Esta mañana Élodie tomó un tren a Montpellier para resguardarse algunos días en su tierra natal. Vive en frente de la sala de conciertos Bataclan. Se tiró al suelo al escuchar la ráfaga de los Kalashnikov y siguió los acontecimientos desde una ventana del 4to piso. A sus 22 años, su primer crisis de nervios se materializó en una actualización en Facebook y despotricó contra todos sus contactos: “No tienen idea de lo que pasó, yo estuve ahí, yo lo viví. ¡Cállense ya!”.

 

Christelle, consultora en marketing, llegó tarde a su oficina. Se desvió de su camino para pasar a dejar una corona de flores en la plaza de la República. Hoy se enteró que tiene un cliente menos, lo perdió en el Bataclan.

 

Los alumnos de la Universidad de París-Este volvieron al salón de clases. Flores blancas han sustituido los cuadernos bajo el brazo, es difícil concentrarse y asimilar el hecho de que el profesor de Geografía ya no responderá sus dudas. Hoy sólo irán a su oficina para encender una veladora.

 

En el metro una chica con rasgos orientales dirige su mirada afligida a horizonte. Los ojos vacíos, ya sin lágrimas que derramar, parecen cansados de buscar a esa persona que no volverán a ver.

 

En la Plaza de la República, la gente se congrega para compartir su dolor. Entre veladoras y flores, un joven con guitarra y acento inglés pide que lo acompañen cantando Knocking on the heaven's door, “esta canción es para ellos, para todos ellos”, les dice.

 

 

Este lunes, dar los buenos días a los compañeros de trabajo en París no fue tarea fácil. Los silencios se llenaban de sonrisas tímidas y miradas que parecían decir: ¿Tú estás bien? ¿Todos a tu alrededor están bien? Los tres días de luto oficial terminaron y Paris se esfuerza por recuperar la normalidad pero está lejos de hacerlo. No. El luto no ha terminado, habita en el corazón de los franceses y convive con esa incertidumbre de no saber qué vendrá después, porque las amenazas dicen que esto sólo acaba de empezar.

 

Sin embargo, también se respira un aire de lucha y la convicción de no dejarse amedrentar. Mientras su presidente elije fortalecer las medidas de seguridad y lanzarse a la guerra, los franceses también han decidido emprender su propio combate: El de las terrazas llenas, las sonrisas, la música, el teatro y las actividades recreativas.

 

París está decidida a gritar que no tiene miedo. Si el comunicado de prensa de ISIS señaló a París como objetivo de los ataques por ser la “capital de las abominaciones y la perversión”, los habitantes de la ciudad de la luz están mostrando con determinación que no conseguirán apagarlos.

 

Una pancarta lo resume sin lugar a dudas: “Si tomar una copa de vino en una terraza, ir a un concierto de música o asistir un partido de futbol se va a convertir en una lucha: ¡Tiemblen terroristas, porque tenemos entrenamiento de sobra!”.

 

 

Es la idea que se expresa también en las redes sociales con el hashtag #JeSuisenTerrasse. A la manera del #JeSuisCharlie los franceses expertos en savoir-vivre (saber vivir) publican sus fotos sonrientes, disfrutando de una bebida en una de las numerosas terrazas de la capital.

 

Es la fiesta de la reivindicación para demostrar que la vida sigue, que los atentados que buscan intimidar no consiguen atemorizarlos ni limitar su libertad de salir, festejar y disfrutar. Porque salir y sonreír se vuelve casi una obligación y es la manera parisina de decir: No tenemos miedo.

 

En la capital de Francia, las terrazas y restaurantes son una institución, sobre todo si se tiene en cuenta que reducido tamaño de la mayoría de los departamentos no permite hacer mucha vida en su interior, tal vez por ello los terroristas eligieron la zona de Oberkrampf y Republique, un barrio parisino particularmente apreciado por su vida nocturna, alejada de atracciones turísticas y reservada para los lugareños.

 

Hoy la vida sigue. “Tenemos menos gente pero nosotros decidimos abrir el restaurante tanto el fin de semana como hoy. Que vengan los terroristas aquí, no tenemos miedo”, dice Mehdi, el encargado iraní de un céntrico restaurante de la ciudad.

 

Una gran mayoría de salas de teatro también reabrieron sus puertas. Pareciera que los ánimos no están para fiestas, pero la cartelera del teatro Punto y Coma anuncia la obra de esta noche: “Resistir y reír”. Resistir justo como esos héroes que respondieron el llamado de Charles de Gaulle y se sumaron a La Resistencia, para derrotar al enemigo durante la Francia Ocupada de la Segunda Guerra Mundial.

 

Hoy la resistencia se hace también desde las terrazas. 

 

@valeria_rg



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