Opinión

Simone de Beauvoir, aprendizajes de una vida

Desde mi lectura en la infancia del diario de Ana Frank descubrí una pasión que nunca me ha abandonado: intentar aprehender la vida de otras mujeres. | María Tersa Priego

  • 22/01/2019
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El 9 de enero fue el cumpleaños de la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir, un ícono para varias generaciones de mujeres en el mundo. Me pregunto si las/los jóvenes la leen. Si influye en sus vidas. Si se han acercado a su manera de existir, a su fuerza, a esa experiencia suya de creación y de rupturas. Me sumerjo en el túnel del tiempo y recuerdo ese momento en el que en una pequeña librería de Villahermosa (especializada en libros de texto) me tropecé con Memorias de una joven formal escrita en 1958. La contraportada dejaba claro que era un libro autobiográfico. Desde mi lectura en la infancia del diario de Ana Frank descubrí una pasión que nunca me ha abandonado: intentar aprehender la vida de otras mujeres a través de su escritura. Aprender de ellas.

¿Cómo vivieron? ¿qué fueron eligiendo? ¿de dónde surgieron esas personalidades disruptivas? ¿qué les permitió crear? Con frecuencia contra viento y mareas. Ese primer libro de Beauvoir me fascinó: la historia de una niña hija de una familia burguesa (“venida a menos”, en términos económicos) educada en colegios católicos. La exigencia de su entorno, la libertad tan escasa, la represión inscrita en aquella “femineidad” atrapada. Su relación entrañable con su amiga Zaza, quien murió jovencísima y cuya muerte Beauvoir atribuye (de alguna manera) a su imposibilidad de rebelarse contra los mandatos familiares. Contra el “deber ser” de una adolescente de su época.

Antes que El segundo Sexo (1949), la más conocida y para millones de mujeres, transformadora de sus obras, lo que me conmovió fue la escritura autobiográfica de Beauvoir. Sus viajes interiores, su búsqueda de una escritura tan honesta a como le fuera posible. Los hechos que marcaron su vida. En 1960 publicó la segunda parte de su autobiografía: La plenitud de la vida, después La fuerza de las cosas (1963) y casi diez años más tarde Final de cuentas (1972). Una muerte muy dulce (1964), es la narración del final de la vida de su madre. La ceremonia del adiós (1981) los últimos años de la vida de su “pareja esencial” el filósofo Jean-Paul Sartre. Desde su encuentro cuando eran dos jóvenes estudiantes, se amaron y acompañaron durante todas sus vidas. Es un hecho que sobre todo ella a él.

La obra de Simone de Beauvoir es muy vasta, su novela Los mandarines es también autobiográfica. En ella narra escenas que vivió con uno de los hombres más importantes de su vida, el escritor estadounidense Nelson Algren autor de El hombre del brazo de oro. Cuando la novela fue publicada en inglés y Algren la leyó, cayó en un estado de furia contra Beauvoir que le duró por el resto de su vida. Ella en cambio cumplió la promesa que le hizo: conservar siempre el anillo de plata que Algren le regaló en el momento más intenso de su relación y hacerse enterrar con él. Algren deseaba que se casaran y que ella se mudara a vivir a Chicago. Imposible para Beauvoir. Eligió su lealtad incondicional a su pareja emocional e intelectual (que no sexual), Sartre y su vida juntos en París

Esas experiencias que una va leyendo con fascinación. La vida de “Castor” como la nombró su amigo Maheu y después todo el círculo al que ellos llamaban “La familia”. El grupo de intelectuales y artistas que giraba en torno a su pareja y a la revista Les temps Modernes. Sus estudios, su escritura, los cursos que impartía. Su amor por la naturaleza y sus horas de expediciones por el campo. Su largo camino hacia lo que ella consideraba su libertad y su compromiso con su existencia y con su tiempo. Sus relaciones amorosas con hombres y mujeres (estas últimas las omite en su trabajo autobiográfico). Sus contradicciones. Su inteligencia brillante. Su generosidad. Su lado oscuro en esa parte un tanto perversa de su relación con Sartre, que implicó a personas muy jóvenes de su entorno que resultaron dañadas. Una cierta ceguera emocional. También.

¿Qué sentía cada vez al leerla? Esa fuerza que nos transmite su manera de vivir: una puede elegir su vida. Una puede inventarse y reinventarse. Una tiene el derecho a acercarse lo más posible a esa mujer que desea ser. Su largo ensayo El segundo sexo es el minucioso cuestionamiento de los condicionamientos sociales que por siglos acotaron (y acotan) la libertad de las mujeres. La libertad de elegir y de asumir nuestros deseos, sin el fardo de la culpa que provocan las rupturas con los mandatos familiares y sociales. Sartre adoptó a su joven alumna Arlette Elkaïm. Beauvoir a Sylvie Le Bon.

La muerte de Sartre en 1980 fue devastadora para Beauvoir. Sylvie la acompañó – con una devoción a prueba de balas- hasta su muerte en 1986. Son muy bellas sus fotos juntas en las marchas feministas. Una relación que me hace pensar en el concepto de affidamento (el apoyo entre mujeres) de las feministas italianas. ¿Por dónde comenzar a leer a Beauvoir? Depende de lo que cada lectora ande buscando. Me permitiría sugerir que antes de sus ensayos, se acerquen a su autobiografía.

Simone de Beauvoir está enterrada en el cementerio de Montparnasse junto a Sartre. Es un espacio de peregrinaje. Por años vivió justo enfrente. Sus lectoras/es decoran su tumba con flores, cartas de agradecimiento en distintos idiomas detenidas con piedritas. “Querida Castor, gracias por tu vida y tu ejemplo”. “Cambiaste mi vida”. “Tu valor me dio valor”. “Leyéndote me llegó la esperanza”. “Confío en mí, porque confiaste en ti”.

¡Bravo, Lydia!

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