Opinión

Trumpada al medio ambiente

Se abre pues otro frente de lucha para los actores que se preocupan por la salud de la población y de los ecosistemas naturales.

  • 17/11/2016
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Una proporción suficiente de la sociedad norteamericana decidió elegir como presidente a un ominoso representante de un pueril populismo de derecha, asestándole un duro golpe a las endebles situaciones por las que pasan temas tan importantes a nivel internacional como lo son la seguridad de las naciones y el calentamiento global. Me remito al tema que me concierne para lamentar las oscuras perspectivas que enfrenta el medio ambiente, no sólo en los Estados Unidos, sino por extensión en el mundo entero.

 

Uno de los primeros nombramientos del equipo de transición de Trump recayó en la persona de uno de los activistas más aborrecidos por los ambientalistas del planeta, Myron Ebell, un conocido militante conservador que se ha significado por luchar contra las regulaciones ambientales y a favor de incrementar ilimitadamente la actividad en las minas de carbón y en la industria petrolera.

 

Entre sus actividades más recientes están sus esfuerzos para boicotear los trabajos del acuerdo de París, usando la argumentación que ha largamente sostenido para convencer a todo el que se deje de que el cambio climático carece de fundamentos científicos y que no es sino un ardid de científicos coludidos para conseguir objetivos aviesos.

 

Varios miembros del equipo de Trump han declarado que éste tiene la firme intención de eliminar las regulaciones ambientales que frenen las actividades de industrias como la de energía, y no conformes con eso se preparan para relajar también las normas de emisiones de los vehículos de combustión interna.

 

Este último propósito no es menor, si se toma en cuenta que el parque vehicular de los Estados Unidos ronda los 250 millones de vehículos y que es la principal fuente de varios contaminantes atmosféricos.

 

Otro de los propósitos declarados del flamante ganador de las elecciones es “cancelar” el acuerdo de París sobre cambio climático, que fue el resultado de años de largas negociaciones entre muchos países para reducir los gases de efecto invernadero.

 

Decir que está poniendo la iglesia en manos de Lutero parece poco, ante el tamaño de las consecuencias negativas que este tipo de acciones tendrá sobre la población mundial pues el peso específico de los Estados Unidos en las emisiones totales es muy importante.

 

Pero más allá del impacto directo que el relajamiento de esa regulación ambiental podría tener sobre el medio ambiente, hay que considerar asimismo el surgimiento de los riesgos asociados al contagio que esta posición conservadora puede tener sobre otros países. Seguramente ya hay algunos formados para secundar estos propósitos y hacer lo propio para liberar algunos de sus sectores económicos de los costos que implica el control de las emisiones contaminantes. Para un gobierno populista, los argumentos son simples y políticamente rentables.

 

Por lo pronto no se puede saber cuáles serán los impactos en México, pues las cosas se complican ante la amenaza trumpiana de renegociar o inhabilitar el TLCAN. Lo que hay que considerar es que la eliminación de la regulación ambiental reduce los costos privados de los agentes económicos, lo cual incide sobre la competitividad relativa de las empresas. En otras palabras, las empresas que se vean beneficiadas por la desregulación ambiental se volverán más competitivas frente a las que sí tienen que cumplir con esas obligaciones, lo cual seguramente alterará de alguna manera los flujos comerciales.

 

Se abre pues otro frente de lucha para los actores que se preocupan por la salud de la población y de los ecosistemas naturales. Aunque no será fácil, afortunadamente habrá mucha gente en muchos países dispuesta a defender lo logrado hasta ahora y agarrarse con el presidente norteamericano a las trumpadas.

 

@lmf_Aequum

@OpinionLSR

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