Opinión

Se tambalea la economía mundial

La economía mundial podría colapsar en cualquier momento, literal, ¡en cualquier momento! | Jorge Iván Garduño

  • 17/08/2019
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Los argentinos sienten en la piel la inminencia de una gran crisis. Es una sensación casi imperceptible, un malestar que recorre todo el cuerpo e insinúa que algo no anda bien tras la calma de un día cualquiera. El malestar crece poco a poco hasta que se transforma en preocupación y luego en angustia. La realidad, finalmente, termina dándoles la razón. Esta vez llevan tiempo con la piel erizada, atentos a una nueva debacle. En las calles de Buenos Aires se respira crisis.

Las Bolsas europeas vivieron en días pasados una jornada negra. Las Bolsas estadounidenses han vivido una tarde todavía más pesada, con una caída que rondó el 3% en el Dow Jones y otra del 2,9% en el S&P. Mientras que en Europa tenían puesta la mirada en los malos datos económicos que presentó Alemania (su PIB baja el 0,1% en el segundo semestre), en Estados Unidos todos los analistas hablaban de un fenómeno mucho más técnico y que ha hecho que cunda el nerviosismo entre los inversores: cuando en el mercado se pagan más intereses por la deuda a corto plazo que a largo plazo, los nervios se desatan.

La economía mundial podría colapsar en cualquier momento, literal, ¡en cualquier momento! México, Brasil, China, y un sinfín de naciones, si no todas, se suman a este riesgo financiero, unas en mayor medida que otras, pero todas las economías mundiales están en riesgo, ¿por qué?, porque simplemente son economías humanas imperfectas y sustentadas en el obtener y en cosas físicas que no perduran.

Este tema nos interesa a todos, y cuando digo a todos ¡es a todos!, ustedes me dirán si es esto cierto o no.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, así como la amenaza del Brexit, comienzan a pasar sus primeras facturas a una economía mundial endeble. Desde luego, las economías más dependientes de las exportaciones este hecho está mucho más marcado. El caso de Alemania es el más obvio. En el segundo trimestre de este año, como mencioné líneas arriba, su PIB se ha contraído un 0,1%. Desde mediados del año pasado han surgido elementos que dan señales de un riesgo inminente y, a pesar de una política monetaria laxa y una evolución del tipo de cambio del euro favorecedora de las ventas al exterior, las economías europeas siguen acusando el repliegue del comercio internacional. Alemania, la verdadera locomotora de Europa, acabará arrastrando al resto de economías europeas (y del mundo). Los indicadores de crecimiento para el conjunto de la UE en ese mismo segundo trimestre dejan pocas dudas de la desaceleración. ¡Ya está la desaceleración!

Los temores a una recesión están siendo apoyados por los indicadores y por unos mercados financieros inquietos por esa conformación de la curva de tipos de interés que demanda más rendimiento por prestar a dos años que por hacerlo a diez. En diversas ocasiones en las que esa inversión de la curva ha tenido lugar, ha sido una señal válida que anticipaba la recesión. Europa y Estados Unidos ya están brindando registros de menor crecimiento de sus economías.

Estamos ante un escenario mundial donde el riesgo por perderlo todo económicamente es real, sin embargo, algo que la mayoría de la población mundial no aprende nunca, o demasiado tarde, es el manejo de nuestras finanzas, nadie nos enseña a manejar nuestro dinero, es decir, obvio sabemos perfecto cómo administrarnos, ¿no? Seamos sinceros.

La cosa es que cuando al fin llegamos a la edad en que nos podemos independizar económicamente de nuestros padres, no tenemos ni la menor idea de lo que nos espera. Una vez independizados, casi todos vivimos en una lucha constante por equilibrar nuestros gastos con nuestros ingresos.

Una constante que vivimos y a la que nos enfrentamos es la generalización del uso de las tarjetas de crédito, de las divisas plásticas, y que por falta de carácter, las mal utilizamos o simplemente las consideramos una extensión de nuestros ingresos, y esto no debe ser así, si bien las economías del mundo está en riesgo y no podemos hacer gran cosa por esa situación a nivel macroeconómico, sí podemos generar grandes cambios a nivel personal y familiar que impacten de manera positiva en nuestra economía, y prepararnos adecuadamente para las recesiones que están a la vuelta de la esquina.

Antes de que te endeudes al tope, o por si acaso ya están en deudas serias, aquí te comparto algunos consejos para que comiences a sanear tus bolsillos.

Consejos

·         Haz un presupuesto. ¿Cuánto ganas vs. cuánto gastas? Puede ser semanal o quincenal. No te lo recomiendo mensual, porque si no estás acostumbrado a llevar a cabo la planeación de tus finanzas, va a ser de lo más pesado.

·         Ahora que sabes cuánto ganas y cuánto gastas, reduce los gastos excesivos, es decir, evita comprar aquello que no necesitas. La pregunta del millón es: ¿puedes vivir sin eso? Entonces, no lo compres.

·         Primero lo primero. Aparta, por porcentajes, el dinero necesario para pagar lo más indispensable: la comida; luego la renta o hipoteca y los servicios; finalmente, no te olvides de la ropa, accesorios y hasta el entretenimiento. Todo gasto debe ser planeado. Al principio es complicado o pesado, pero será divertido y luego será un hábito.

·         Ahorra. No sólo se puede ahorrar dinero. Piensa: ¿y si dejarás de pagar tanto de lavandería, luz agua o gas? Si eres más cuidadoso con lo que se desperdicia, a final de mes puedes llevarte gratas sorpresas.

·         La tarjeta de crédito no es un regalo. Si no cuentas con el dinero en efectivo para adquirir zapatos, ropa o una pantalla, lo peor que puedes hacer es “dar el tarjetazo”. Terminarás pagando más del doble de lo que cuesta el producto que adquiriste, siempre será mejor esperar un poco más para comprar sin endeudarte.

El tema de las finanzas es muy extenso, por lo que siempre debemos estar receptivos con este tema, aprendiendo en todo momento, nunca sabemos qué, cómo o quién nos va a proporcionar un gran aprendizaje en otros puntos que nos ayuden a mejorar la administración de nuestros recursos económicos.