Opinión

Transparencia, integridad y ética contra la corrupción global

El desafío que enfrentamos las autoridades es restaurar el lazo social desde la función pública. | Joel Salas Suárez

  • 20/12/2018
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El 11 de diciembre pasado, el INAI fue sede del Foro Internacional Transparencia, Integridad y Ética en la Vida Pública, realizado en el marco de la 2ª reunión ordinaria de la Red por la Integridad, en donde como país dejamos la presidencia de dicho organismo para pasarla a Francia. El INAI y otras 13 instituciones públicas de diferentes países conforman esta red con el fin de desarrollar y promover una cultura internacional de integridad, transparencia y ética en la vida pública. Los miembros de esta red somos organismos independientes o autónomos que actuamos como contrapesos democráticos al ejercicio del poder en nuestros países y entre nuestras atribuciones está abonar a la promoción de estos valores entre servidores públicos y ciudadanos.

Esta iniciativa surgió ante el creciente descontento con las democracias contemporáneas y la profunda desconfianza en los servidores públicos debido a la falta de resultados, la percepción de impunidad, la corrupción y el abuso de los bienes públicos que distorsionan la convivencia social, la política y el desempeño de los mercados. Desafortunadamente, la percepción generalizada es que gobiernan unos cuantos grupos poderosos para su propio beneficio y que, en ocasiones, las burocracias trabajan para estos grupos. Para muestra tenemos las cifras del Latinobarómetro 2017: solo el 21% de los habitantes de la región considera que se gobierna para el bien de todos (8% en México), 75% cree que se gobierna para unos cuantos grupos poderosos (90% en México) y solo el 36% aprueba a sus gobiernos (20% en México).

Urge evitar el cautiverio de las políticas públicas

El desafío que enfrentamos las autoridades es restaurar el lazo social desde la función pública. Los miembros de la Red por la Integridad creemos firmemente que, si los servidores públicos tenemos entre nuestros hábitos a la transparencia, la integridad y la ética, podremos mostrar los resultados que damos desde nuestras atribuciones y así colaborar a una mejor convivencia social y política en marcos democráticos, así como a un mejor desempeño económico en nuestros países. Esto será posible si restauramos la confianza en las instituciones públicas, no solo por sus contenidos o sus resultados, sino por los comportamientos y las actitudes de todos y cada uno de los servidores públicos durante los procesos de elaboración de las mismas, es decir, en su diseño y ejecución. Una política pública no servirá para cumplir la ley si el servidor público que la implementa distorsiona su práctica y resultados, contribuyendo más bien a profundizar la brecha entre el espíritu de dicha ley y la realidad.

Estas brechas se explican en muchas ocasiones no por las limitaciones de capacidad en la administración pública, sino por la resistencia de poderosos intereses que defienden el estatus quo y bloquean la creación y la implementación de reformas bien intencionadas. Los países pueden tener leyes de acuerdo con los estándares internacionales, pero sus políticas públicas pueden estar capturadas. Urge evitar el cautiverio de las políticas públicas y garantizar, con ello, una gobernabilidad más inclusiva. Por ejemplo, en México tenemos la mejor ley de transparencia en el mundo y, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), es uno de los pocos marcos institucionales a nivel mundial que articula de forma integral la rendición de cuentas en un país. Sin embargo, debido a dilaciones electorales y políticas su construcción y aplicación plenas se ven obstaculizadas. Es fundamental que estas reformas sean fortalecidas y protegidas por gobiernos y ciudadanos como una garantía de contrapesos sociales al ejercicio del poder en democracia.

Los complejos problemas globales que se convierten en problemas públicos locales, como lo son el control de la corrupción, el cambio climático, el crimen organizado transicional, la migración, la pobreza y la desigualdad estructural, serán enfrentados de forma más efectiva si se articulan redes y nodos que permitan trabajar en conjunto, compartir experiencias y aprendizajes y pensar juntos todos aquellos retos que sobre estos temas aún tenemos pendientes. Una de las conclusiones a las que llegamos en este encuentro de la Red por la Integridad es que ser miembros nos permite articularnos para defender local y globalmente las reformas que privilegian el acceso a la información pública, la transparencia y la ética, fundamentales para promover la integridad en los servidores públicos y el control de la corrupción.

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Aprovecho esta colaboración para desear felices vacaciones a todos los lectores y que estos tiempos sirvan para reflexionar, cargar energías y comenzar el 2019 con nuevos bríos. Nos leemos en enero.

¿Adiós #GobiernoEspía?

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