Opinión

Tarahumaras y desplazados chiapanecos

Una muerte silenciosa. | José Luis Castillejos

  • 17/12/2019
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Los indios tarahumaras y los desplazados de los Altos de Chiapas mueren de hambre y frío. Sobre todo mueren de abandono por parte del gobierno federal.

Es un tema urgente y pendiente en la agenda presidencial y que sigue eludiendo la actual administración. Es una vergüenza nacional que mueran mexicanos en ambas regiones por causa de enfermedades y falta de alimentos básicos.

El Diario de Chihuahua lanzó la alerta: El hambre en pobladores de la sierra tarahumara es un problema “imparable” agudizándose de tal manera que decenas de comunidades indígenas, enfrentan hoy día la escasez de alimentos como detonante de enfermedad y muerte.

No hay comida, faltan techos y alimentos. Pero a nadie parece importarle la suerte de los tarahumaras o rarámuris, la comunidad indígena del norte de México, que habitan la parte de la Sierra Madre Occidental que atraviesa territorio del estado de Chihuahua y el suroeste de los estados de Durango y Sonora.

Los hombres y mujeres considerados de "pies ligeros" o "corredores a pie" viven en un inhóspito medio donde vivir cada día cuenta. Cada segundo que pasa es importante.

Los tarahumaras sobreviven con parcelas donde cosechan muy poco o casi nada y en esta época invernal enfrentan el peor de los calvarios.

El gobernador indígena de la región de Sisoguichi, Luis Carlos González Fierro, denunció que no hay ninguna autoridad que brinde el apoyo necesario y urgente para atenderlos.

“No se tiene comida, no hay apoyos, la gente se está muriendo de hambre y nadie se da cuenta”, denunció ante el diario de Chihuahua y destacó que “nadie habla de la desnutrición de los niños y adultos quienes fallecen y tienen que ser enterrados en sus localidades sin que nadie se dé cuenta de ello”.

Pese a esta alerta mundial, “la autoridad no informa porque ni siquiera se entera, ya que por las zonas tan difíciles donde se vive no se da aviso de las muertes”.

La hambruna es generalizada en la montaña y en los barrancos donde la vida se va escapando a diario.

Esperan la ayuda oficial como la luna espera el día. Pero esta no llega. Faltan fuentes de ingresos y la situación es de alarma y emergencia.

Los tarahumaras no han podido producir. Este ha sido un mal año para ellos y sobreviven hoy con “pinole de maseca”.

El gobernador Javier Corral ignora esta situación debido a que no recorre la Sierra, según González Fierro.

Como todos los años siguen muriendo niños por causa de la desnutrición.

Al cierre del 2019 unos 15 gobernadores indígenas preparan una colecta para hacer frente a la problemática de hambre y frío que viven los tarahumaras.

De acuerdo a datos oficiales, en Chihuahua se registraron este año tres mil 849 casos de desnutrición.

El campanazo de alerta está dado. Este S.O.S debe ser atendido por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, basado en los datos oficiales de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud Federal que establece el estado de emergencia.

En la Sierra Tarahumara se respira un aire de opresión, dolor y olvido. Viajar a esa zona y conocer la realidad, duele. Sus habitantes viven en un marco de escasez y a muchos de ellos se les ve pedir limosnas o tortillas y sus artesanías no son compradas por alguien.

Cansados de todo, algunos hombres han optado por beber en exceso y dejarse llevar por la narco-cultura.

Chiapas y los desplazados

En la región de Los Altos, en el corazón de Chiapas, un conflicto entre comunidades vecinas provocó el desplazamiento de miles de personas que viven en campamentos en condiciones precarias, con la promesa de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador les ayudará.

En los Altos de Chiapas persiste la disputa tierras entre los pobladores de Chenalhó y Chalchihuitán lo que ha generado el desplazamiento de unas cinco mil personas entre el 2017-2019.

Aún están a la espera los indígenas que la subsecretaria de Derechos Humanos, Migración y Población de la Secretaría de Gobernación (Segob) intervenga. Pero poco es lo que se ha hecho.

Existe un desplazamiento especialmente cruel y doloroso no sólo de Chiapas sino de muchas regiones de México que se ha vuelto abrumador, alertó en un texto el escritor Hermann Bellingahusen.

“Pobremente registrado y atendido por las instituciones estatales y federales, si no fuera por los centros de derechos humanos regionales en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz, esta sangría interior pasaría desapercibida”, señaló.

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) reportó que desde inicios de 2018 “por lo menos 13 comunidades de Aldama (Chiapas), entre ellas la cabecera municipal, han sido objetivo de ataques con armas de fuego provenientes de miembros de la comunidad Santa Martha, Chenalhó”.

Urge que el gobierno federal ponga atención a la situación de los tarahumaras y al tema de los desplazados en Chiapas antes de que mueran miles del primer grupo y se genere un estallido social en la sierra chiapaneca.