Opinión

Ser mujer en política

Debemos defender la libertad que cada mujer tiene de tomar las decisiones que mejor satisfagan su vida personal y profesional. | Fernanda Salazar

  • 28/08/2020
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Kellyanne Conway, quien fuera la jefa de campaña de Donald Trump en 2016 y hasta hace unos días ocupara el cargo de consejera presidencial, anunció su renuncia tan sólo unos días antes de que comenzara la Convención Nacional Republicana que ha nominado al hoy presidente para competir por un segundo periodo en la presidencia de Estados Unidos. Es un caso muy interesante para seguir analizando las formas en que las mujeres son excluidas del espacio público.

Se puede estar muy en desacuerdo con la política de Conway, sus pensamientos y su alineación con Trump, pero quien sea que la haya visto en la campaña anterior sabe que es una mujer inteligente y sumamente hábil en su profesión cuando se trata de argumentar y posicionar los valores y estrategias que impulsa. En múltiples oportunidades repitió públicamente que ama su trabajo, y que su alineación con las ideas y el proyecto político en el que trabaja es total.

Su renuncia se da tras la creciente presión de su familia: su esposo, un Republicano anti-Trump que ha atacado sistemáticamente a Trump y su hija quien, por Twitter, pidió al equipo de Alexandria Ocasio-Cortez contratarla como intern para después señalar a su mamá de haberle arruinado la vida, y que al menos su padre tenía el sentido común para no apoyar a este presidente.

En su renuncia y en su primera entrevista pública, Conway señaló que la razón por la que ella y su esposo decidían dar un paso atrás en su actividad política era por sus hijos, porque “la maternidad es primero, siendo el trabajo más importante, el mejor y el más maravilloso”, que  “no se puede tener todo al mismo tiempo” y  que lo que estaba haciendo era “lo mismo que millones de padres y madres que estaban tratando de navegar en esta circunstancia en la que las y los hijos aprenden desde casa”.

Por supuesto, tenemos que defender la libertad que cada mujer tiene de tomar las decisiones que mejor satisfagan su vida personal y profesional. El problema es que, si esas son las razones de su renuncia, es porque las condiciones de las mujeres en política siguen sin estar dadas para que sean vistas como una elección de proyecto de vida y respetadas por las propias familias y la sociedad. Por el contrario, el castigo desde su ámbito más íntimo y en el público, pueden ser brutales. Por otro lado, el hecho de que sean las propias mujeres las que una y otra vez usan esta narrativa para explicar sus salidas de lo público, sigue reforzando la idea de que el lugar de las mujeres es- antes que nada- el espacio privado de crianza; mientras que lo político, es un extra que pueden hacer cuando lo demás está en calma.

Si vemos las cifras de trabajo doméstico no remunerado en México en tiempos de covid-19, estamos hablando de que las mujeres tienen tres veces más carga de trabajo que los hombres y más mujeres siguen perdiendo sus empleos, precisamente porque éstos son posibles sólo cuando todo lo demás marcha de manera regular.

¿Cuántos hombres hemos visto renunciar a sus puestos políticos por la carga que significa el covid-19 y la complejidad del trabajo en casa? ¿Cuántos hombres estamos escuchando hablar de que el trabajo de crianza es el mejor que puede haber en la vida y que no se puede tener todo al mismo tiempo? ¿Cuántos hombres hemos visto renunciar a un cargo como ese por una crisis familiar? En realidad, la mayoría de los hombres sí pueden tener una familia con hijos pequeños o adolescentes y un trabajo exitoso porque hay quienes se hacen cargo del resto: y esas siguen siendo mayoritariamente las mujeres.

Otro tema muy interesante viene de las expresiones de su hija quien, estando en todo su derecho de cuestionar y criticar las posiciones políticas de su mamá (que por supuesto afectan terriblemente a su generación, sus derechos sexuales y reproductivos y el futuro mismo del planeta) eligió una forma de hacerlo que en mi opinión es violenta y reproduce una tendencia sumamente frecuente en las relaciones madres-hijas, en donde cuestionamos de manera mucho más agresiva las decisiones de las madres que las de los padres.

Si, por lo demás, la razón de la salida de Conway tiene que ver con la posibilidad de que el esposo dejara de hacer campaña contra Trump en el partido Republicano, podríamos estar frente a un ejemplo de instrumentalización de las mujeres en política tanto por parte de su pareja como por parte del propio presidente.

En todo caso y a pesar de estar en total desacuerdo con las ideas de Conway, parece que falta mucho por avanzar en la participación política de las mujeres, que solo podrá seguir avanzando con transformaciones estructurales de la vida social.

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