Opinión

Trump y el boomerang de la revocación regulatoria

El presidente de los Estados Unidos tampoco entiende que no entiende | Leonardo Martínez Flores

  • 16/08/2018
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De entre la tupida metralla de estupideces lanzadas frenéticamente por la administración Trump, escogemos hoy una que fue anunciada la semana pasada y cuyo objetivo es congelar durante algunos años las normas de eficiencia energética de la industria automotriz. Es una batalla más de la guerra abierta de este personaje contra el marco regulatorio de su país, que de ser ganada tendría efectos negativos en el resto del mundo.

Contaminación

La propuesta consiste en permitir que la norma de eficiencia energética promedio en el año de 2026 sea de 37 millas por galón, en lugar del objetivo hasta ahora vigente de 46.8 millas por galón, es decir, pretenden que el vehículo promedio siga rindiendo 14.8 kilómetros por litro, en vez de rendir unos 19 kilómetros por litro.

Algunas estimaciones preliminares indican que si se relajan las normas como lo pide Trump, el parque vehicular de los Estados Unidos estaría emitiendo, de hoy al 2035, entre 321 y 931 millones de toneladas métricas adicionales de dióxido de carbono. No conozco estimaciones para otros contaminantes, pero queda claro que las emisiones adicionales también se contarían por millones de toneladas.

La iniciativa fue justificada al alimón por la malograda agencia ambiental (EPA por sus siglas en inglés) y por el departamento de transporte, con el mismo tipo de argumentos falaces y tramposos que Trump ha utilizado para abandonar el acuerdo de París, reducir impuestos a los multimillonarios, separar a las familias de inmigrantes, proponer que los maestros y profesores vayan armados a la escuela o iniciar varios frentes de guerra comercial con los países que le caen gordos. El patrón ha sido utilizar argumentos lineales (y por tanto parciales e incompletos) basados en los sesgos cognitivos de los republicanos más recalcitrantes.

La iniciativa para relajar estas normas ambientales no sólo rompe con el ímpetu de muchos países que han decidido exigir a los fabricantes que vendan vehículos cada vez más limpios y eficientes, sino que además busca revocar los poderes que tiene el estado de California para imponer límites más bajos de emisiones que los establecidos por el gobierno federal, así como para exigir la venta en el estado de más vehículos eléctricos.

Industria automotriz

La idea es mala por partida múltiple, pues no sólo incrementaría los daños ya de por sí graves de la contaminación atmosférica sobre la salud de millones de personas dentro y fuera de los Estados Unidos (porque una parte de esos vehículos se venden en otros países), sino que no generaría las utilidades que Trump se imagina para los fabricantes de autos que accedan a ensuciar sus vehículos hoy, para perder mercado mañana.

Me explico. El cambio de paradigmas tecnológicos en la industria automotriz requiere de varios años y de inversiones cuantiosísimas. Si bien lo ha hecho siempre a regañadientes, la industria ha invertido mucho para ir cumpliendo poco a poco con las normas de salud ambiental de muchos países, las cuales les exigen mayor eficiencia energética y menores emisiones contaminantes. Estas reglas han ido regulando los mercados en esos países, en los que consecuentemente se va dejando de comprar los vehículos más sucios.

La globalización y las economías de escala son factores que obligan a las armadoras a producir con procesos estandarizados vehículos destinados para muchos países, por lo que si ya invirtieron para producir más vehículos limpios, no les conviene desinvertir en sus líneas de producción para volver a  producir vehículos más sucios por un periodo completamente incierto, pues nadie sabe si en cuanto echen a Trump, o simplemente acabe su periodo, el próximo presidente vuelva a imponer normas más estrictas.

Boomerang

Otro tema tiene que ver con las fluctuaciones de los precios de las gasolinas, que dependen críticamente de los precios del petróleo. Si asumimos sensatamente que la trayectoria para los próximos años del precio promedio de las gasolinas en los Estados Unidos es ascendente, los consumidores no tendrán ningún incentivo para comprar autos y camiones más sucios y menos eficientes, pues ello implicaría tener que pagar más litros de gasolina, cada vez más caros, por kilómetro recorrido.

Las armadoras que decidan regresar para producir vehículos menos eficientes enfrentan entonces riesgos de mercado, no sólo porque pueden vender menos, sino porque se pueden rezagar en la carrera tecnológica para producir autos cada vez más limpios.

El presidente de los Estados Unidos tampoco entiende que no entiende. La ilógica de sus acciones en contra del marco regulatorio de su país tiene claros efectos perversos que regresan, como un boomerang, para golpear los intereses que ingenuamente pretende proteger. Lamentablemente son temas que nos conciernen, pues en este mundo interconectado, el boomerang también regresa para golpearnos por igual.

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