Opinión

¡Sin detenernos!

No, la lucha no empezó este año ni terminará el que viene, porque nos debemos a la sociedad del presente y del mañana. | Ivonne Ortega

  • 11/03/2020
  • Escuchar

Las expresiones realizadas en nuestro país durante el 8M y el 9M representan el grito vivo de millones de mexicanas hartas de la violencia hacia nosotras, en cada región de nuestra República, en y desde todos los ámbitos.

Han sido dos manifestaciones con el objetivo de frenar de una vez por todas la escalada de violencia de género, la intolerancia y la inequidad. México no puede permanecer estático ni apático ante esta realidad dolorosa que requiere de todos una acción conjunta, firme y directa: construyamos la Nación una a uno, aprendamos a vivir conviviendo y a combatir lo que atente contra ese principio.

Mujeres marchando, gritando, diciendo “¡Aquí estamos!”, mientras allá en lo oscuro los violentadores se agazaparon y sintieron muy en sus adentros miedo de la unidad de todas. Aunque algunos salieron ese mismo día a matar y arrebataron vidas inocentes.

Mujeres ausentándose del trabajo, de la academia, de la plaza pública, de las redes sociales.

¿Qué es la sociedad sin una de sus mitades?

El grito más poderoso fue el que no se escuchó, el que millones imaginaron en cada espacio vacío, en cada silencio.

Ambas expresiones, el 8M y el 9M, se complementaron e hicieron historia.

Y no es “el despertar de las mujeres”, no: desde que nuestro país tiene conciencia nacional, la lucha ha sido permanente para que se reconocieran nuestros derechos, y ha costado las vidas de las que nos antecedieron.

En cada familia hay mujeres que construyeron las generaciones que hoy hacemos México cada día, que salimos a poner nuestro granito de arena en cada ámbito, desde el hogar hasta la toma de decisiones nacionales.

No, la lucha no empezó este año ni terminará el que viene, porque nos debemos a la sociedad del presente y del mañana, y estamos bastante lejos de lograr el país igualitario que merecemos como mexicanas y mexicanos.

A las generaciones que hoy tenemos la estafeta social en nuestras manos, nos corresponde precisamente lo que se vio y se sintió en estos dos días de marzo: hacernos visibles, incluso en la ausencia. Combatir con todo lo que tenemos a nuestro alcance a la violencia, exigir a las autoridades de todos los niveles que actúen, y enseñar a las generaciones más jóvenes con el ejemplo cotidiano.

Es con acciones claras, contundentes y sin dobleces que también blindaremos el objetivo de toda intromisión extraña. Esta es una lucha de las mujeres y de la sociedad mexicana para las mujeres y la sociedad mexicana.

Por eso no debemos detenernos. El machismo y la intolerancia tienen raíces difíciles de cortar, y aquí y allá siguen inercias que muchas y muchos ven como naturales a la hora de hacer los quehaceres domésticos, a la hora de distribuir roles laborales, a la hora de elegir democráticamente representantes, a la hora de tomar decisiones…

La prevalencia de actitudes misóginas entre la sociedad no es culpa de un gobierno en particular, pero a las administraciones en turno les toca entender este momento y escuchar, y actuar en lo que corresponde.

No ayuda poner etiquetas ni descalificar la exigencia social confundiéndola con “politiquería”. Tampoco es “permitir” ni ser “condescendientes”. Lo que las mujeres queremos es igualdad y seguridad.

Exactamente lo que merecemos todas y todos los que habitamos este gran país, que es nuestro.

Hasta lograr esa meta, sea cuando sea, nuestra tarea es seguir adelante, sin detenernos.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.