Opinión

Tiempos de cinismo

El cinismo es un fenómeno de desinhibición en el que se dice la verdad de manera tan libre que se ha logrado llegar hasta el auto desenmascaramiento. | Leonardo Bastida

  • 26/12/2020
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En un país del norte de América, un presidente solía refutar a todos aquellos personajes públicos y no públicos y periodistas que le cuestionaban sobre datos que no eran certeros o acciones inconclusas de su gobierno, sin embargo, él solía negar esa realidad a pesar de que la información proviniera de las propias fuentes gubernamentales y las evidencias estuvieran totalmente sustentadas. 

Este escenario representa un acto de cinismo para el filósofo alemán Peter Sloterdijk, quien al igual que muchos otros pensadores contemporáneos, externa su preocupación con respecto a una realidad inminente de nuestros días, no todo aquello lo que se dice al interior de las sociedades es verdad o no es cierto del todo. 

Para el autor de “Crítica de la razón cínica”, el cinismo es un fenómeno de desinhibición en el que se dice la verdad de manera tan libre que se ha logrado llegar hasta el auto desenmascaramiento y el desuso de las máscaras de la hipocresía por parte de las clases gobernantes y acaudaladas, quienes no niegan las imputaciones y las dudas en su contra, e incluso las reconocen, pero no hacen ni harán nada por revertir la situación o las refutan con información que no es cierta. 

A partir de una mirada crítica en su más reciente libro publicado en español, “Las epidemias políticas”, (Ediciones Godot, 2020) argumenta que a diferencia de otros momentos de la historia, actualmente se está haciendo a un lado a la verdad, o tal vez, siempre se le hizo, pero de manera sutil, y no de forma cínica como ahora, donde se hace uso explícito del lenguaje para ocultar y seducir. 

Esa mentira, señala el pensador germano, no es un error ni es innata, sino que más bien representa una oposición al cumplimento del deber de decir la verdad, tampoco es involuntaria ni una falsa representación. Por el contrario, es la posible fuente de alimentación de ideologías, de propaganda y de sistemas de persuasión o de adoctrinamiento. Y su dispersión puede ser totalmente planeada.

El filósofo alemán considera que desde finales del siglo XVIII hay una decadencia en el mundo Occidental de las ideologías, emergiendo el cinismo, que como ya se ha señalado, está compuesto por la coexistencia de la verdad y la falsedad, y caracterizado por un fenómeno de desinhibición y desenmascaramiento de la verdad, a manera de auto desenmascaramiento, en el que no hay hipocresía, pues se actúa y se habla sin pretender ocultar algo en particular, mostrando una realidad con cierto dejo de moralidad inaceptable. 

A lo largo del siglo XX se fueron llevando a cabo ejercicios de este tipo, imponiendo las ideas de convertirse en víctimas de otras naciones y defender la suya a capa y espada, por eso, hubo tantos participantes en los conflictos bélicos, pasando por la idea de construcción de sociedades ideales o la evasión de la realidad o el surgimiento de héroes en tiempos de posguerra y carestía, además de la desmoralización social, ocurriendo fenómenos como el nazismo o el fascismo. Hasta llegar a un momento como el actual de grandes desigualdades, de gran movimiento migratorio, y el predominio de la expansión a través de las redes sociales y el internet, una gran conectividad que no necesariamente esta sustentada en lo verídico, pero si en su capacidad de disipación.

Para el autor de la trilogía de Esferas, en nuestro día con día se vive en una etapa de cinismo tal que aquel que se atreve a increpar a quien dice una mentira desde las estructuras estatales y del poder resulta cuestionado y vilipendiado con la fuerza que aún les resta a los aparatos estatales.

Así, los panoramas actuales están plagados de campañas mediáticas basadas en mentiras manifiestas, desinformación dirigida, incitaciones calculadas, y negaciones obstinadas. Suscitándose el populismo, caracterizado por simplificar todo de manera agresiva y optar por la liberación de la realidad, en cierto sentido, evadirla, aunque no haya resultados concretos en sí, manteniéndose un cerco hacia la crueldad derivada de las desigualdades e inequidades existentes.

En su calidad de “mediólogo”, Sloterdijk indica que vivimos en una comunidad de entretenimiento y de distracción en la que los medios de comunicación no tienen la función de informar sino de crear “epidemias” motivadas por ciertos signos que pueden derivar en ciertas manipulaciones, pues no se difunden argumentos sino elementos que pululan “infecciones sociales” ya que los medios de comunicación siguen teniendo una incidencia en la sociedad en aspectos de formación educativa y de opinión pública. 

Lo anterior, ha sido reforzado por el propio pensador alemán en su libro “Estrés y libertad” (Ediciones Godot, 2017), al cuestionar que un mundo donde se privilegia la individualidad por sobre todas las cosas, es difícil comprender por qué aún se piensa en una noción de sociedad. Proponiendo como respuesta que nuestras sociedades son realmente campos de fuerza constituidos y delimitados por el estrés debido a que constantemente se generan inquietudes que propician preocupaciones que terminan generando comunidad, siendo los medios de comunicación uno de los vehículos para azuzar esos cuestionamientos, principalmente, a través del miedo y del planteamiento de la posibilidad de un final próximo como comunidad, una auténtica represión política utilizada para estresar a la ciudadanía.

Ante la situación actual que se vive, acelerada por una pandemia que ha detenido al mundo por meses, Sloterdijk alude a la imperiosa necesidad de continuar con el ejercicio crítico del cinismo, confrontándole con un toque de ironía y humor, que, desde una perspectiva de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, contrarreste los embates del mismo y se privilegie el esclarecimiento de las situaciones y los hechos, una idea tan simple y común que se ha dado por hecho, y su incumplimiento ha dado pie a una era de la desinformación y la mentira.

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