Opinión

¿Serán los problemas ambientales los verdaderos límites de la urbanización?

El caso de los conjuntos urbanos en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

  • 12/06/2016
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La Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) comprende las 16 delegaciones de la Ciudad de México y 59 municipios del Estado de México más uno de Hidalgo. Los conjuntos urbanos en la ZMCM representan una nueva forma de urbanización que literalmente origina un sembrado de casas territorialmente desintegrado. ¿Cómo surgen los conjuntos urbanos? Sin querer caer en simplificaciones, para el caso de la ZMCM podemos categorizar la urbanización contemporánea (digamos del siglo pasado a la fecha) en dos grandes etapas, cuyo parteaguas es la Reforma Agraria de 1992.


En la primera etapa, antes de la reforma de 1992, el Estado fue un actor principal de la urbanización porque promovía la creación de vivienda y reservas territoriales para el crecimiento urbano, básicamente con la expropiación cuando se trataba de suelo ejidal, y mediante la institucionalización de los programas de vivienda del INFONAVIT y FOVISSSTE para los trabajadores formales de la iniciativa privada y del gobierno respectivamente.


Otro gran actor de la urbanización pre- reforma, fue la urbanización informal o popular que pasaba por un abanico de opciones, algunas con prácticas clientelares para el partido y gobierno en turno (invasiones, compra ilegal de tierra ejidal etc.). En esta dinámica el gobierno terminaba generalmente por regularizar el suelo y la urbanización informal,  así nacieron muchas colonias, que antes fueron periféricas. Esta etapa pre-reforma originó un tipo de urbanización con mayor valor urbano y social, en donde la vivienda funcionó sobre todo como un valor de uso.


La segunda etapa, denominada urbanización mercantil, surge como efecto directo de la reforma agraria. Antes de la misma,  la tierra ejidal no se podía vender ni entrar al mercado formal de suelo, con dicha reforma se hace posible. Surgen entonces múltiples y  grandes empresas inmobiliarias y  constructoras privadas,  las cuales  literalmente se encargan de dirigir la urbanización con la construcción periférica de múltiples conjuntos urbanos en todo el país, pero especialmente en  la ZMCM. El Estado ha jugado un importante papel al ser el  principal agente que otorga créditos hipotecarios para vivienda, cerrando el círculo de la producción privada de conjuntos urbanos. Por lo tanto ha sido indirectamente responsable de la expansión urbana.  La ZMCM se ha extendido considerablemente en todas direcciones, pero principalmente hacia los municipios del norte  y oriente del Estado de México y los límites con el estado de Hidalgo.


Desde la academia existen múltiples trabajos y enfoques que abordan el significado de los conjuntos urbanos de la ZMCM en aspectos como la accesibilidad, la población fluctuante e itinerante; la falta de servicios, la lejanía del centro y del empleo; la desintegración urbana, la especulación, y los efectos ambientales.


Desde la óptica ambiental, el poco conocimiento, omisión y destrucción  de las zonas de recarga de agua alrededor de la ZMCM, incluyendo zonas de protección ecológica y agrícolas,  provoca que dichas áreas desaparezcan junto con sus servicios ambientales gratuitos, nos referimos a la filtración y recarga de agua hacia los acuíferos, pues ¿cuánto costaría producir una sola gota de agua con tecnología humana? o  ¿cuánto costaría producir agua para abastecer a las poblaciones humanas? Los conjuntos urbanos y la urbanización privada contribuyen a la disminución de los recursos ambientales suelo y agua en una región crítica, en donde la paradoja ha sido sacar el agua de la cuenca de México e  importarla de otras. Por un lado, al cubrir el suelo con urbanización se interfiere en la recarga de agua y se modifica el ciclo hidrológico  y por el otro se crea una demanda  de agua para las nuevas urbanizaciones.


En los últimos tiempos se ha hablado mucho sobre la escasez de agua y la mala calidad del aire en la ZMCM, pero rara vez se ha señalado el tamaño de la urbanización y sus agentes como una de las causas de la perdida de servicios ambientales. Las áreas no urbanas (bosques, pastizales, tierras de agostadero etc.) son proveedoras de servicios ambientales gratuitos (suelo, agua, aire). Si no se toma conciencia de su cuidado y conservación y se prefiere la urbanización mercantil es posible que el mismo fenómeno urbano encuentre aquí sus límites de crecimiento, ante suelos estériles, la falta de agua y la mala calidad del aire.


Desde mi punto de vista, los principales problemas ambientales derivados de la urbanización mercantil son 1) La contaminación del aire, en parte originada por el uso del automóvil para el traslado  diario al trabajo hacia áreas centrales, de millones de personas asentadas en las periferias, fundamentalmente de los conjuntos urbanos y 2) La interferencia generalizada al ciclo hidrológico y la recarga de agua al revestir la tierra y el territorio con asfalto y concreto.


Acaso ¿podría  el ser humano sobrevivir en un  planeta revestido de concreto y acero? Como humanidad y como sociedad necesitamos revalorar los servicios ambientales para nuestra propia sobrevivencia, y la de todas las especies animales y vegetales. En mi opinión, la ZMCM no debería crecer más en extensión, lo que algunos autores identifican como ciudad difusa, dispersa, de poca densidad;  quizá sí  verticalmente, eso haría más eficiente el uso del territorio, los recursos y limitaría o concentraría las externalidades negativas, pero eso sólo es posible con una política pública integral y un Estado rector que valorice los servicios ambientales por sobre la urbanización mercantil.


@bazannietzche

@institutomora

@OpinionLSR



*Dr. César Israel Bazán Pérez

Es profesor  investigador del Instituto Mora, su investigación se ha centrado en los estudios de agua y ciudad, las áreas de recarga y las necesidades de abastecimiento de agua; los patrones espaciales de los conflictos por el agua provocados por el crecimiento urbano. Tiene estudios de doctorado en Geografía por la UNAM; maestría en Estudios Regionales por el Instituto Mora y licenciatura en Geografía por la UNAM y un diplomado en Geomática por el Instituto de Geografía de  la UNAM.



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