Opinión

Sevicia

Para el presidente, una llamada de auxilio de parte de un periodista representa un ataque a su gobierno. Para la paciente, ni una palabra. | Adolfo Gómez Vives

  • 30/11/2020
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Imagine por un momento, que usted es la persona responsable de coordinar los esfuerzos del gobierno federal contra la pandemia ocasionada por el covid-19, así como de informar sobre los resultados de la estrategia de prevención de dicha enfermedad, ante la opinión pública.

Imagine también que su gestor de redes sociales le reporta el caso de una mujer que pide ayuda a través de Twitter. Dice que las autoridades del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), le exigen retirar de dicha institución a su hermana, con el argumento de que el nosocomio está saturado, a pesar de que el gobierno de la Ciudad de México ha informado que la disponibilidad de camas para la atención del covid-19 es de 47.3%.

A usted le detallan que, en la red social, la mujer reporta a su familiar en estado “grave” y que, al solicitar información en el 911 sobre espacio en otros hospitales, le han respondido que “no tienen camas y respirador disponible”.

Imagine por un momento, que la información pueda ser falsa. En este mundo dominado por las Fake News, cualquier cosa es posible. Sin embargo, del análisis de los mensajes vertidos en la red social, usted —persona servidora pública— extrae dos datos inquietantes: el primero, que la quejosa —quien probablemente desconoce el lenguaje médico y puede encontrarse cursando un periodo de estrés y angustia— ha dicho que su hermana “tiene el 20% de oxigenación”, lo cual es fisiológicamente imposible; pero descubre que en el siguiente tuit, la persona precisa que su hermana tiene “el 20% de sus pulmones”, dato que es conceptualmente distinto del anterior, lo que indica que, probablemente, se está refiriendo a la capacidad pulmonar y no a la hipoxemia que se presenta en casos de gravedad.

Si usted fuera una persona servidora pública comprometida con su vocación médica, seguramente giraría instrucciones para que alguien de su equipo se comunique de inmediato con el doctor Jorge Salas Hernández, director general del INER, para corroborar la información vertida en la red social y, de ser el caso, usted buscaría el contacto con la familia de la paciente, para ofrecerle una alternativa hospitalaria, pues es claro que su interés fundamental radica en salvarle la vida.

Poco importaría que en su solicitud de auxilio, la quejosa hubiera etiquetado al periodista Héctor de Mauleón, a quien casi una hora después de la difusión de los tuits pidiendo ayuda, el INER le respondió que “lamentablemente el Instituto no tiene disponibilidad en este momento”, acto que confirma la existencia del caso, así como la veracidad de la información relativa a la no disponibilidad de camas y respiradores en ese hospital, pero también exhibe que a dicha institución le resultó más importante responderle al periodista —con mucha mayor visibilidad en la red social— que a la quejosa.

Pero usted, amable lectora, amable lector, no es esa persona servidora pública a quien hago referencia. Es seguro que usted se habría preocupado por brindar la atención requerida por la persona familiar de la paciente, sin tomar en negativa consideración el que un periodista se hubiera sumado a la petición de ayuda.

Pues resulta que el servidor público llamado Hugo López-Gatell Ramírez, quien percibe un salario bruto mensual de 158 mil 270 pesos que provienen de los impuestos de los gobernados, prefirió sumarse a la descalificación contra el periodista Héctor de Mauleón, antes que demostrar empatía frente a la paciente y su familia.

Sin embargo, fue el presidente de la República el principal promotor de la sevicia con la que el columnista de La Jornada y redactor del panfleto de moda, denominado Guía Ética para la Transformación de México, Pedro Miguel, calificó de #FakeNews al caso, por el hecho de que la quejosa confundió en un primer momento el nivel de saturación de oxígeno con la capacidad pulmonar.

Luego de realizar una innecesaria y amplia explicación sobre los factores que pudieron generar una “lectura equivocada” del porcentaje de oxigenación en la paciente, el vocero López-Gatell se preguntó casi al final de la mañanera del 24 de noviembre, si el periodista Héctor de Mauleón se habría “tomado la molestia de llamar a la familia para ayudarle”, en razón de que la no disponibilidad de camas y respiradores, así como los indicios de negligencia por parte de las autoridades de Salud le resultó molesta.

Para López Obrador, el mensaje de Héctor de Mauleón solicitando ayuda representa “un ataque” a su gobierno y la oportunidad para generar polémica en relación al asunto de la capacidad de oxigenación. “Esto es un tema de ciencia”, dijo. Ni una palabra de conmiseración hacia la paciente y su familia. Ochenta millones de ejemplares editados de su Guía Ética no le restan un gramo de perversidad.

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