Todos pierden

Si se confirman los resultados avanzados por los PREPs, todos los partidos tendrían algo que celebrar tras la elección de anoche: el PRI, su capacidad numantina para mantener el botín del Estado de México y llevarse Coahuila a pesar de la herencia de los Moreira; el PAN, la alternancia en Nayarit y su consolidación como primera lista en Veracruz; MORENA, el increíble arrastre electoral de un partido que apenas existía hace tres años; e incluso el PRD, el haber encontrado en Juan Zepeda una tabla de salvación a la que agarrarse.

Ninguna novedad en ese frente. Lo que cabe preguntarse es quién va a ser capaz de rentabilizar mejor sus números de cara a la próxima elección presidencial. La victoria del PRI en el Edomex le garantiza al priismo elitista y capitalino seis años más de supervivencia, pero a costa de quemar toda posibilidad de mantener el sillón presidencial. Quizás esté equivocado, pero de este triunfo lo que Peña Nieto va a extraer es que sus políticas no son tan erróneas como la sociedad piensa y que la adecuada combinación de clientelismo, coacción y voto duro pueden meter de nuevo en la carrera al priismo peñanietista. Si han conseguido que Del Mazo gane, pensarán, ¿qué no podrían hacer con candidatos de la talla de Meade o Videgaray? El sueño de la renovación priista tendrá que esperar hasta agosto de 2018, sin el PRI en Los Pinos.

En lo que se refiere al PAN, tampoco parece que las victorias de Nayarit y Veracruz ayuden a cerrar su pelea de gallos. En el debe de Anaya, siempre estará su acceso de prianismo al darle la candidatura del Edomex a una persona con tan poca autoridad moral para atacar la corrupción priista como Josefina, y aún peor, su oposición a declinar a favor de Zepeda cuando las encuestas ya demostraban que la abanderada del PAN caía a la cuarta posición. ¿Le compensan los triunfos menores en Veracruz y Nayarit? Sin duda, son más recursos y un mayor control del aparato partidista, pero me temo que la mala estrategia del partido en la elección de Estado del Edomex le acaben costando a Ricardo Anaya la candidatura presidencial, sin que se vislumbre otro puntero con posibilidades de victoria.

MORENA reivindicará sus alcaldías en Veracruz (con la capital del Estado a la cabeza), su razonable resultado en Coahuila y su utópico asalto al Edomex como manifestaciones de un partido que se consolida como la única alternativa al bipartidismo prianista. Pero no es menos cierto que MORENA ha perdido una ocasión única para desalojar al PRI del Palacio de Gobierno de Toluca, en gran parte por su rechazo a ofrecer una única candidatura de izquierdas (o al menos, a demostrar que se tenía una intención sincera por conseguirla) y ahora se verá emboscado en la trampa de aceptar los resultados o echarse al monte con manifestaciones callejeras que recuperen al AMLO más asilvestrado y anti-institucional. Si lo primero, será un reconocimiento de la fallida estrategia; si lo segundo, ahuyentará a votantes de clase media desencantados con el prianismo, pero que creen que los desmanes de 2006 no volverán a ocurrir.

Y qué decir, finalmente, del PRD. Seguramente se transforme en el villano de esta elección, salvo que AMLO se eche al monte y acapare todos los focos. Juan Zepeda, un buen político, será recordado como el dirigente del PRD que permitió el triunfo del PRI más impopular de la historia reciente del país. Y la fortaleza mostrada por el sol azteca en el Edomex será la tumba del partido, porque sus votantes se lo pensarán varias veces a la hora de escoger la papeleta de un partido sin opciones presidenciales pero que puede ayudar a que siga gobernando la derecha, como abiertamente parece defender su líder, Alejandra Barrales.

En resumen: aunque todos celebren sus victorias, todos pierden. Está por ver quién gestione más inteligentemente sus derrotas, porque del éxito o fracaso de esas gestiones de control de daños dependerá en gran parte el resultado de la elección presidencial de 2018.




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