Opinión

Transparencia feminista

Mientras no demos respuesta a los urgentes pendientes en materia de igualdad, solo nos quedará reflexionar y poco que celebrar. | Julio César Bonilla

  • 06/03/2021
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El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. ONU Mujeres decidió que el tema para este año sería el de “Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la covid-19”, el cual, a su vez, se encuentra alineado con el tema prioritario del 65º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer que se celebrará del 15 al 26 de marzo de este 2021; cuyo tema prioritario es “la participación de las mujeres y la adopción de decisiones por ellas de forma plena y efectiva en la vida pública, así como la eliminación de la violencia, para lograr la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y las niñas.”

México, al igual que el resto de los Estados miembros de la ONU, organizaciones no gubernamentales de todo el mundo y entidades de las propias Naciones Unidas, participará en el diálogo del que deberán de surgir los modos de capitalizar los innegables avances en materia de igualdad de género en el mundo; pero sobre todo, los cauces para dar contenido sustancial a la misma en las muchas regiones y áreas de la actividad social en las que la igualdad de género no existe más allá de lo estrictamente formal.

Me parece que, en tal sentido, es de la mayor importancia que mexicanas y mexicanos hagamos un ejercicio serio de introspección, autocrítica y diálogo abierto a través de las instituciones y que, sumando esfuerzos, mujeres y hombres por igual reivindiquemos y defendamos el derecho de las mujeres a la toma de decisiones y a la igualdad sustancial en todas las esferas de la vida. Asimismo, que repudiemos de un modo contundente y acabemos con todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas.

La reivindicación efectiva de la que hablo pasa necesariamente por el sustancial empoderamiento de las mujeres, al que la transparencia y los derechos humanos correlativos a esta pueden servir de un modo eficaz. Asimismo, requiere del avance hacia la seguridad y la autodeterminación informativa de las personas y, en ese sentido, la garantía del derecho a la protección de los datos personales y a la privacidad.

No debe subestimarse el valor instrumental que los referidos derechos humanos pueden tener para que la transparencia sea una herramienta al servicio del movimiento feminista y potencie el desarrollo igualitario de las mujeres y el ejercicio de muchas otras libertades y derechos. Máxime, en un país como el nuestro, en el que, como sabemos, tenemos graves problemas y deudas en esta materia y cuya atención es impostergable.

La ausencia de igualdad de género deteriora el tejido social e implica la imposibilidad de reconciliarnos y avanzar de manera coordinada por cauces verdaderamente democráticos. Por tanto, como ciudadanía e instituciones debemos expresarnos, exigir, señalar, cuestionar, difundir y participar en el diálogo en torno a lo público y alzar la voz ante la injusticia en cualquiera de sus formas.

Es preciso desterrar todo tipo de norma, práctica o costumbre que no parta de una igualdad sustancial de género y mandar un mensaje claro a quien deba escucharlo en el sentido de que en este país, las mexicanas y los mexicanos, no aceptamos una idea contraria.

Mientras no demos respuesta a los urgentes pendientes en esta materia, a las personas que habitamos este gran país solo nos quedará reflexionar y conmemorar el 8 de marzo de cada año, pero poco habrá que celebrar.

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