Opinión

Tiempo de entrar en razón

Ya es tiempo de que el gobierno entre en razón. Ya es tiempo de que asuma de pleno su responsabilidad de gobernar para todos los mexicanos. | Joel Hernández Santiago

  • 23/10/2019
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Ya es tiempo de que el gobierno federal entre en razón. Ya es tiempo de que asuma de pleno su responsabilidad de gobernar para todos los mexicanos y no sólo para quienes votaron por “la Cuarta Transformación”. Ya es tiempo de que sea un gobierno incluyente, reflexivo, democrático y con todas las de la ley y la justicia... Que no convoque a la confronta de unos con otros, de los buenos contra los malos, de los consecuentes contra la crítica.

Todos, o casi todos, los mexicanos, queremos a un mejor país, queremos que la corrupción, la impunidad, el abuso de poder, el crimen, el desempleo, la injusticia, el abandono, el aislamiento y la soledad del desgobierno... y tanto más, terminen, ya, para dar paso a ese estado de unidad nacional en el que todos los que aquí estamos, participemos organizados mediante el diálogo en favor de la 4ª, la 5ª, la 6ª Transformación: no importa.

…Pero sí la transformación en la que todo esté cumplido para todos y todos trabajemos para hacer grande y fuerte y productivo al país mexicano, y que vivamos con responsabilidades y beneficios; obligaciones y derechos: todos.

¿Sueños guajiros? ¿Ilusión óptica? Puede ser. Aunque es un ideal. El ideal de muchos millones de mexicanos: 127 millones de ellos. ¿Qué hay trabas? Sí; ¿Qué hay intereses creados por acá o por allá o al interior del mismo gobierno federal o estatal y municipal? También. ¿Qué hay errores de gobierno? Asimismo.

Pero es el arquetipo del encuentro de mexicanos que quieren contribuir y ayudar, dentro o fuera de gobierno; dentro o fuera del esquema de la 4-T, dentro o fuera de las cadenas de defensa del país de unos u otros. Todos estamos dispuestos a esa Transformación, pero ocurre que parece que el gobierno mismo se niega a sí mismo cerrando puertas, ventanas, pestillos...

Lo ocurrido en Culiacán el jueves 17 de octubre es el momento más difícil que ha vivido este gobierno de la 4-T. Y el presidente López Obrador. Y su gabinete. Y el Ejército y la Marina mexicanos y la Guardia Nacional. Un fracaso de todos nosotros en México, sí. Pero también una lección.

La lección de que no todo lo que hace el gobierno federal está bien. Y que este tipo de errores no debieran ocurrir. NI deberán repetirse. Que se tiene que planear más y no tomar decisiones inducidas y en las rodillas, que se tiene que pensar antes de actuar y buscar que predomine la seguridad, la integridad física y patrimonial de la gente, y que si se va a perseguir a malandrines se haga con todas las de la ley y porque es decisión soberana de la autoridad nacional mexicana. Y es aprender la lección de la solidaridad y del corregir errores, todos juntos.

Luego de los hechos ocurridos el jueves 17 se vino una catarata de recriminaciones, en medios de comunicación y en redes sociales, a la decisión del gobierno de detener a Ovidio Guzmán López, y luego se le dejó ir; el mismo a quien Estados Unidos reclama para enjuiciarlo allá y, por lo mismo, acá se hizo un operativo que falló paso por paso y que, por esto, pudo causar muchas muertes. Críticas severas que pegaron fuerte en el ánimo presidencial y evidenciaron inconformidades y molestias en el gabinete de seguridad.

Pero como control de crisis el gobierno federal instaló pronto un grupo de reacción, de choque mediático, para contener y contraatacar a quienes criticaban el momento, el hecho, la decisión, la falta de estrategias y de coordinación. Todo junto. Y este grupo de reacción operó –como ya se hace costumbre– mediante descalificaciones. Con la argucia de “no dijeron nada antes de este gobierno”; “así le dejaron las cosas a nuestro presidente”; “conservadores”; “Neo-liberales”... Y ofensas y adjetivos a granel. No argumentos.

Esto muestra ese espacio de confrontación a la que se ha llegado en este gobierno. Esto expone cómo las partes se dividen y se enfrentan. Es el discurso de “no me voy a dejar aunque ellos tengan la razón”; “Tengo la razón, pero mejor descalifico que explico”... “Prensa fifí”; “Conservadores”; “Enemigos de la transformación”; “Hoy ya no es como era antes, que lo sepan”. “Los buenos y los malos”. “Los neoliberales nefastos de antes”...

Que sepa el gobierno que la mayoría de quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión y a la crítica no son enemigos del gobierno, ni de su presidente ni de su gabinete. Que con frecuencia se hacen observaciones críticas, si, que tienen que ver con la opinión y la visión y la reflexión de quienes las emiten y que, por lo mismo, hacen una contribución para mejorar el estado de la situación del país y del gobierno... Corresponde luego el diálogo sano y democrático.

Porque el gobierno, el presidente López Obrador, su gabinete... no son infalibles y, por lo mismo, pueden incurrir en errores, esos que uno no quisiera porque están ahí para no cometerlos porque cuestan mucho a todos, en lo económico, en lo social, en la estabilidad, el equilibrio y la armonía. Hacerlo notar no significa ser enemigos, significa querer ayudar para que las cosas mejoren.

Muchos hay, sí, que quieren desmontar y desequilibrar lo que hay y al gobierno que está. Y con esto acarrear ganancias políticas o privilegios. Los hay, sí; pero son claramente identificados por todos y en su misma malévola intención llevan la penitencia. Y sin embargo la libertad de expresión es para todos.

Dividir al país, a su gente; utilizar un lenguaje de odio y de descalificación a quien no piensa como uno piensa es dañino en toda relación humana; pero lo es más cuando se hace desde la fuerza del poder y la fuerza del Estado.

Y lo dicho: lo de Culiacán es una lección que todos debemos aprovechar para establecer esa nueva relación de respeto, de solidaridad, de crítica, de unidad, de libertad de expresión y de construcción de ese nuevo país que todos, juntos, queremos: el mejor México. ¿Idealismo? ¿Irrealidad? ¿Sueño? ¿Utopía? Sí, pero no imposible. Todos juntos.

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