La comunidad universitaria ha levantado la voz ante los acontecimientos del pasado 3 de septiembre en que un grupo de porros armados con piedras, palos tipo kendo -similares a los que se utilizaron en el 68-, objetos punzocortantes y bombas molotov, arremetieron contra estudiantes del CCH Azcapotzalco presuntamente para disolver el mitin pacífico que llevaban a cabo en la explanada de rectoría de la UNAM para plantear a las autoridades una serie de peticiones entre las que estaba precisamente que se les garantizara una mayor seguridad.

Las imágenes que se difundieron llenan de indignación por la forma en que estos funestos personajes atacaron arteramente a jóvenes indefensos, y también despierta muchas dudas la errática actuación de elementos del cuerpo de vigilancia Auxilio-UNAM quienes no hicieron nada para impedir la agresión y, por el contrario, mostraron una sospechosa cercanía con quienes al parecer comandaban al grupo porril.

Quién está detrás

Hace tiempo no se veía una respuesta tan contundente por parte de los estudiantes, quienes realizaron paros de 48 horas en más de 30 planteles de la Universidad (facultades, escuelas y preparatorias) y convocaron a una marcha a la que se calcula acudieron alrededor de 30 mil universitarios para condenar la violencia al grito de "fuera porros de la UNAM" y exigir justicia. También se están llevando a cabo asambleas y en algunos casos, como el de las facultades de Ciencias Políticas, Filosofía y Letras o Diseño acordaron extender los paros.

Es cierto que no basta con la expulsión de los alumnos que han sido identificados por participar en la agresión del 3 de septiembre o la separación del responsable de la vigilancia de la UNAM, ni siquiera resulta suficiente que se les detenga y procese judicialmente, particularmente aquellos que provocaron lesiones graves con arma blanca a 4 estudiantes del CCH Azcapotzalco.

Es indispensable que se conozca quién está detrás y qué fines persigue, pues claramente se trató de una operación perfectamente bien orquestada y es sabido que los porros no actúan por iniciativa propia, y también que se tomen medidas drásticas para desterrar del campus universitario a estos grupos de choque cuya presencia en la UNAM data por lo menos de los años 50 de acuerdo a algunos estudios.

Las demandas de los estudiantes son legítimas y hay que apoyarlas, pero el Rector Enrique Graue ya ha advertido que estos hechos pueden responder a intereses oscuros que pretenden desestabilizar a la Universidad, y no debemos pasar por alto la coyuntura política en la que nos encontramos. Estamos a unos cuantos días de que se conmemoren los 50 años del movimiento estudiantil del 68 y la masacre estudiantil ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco -que se originó con un enfrentamiento entre alumnos del IPN y la UNAM-, así como en un periodo de transición para una nueva alternancia de gobierno que hasta el momento ha destacado por su institucionalidad y tersura, y debemos cuidar que así siga siendo.

La UNAM es mucho más que una institución académica. Sus aportes al pensamiento, a la ciencia y a la cultura son indiscutibles, pero también es un espacio de libertades y reflejo de la pluralidad del país por lo que hoy, todos estamos llamados a defenderla.

La triste despedida de Peña

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