchos troles y bots que fertilizan la promesa de que nunca habrá sosiego.

Twitter es el nuevo noticiario. Uno que no tiene interrupciones ni horarios. Que deja a sus usuarios filtrar la información que desean deglutir y cuyo contenido es a veces tan crudo que conmociona hasta al más inescrupuloso. Hay que reconocer que es fácil desinformar al sector más verde de su auditorio, pero la acéfala dirección de este noticiario hizo lo que ningún otro medio pudo; democratizar las noticias. Además, su inmediatez obligó a todos los medios de comunicación –so pena de perder a sus auditorios- a modernizar su forma de comunicar.

Twitter es un laberinto hacia la intimidad de sus usuarios. Basta revisar las cuentas de la mayoría de los tuiteros para conocer sus gustos y disgustos o sus fortalezas y debilidades. Los tuits son como migajas de pan que sus usuarios van regando sobre el andar de sus vidas. Algunos buenos y otros no tanto. Cada que uno de sus usuarios ataca o se burla de alguien, en realidad desnuda sus propias inseguridades y defectos.

Twitter es un terapeuta con estrafalarios métodos. Su tratamiento produce un arcoíris de emociones en sus pacientes. A contrario de lo que se piensa, su hiperconectividad no siempre produce depresión y ansiedad. De hecho, bien racionalizado su uso puede hasta combatirlas. Entre sus artimañas destacan la prescripción de alegrarse con videos de animales, reír con memeterapia y conmoverse con las emotivas historias de sus otros pacientes. Es cierto que su consumo sin moderación (como el de toda droga) puede tener un mal desenlace. Sin embargo, también lo es que a veces logra que sus pacientes aprendan a burlarse de sus propios infortunios y hasta olvidarlos mientras se sumergen en la consulta.

Red social

Twitter es un anodino campo de batalla. En él no hay escala de grises y todo debe de caber en un contenedor previamente etiquetado. Es maniqueísmo puro; los malos y los buenos, los indignos y los indignados, los bandidos y los justicieros... Es el nuevo enemigo de la sociedad abierta de Karl Popper. Prohíbe el disenso y la pluralidad de ideas dentro de las corrientes (si eres liberal estás a favor de esto y si eres conservador estás en contra de ello). Esta red social es un clúster de burbujas que buscan uniformar el pensamiento predicando una falsa tolerancia a lo distinto.

Twitter es comunidad. Un puente que conecta al forofo con su tótem. Un generador de amistades y de relaciones amorosas. Un panóptico digital que rutinariamente caza “gandallas” (llevándose a inocentes en el camino). Es un músculo social que coordina apoyos en desastres naturales y que hasta ha logrado derrocar a malos gobiernos.

Twitter es fantochismo y selfing. Invita a sus usuarios a talar alter egos eruditos, paladines de la justicia y, desde luego, con un gran sentido del humor. Es una máquina homogeneizadora en la que los avatares construidos por sus usuarios buscan pertenecer con base en la imitación colectiva de la forma de tuitear. En menor o mayor medida, nadie se salva de participar en este concurso de popularidad que busca moldear las mentes de sus usuarios al imaginario colectivo de la filter bubble de su preferencia. Así, muchas veces el tuitero permuta su disentimiento por likes y retuits.

Minimalismo vs hiperconsumismo

Twitter es un juego de destreza mental. Un sudoku de palabras que incentiva la síntesis de ideas y la creatividad de sus usuarios. Y es que –a diferencia de otras redes sociales- Twitter verdaderamente reta a sus usuarios a colonizar nuevas fronteras del conocimiento. Usando un concepto de Guillermo del Toro que me gustó, el menú de Twitter tiene más eye protein que eye candy.

Twitter es una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. De un lado un furibundo e irrestricto amante de la corrección política, y del otro un salvaje troglodita orgulloso de su precaria forma de pensar. En esta red social casi todo es barahúnda y ensordecedor ruido y casi nada es silencio y armoniosa contemplación. Es una red social en la que todos tienen dos bocas y un oído (que a veces es medio sordo).

Twitter es un micrófono. Una tarima. Un proyector. Twitter es.

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