Opinión

T-MEC: la letra chiquita

El T-MEC si tiene letra chiquita y sí debió revisarse con lupa en el Senado Mexicano. | Joel Hernández Santiago

  • 17/12/2019
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Ahora resulta que –según el gobierno mexicano– lo que el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, envió al Congreso estadounidense como T-MEC no es lo que se acordó en México. Esto es: la revisión a cláusulas de intervención del gobierno de EU en temas de política laboral en México.

Y ahora resulta que el mandatario gringo le está queriendo comer el mandado a los mexicanos y –siguiendo el supuesto mexicano– agregó en el documento cosas que no se analizaron durante las reuniones de principios de diciembre entre México-Canadá-EU...

... Y cuya firma-acuerdo el 10 de diciembre se festejó con bombos y platillos acá y se aseguraba que finalmente se habían limpiado las trabas para que éste fuera aprobado por legisladores demócratas; el mismo documento que el Senado mexicano, con una sola abstención, aprobó en mayoría.

El día de la firma-acuerdo, el presidente de México suspendió una gira por Sonora, en donde había quedado de reunirse con familiares de los niños-víctima de la Guardería ABC. En esa fecha dijo:

“... Existe la disposición de México para concretar este acuerdo que beneficiará a los tres países.” Y recordó que su gobierno –4T– inició las negociaciones como observador, luego entraron a la negociación de manera formal, mediante los oficios de Jesús Seade, a quien agradeció su labor, y finalmente –dijo–: “Todas las etapas de plática fueron ratificadas e incluso en el último tramo del acuerdo el gobierno abrió la posibilidad de que hubiera cambios en el ámbito laboral, lo cual ya fue aprobado”. Así dijo ese día...

Meses antes, el famoso T-MEC había sido cuestionado por los legisladores demócratas que exigían que hubiera una solución al tema laboral en México; que hubiera democracia sindical, que hubiera libertad sindical y ajustes del tipo salario por el grado de inequidad entre lo que perciben los trabajadores canadienses y de EU, con los muy bajos salarios que se pagan en México...

Y esta exigencia había detenido por semanas y meses la firma del Tratado. México por su parte estuvo enviando mensajes reiterados pidiendo a los Legisladores estadounidenses que se apresurara su firma. Esto porque la crisis económica de este país tiene una detente, la falta de inversión extranjera. Si se consigue esta inversión, el barco económico mexicano que ahora naufraga podría tener algo de salvación.

Y se hizo la reunión en México, precisamente en el Palacio Nacional, al que acudieron representantes de los tres países y el mismo presidente mexicano como testigo...

Los empresarios como los trabajadores de México se quejaron porque nunca se les consultó ni se les hizo saber qué se estaba acordando con Estados Unidos en materia laboral, sindical y salarial. El gobierno mexicano hizo caso omiso de este reclamo hasta que se conoció el envío que hizo Trump al congreso de su país y en el que hay cláusulas que comprometen a México en su soberanía.

El 16 de diciembre, en su conferencia mañanera el presidente de México dijo que no se acordó supervisión: "Se envió una ley en EU al congreso para la supervisión de este tratado que habla de que cada 6 meses pueden venir inspectores, lo cual no se acordó en el tratado". Pero se está “dialogando” con aquel gobierno, “como es nuestra costumbre”, para solucionar el problema.

Mientras, el canciller Marcelo Ebrard, aseguró que al documento que se firmó está intacto; sin embargo, dijo, “las leyes de Estados Unidos permiten enviar iniciativas internas”. Lo que hace suponer que al final este punto será aceptado por el gobierno mexicano, “como es costumbre ya”.

Sin embargo lo que se percibe ya es que a pesar de lo dicho por el representante mexicano para el T-MEC, Jesús Seade, el T-MEC sí tiene letra chiquita y sí debió revisarse con lupa en el Senado Mexicano...

Esto es: en lo que sigue hay una enorme responsabilidad del Senado de la República que aprobó las modificaciones al texto que meses antes había aprobado –que es decir, les modificaron el texto y sin rechistar lo aprobaron en seguimiento de la euforia de gobierno por haber conseguido la firma de los tres países en Palacio Nacional–. Pero en el Senado no leyeron el documento. No lo analizaron. No pensaron en sus repercusiones para la economía mexicana, para la política mexicana y para la soberanía nacional e, incluso, para la seguridad nacional...

¿Qué dice el Senado? Esperó a que tronara el cohete en México, esperó a que Seade argumentara que hay madruguete gringo, esperó a que el presidente dijera que no es eso lo que se firmó, para que el eternamente consecuente, Ricardo Monreal, saliera a decir que no, no y no.

Los empresarios mexicanos están furiosos. Los sindicatos que aun quedan en México están furiosos. Los trabajadores no saben de qué se trata el asunto. Los partidos políticos guardan silencio porque ellos también –en el Senado– aprobaron las modificaciones. Y así, el juego que todos juegan...

¿Qué sigue? Que los estadounidenses sigan en lo suyo. Han enviado un documento al Congreso para su aprobación. Así será aprobado. Y los mexicanos dirán que “todo está bien, lo arreglamos con el diálogo” y los supervisores estarán encima de la política laboral interna de México, lo que quiere decir sobre asuntos de soberanía nacional...

¿Qué sigue?

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