Opinión

Sororidad y microplásticos: el lenguaje como acción política

Palabras que nos llaman a transformar nuestras relaciones humanas y nuestra relación con la naturaleza y el medio ambiente. | María Fernanda Salazar

  • 18/01/2019
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Cada año, la Real Academia Española realiza modificaciones al diccionario de la lengua española en línea. La gran mayoría de ellas pasan desapercibidas, salvo las que causan mayor gracia o polémica.

En diciembre de 2018, se anunció que la palabrameme” y “viralizar” habían sido incluidas en el diccionario y que “feminicidio” tendría una nueva acepción. Se trata de palabras que provienen de una cotidianeidad; que retratan realidades o fenómenos que tarde o temprano terminan siendo reconocidas por las instituciones que “regulan” la formalidad de nuestras palabras.

Sororidad también fue incluida el año pasado por la RAE. Mi hipótesis es que ésta, a diferencia de las otras, no es necesariamente una palabra que tenga el reflejo en la realidad cotidiana de todos los países que hablamos el español. Salvo en algunos momentos y temas muy concretos, lo que se percibe en el entorno es la complejidad de construir lazos solidarios y proyectos comunes entre mujeres, en defensa de las mujeres. Es común ver en redes sociales, entre grupos cercanos, en lugares de trabajo, que las primeras en defender patrones de comportamiento machista, en ser indiferentes a las condiciones de otras mujeres en el mundo o reproducir juicios y estereotipos contra su propio género, son precisamente las mujeres; descalificando las luchas del feminismo, obligándonos a aclarar –una y otra vez– que el feminismo no es una lucha contra los hombres y contribuyendo así al mantenimiento de un sistema que nos excluye, condiciona nuestro pleno desarrollo y obstaculiza nuestra participación libre y autónoma en todos los ámbitos de la sociedad. En ese sentido, la inclusión de esta palabra-acción adquiere otra connotación. En mi percepción, constituye un llamado a construir esos lazos de empatía, de identidad y de lucha, que hagan posible otras formas de convivencia y de relación; formas de respeto, de igualdad y de alianzas por causas comunes, para la transformación del estado de las cosas y el bienestar de nuestras sociedades.

En este sentido, planteo el reto que representa hacer visible en los hechos la paridad en el congreso del país y en los congresos locales, construyendo agendas comunes sororarias; aquellas que nos permiten ver las necesidades de otras mujeres aunque no sean las propias, para transformar normas, estructuras y condiciones que den viabilidad a la realización de los proyectos de vida de mujeres y hombres por igual.

De esta misma forma, la palabra microplásticos fue nombrada por la fundación BBVA como la palabra del año 2018. En 2015 eligieron refugiado, en 2016 populismo y en 2017 aporofobia. Microplásticos, se refiere a pequeños fragmentos de plástico presentes en muchas sustancias y productos que consumimos a diario, que dañan el medio ambiente y la salud de los seres humanos, orillando a marcas y gobiernos a tomar acciones. Al justificar su selección, la Fundación BBVA sostuvo: “Creemos que esa selección muestra de algún modo el perfil de un año en el que, además de las grandes cuestiones políticas y económicas, todos estamos volviendo nuestra mirada a otros asuntos de enorme trascendencia que a veces quedan eclipsados por otros grandes titulares en los medios de comunicación.”

El lenguaje es, entre otras cosas, una herramienta de acción política. La sororidad y los microplásticos son palabras que nos llaman a transformar nuestras relaciones humanas y nuestra relación con la naturaleza y el medio ambiente, en beneficio de una sociedad más justa y sana para todas y todos.

¿Punto final para huachicoleros?

@Fer_SalazarM | @OpinionLSR | @lasillarota