Opinión

Todavía tiembla

El terremoto del que brotaron miles de jóvenes/ convirtieron el yo, en nosotros/ la indiferencia, en ayuda incansable/ el desaliento, en esperanza… | Manuel Fuentes

  • 19/09/2018
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Ese movimiento violento que sacudió la tierra,

tiró muros y derrumbó viviendas,

destruyó edificios,

terminó con vidas y sueños para siempre,

todavía estremece

                      

El terremoto del que brotaron miles de jóvenes

convirtieron el yo, en nosotros

la indiferencia, en ayuda incansable

el desaliento, en esperanza

                      

Fueron como tantos otros que intentaron

levantar con sus manos ensangrentadas muros derruidos

en jornadas agotadoras

para salvar una vida,

o, al menos,

para recuperar los restos de un desconocido

                      

Ellos, los rescatistas anónimos, lanzaban gritos de esperanza:

¡aquí estamos!

¡los vamos a rescatar!

¡aguanten!

un murmullo, un pequeño ruido,

detenía todo

¡silencio!

¡silencio!

El puño en alto,

todos con el puño en alto,

apenas si se respiraba, permanecían inmóviles

invadía la esperanza

y la angustia también,

sus cuerpos temblaban


Entre los escombros,

un leve murmullo era motivo de algarabía,

de continuar sin cesar,

con la boca seca,

sacar fuerzas de lo más profundo

                  

El silencio,

el maldito silencio

también era signo de muerte

pero la esperanza no desmayaba

¡el silencio!,

¡el silencio!,

¡cuánto duele!

¡sigamos!

¡sigamos!

¡no nos rindamos!

se escuchaban los aplausos de ánimo

de ¡Viva México!

              

Cuando hallaban un sobreviviente,

era un canto de esperanza, de fuerza,

los rescatistas de todas edades

entre piedras y derrumbes,

agotados,

entre sollozos y sacando fuerza desde su interior,

tomados de las manos,

entonaban el himno nacional,

como si fuera parte de una batalla ganada:

                

¡Mexicanos, al grito de guerra

el acero aprestad y el bridón,

y retiemble en sus centros la tierra

al sonoro rugir del cañón!

                  

Esos miles de rescatistas que emergieron

de todos lados y que llegaron primero que el gobierno

primero que los cuerpos de protección oficial,

sin saber estos por dónde empezar,

que intentaron correr a los rescatistas por “inexpertos”

pero que no se fueron,

nunca claudicaron,

allí estaban,

aquí siguen…

                     

Siguieron al pie de los lugares derruidos,

consiguiendo herramientas,

cizañas, picos, arneses,

armaron carpas para los familiares,

los cubrían con abrazos,

con palabras de aliento,

aguantando, con el nudo en la garganta

para no llorar delante de ellos…

                         

Un terremoto que convirtió a miles en damnificados,

en los olvidados del sismo,

pero de la memoria de sus muertos,

de sus heridos presentes,

de entre los escombros emergió una sociedad civil

que hizo estremecer a gobiernos

y a la sociedad entera,

para recuperar espacios de dignidad.

                      

La vuelta del tiempo ha llegado,

el 19 de septiembre nos ha alcanzado de nuevo

se remueven heridas, sentimientos arrebatados,

todavía tiembla,

se sienten heridas que no han cerrado

                  

Se abre la puerta:

¡niños corriendo!,

¡se abrazan alegres!

parejas tomadas de la mano,

que se aman,

que se alejan,

los amigos,

hombres y mujeres caminando

por lugares distintos,

que se encuentran de nuevo,

en una esperanza

de nuevos amaneceres.

                           

Por nuestros muertos,

por su memoria

cómo los extrañamos,

tanta falta nos hacen,

viva la vida

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@Manuel_FuentesM | @OpinionLSR | @lasillarota

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