Opinión

Sindicatos: modelos para desarmar

Se requiere capacitación constante a los trabajadores para que conozcan de sus derechos y los sepan ejercer. | Manuel Fuentes

  • 19/08/2020
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Enorme tarea se tiene por delante para lograr que la reforma laboral del primero de mayo de 2019 tenga éxito. Su mayor reto es romper con las estructuras (podridas) de aquellos sindicatos, ¡que son la mayoría!, basadas en negocios personales de líderes y patrones, convertidas en instrumentos de control obrero.

Con el paso de los años, a partir de su reconocimiento en el artículo 123 constitucional, los trabajadores fueron sacados del manejo de los sindicatos y los líderes se convirtieron en los amos y señores.

Los patrones aprendieron pronto y los políticos también, y como si fuera un vehículo pusieron al piloto de su conveniencia, se apoderaron no sólo de las llaves, y empezaron a desmantelarlo. Le quitaron las ruedas para que no caminara y arreglaron la marcha del motor de tal modo que sólo funcionara en reversa.

Así a los líderes les gustó tanto el negocio sindical que se hicieron de varios registros y acumularon contratos colectivos de trabajo como si fueran confeti, sólo de papel (vacíos por dentro) todo con ayuda de patrones y de funcionarios gubernamentales, a los que convirtieron en socios y amigos.

La reforma laboral de mayo de 2019 se hizo para dotar de mayor fuerza a los trabajadores y que ellos tuvieran el papel principal en el mundo del trabajo, sin embargo, la reforma se sustenta en los propios sindicatos para lograrlo (vehículos con el motor descompuesto y sin llantas).

Esa es la enorme contradicción de la reforma, pero también el mayor reto.  Lograr que los sindicatos sean modelos para desarmar la corrupción, la intervención patronal y la inmovilidad obrera. Para lograrlo tienen que desaparecer los sindicatos como los conocemos y renacer en verdaderas organizaciones con la participación responsable de los trabajadores.

En la arquitectura de la reforma laboral se delinearon obligaciones y prohibiciones para los patrones como delimitar su intervención (formal) al interior de los sindicatos y en las consultas de los trabajadores, pero a la vez se fortaleció la relación con éstos para debilitar a los sindicatos.

La reforma laboral dio la exclusividad a los patrones, sin la intervención de los sindicatos, para legitimar la relación directa con los trabajadores y suspender el pago de las cuotas sindicales o anular la filiación sindical. Usar, desde la palestra patronal, el discurso de la llamada libertad sindical para golpear y debilitar los sindicatos.

Fueron pocos puntos los concesionados a los patrones en la reforma laboral, pero cruciales para ponerla en riesgo.

A los trabajadores se les concedió el voto personal, libre, directo y secreto para decidir las revisiones salariales y contractuales, pero no así la estabilidad en el empleo. La reforma laboral perdonó la vida a las empresas outsourcing (símbolos de fraude) especializadas en otorgar contratos temporales y condicionar el empleo con firmas en blanco para justificar la renuncia de los trabajadores a sus derechos.

La mayor parte de los cambios se dieron en el engranaje de los sindicatos para evitar la voluntad de los dirigentes y de los patrones a conveniencia. Lograr que los trabajadores en consulta directa y secreta decidan el nombramiento de sus dirigentes y respecto a sus contratos colectivos de trabajo, que tradicionalmente se han pactado a sus espaldas.

Considerando las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo con implicaciones a trabajadores, patrones y sindicatos estos son los resultados:

La encrucijada a la que se enfrenta la reforma laboral es haber creado un filtro para que sólo los sindicatos (estructuras en su mayoría carcomidas) promuevan la consulta de los trabajadores. Los riesgos son muchos, y más la simulación que se pueda generar por la falta de vigilancia de la autoridad laboral en estos procesos.

No basta la existencia de un Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral con una persona honesta a la cabeza, se requiere de inspectores especializados que estén presentes en número suficiente. Que haya una capacitación constante a los trabajadores para que conozcan de sus derechos y los sepan ejercer.

Pero también se requieren nuevas reformas laborales que garanticen la estabilidad en el empleo, y jueces laborales que actúen con imparcialidad y prontitud.

Es necesario que el gobierno entienda que la justicia laboral se debe practicar en tiempo presente, que el abandono presupuestal al que están condenadas las Juntas de Conciliación y Arbitraje prolongará por varios años la imposibilidad de materializar la reforma laboral. Se puede quedar en el papel, en una mera simulación.

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