Opinión

Se solicita presidente de México

Necesitamos un presidente que se asuma como tal, que entienda que los malos no son los empresarios, ni la clase media, ni los periodistas. | Jorge Iván Garduño

  • 16/07/2021
  • Escuchar

Con el gobierno de Vicente Fox, se le quitó el freno a la violencia, no es que anteriormente viviéramos en un país idílico, no. Claro que había violencia, secuestros y asesinatos en comunidades indígenas, y transitar por algunas zonas de la región de Guerrero, Tamaulipas o Chiapas (por mencionar algunos ejemplos), era riesgoso. Sin embargo, con el inicio del nuevo milenio y la llegada a Los Pinos del PAN, comenzó una silenciosa escalada en la violencia; una nunca antes vista y por eso más peligrosa y sangrienta que no se reconoció fácilmente. Con ello no quiero justificar al gobierno panista, lejos esté yo de ello, pero al decir desde el discurso del Gobierno que eran sucesos aislados, los cárteles de la droga comenzaron a reconformarse y “diversificar” sus “negocios”. 

Luego llegó Felipe Calderón, un sexenio que estuvo marcado por la fallida “guerra contra el narco” y con la presencia del ejército en las calles. Escenas de violencia cruenta eran más habituales, la lucha por las plazas del control de las drogas entre diversas facciones se desató. En esos enfrentamientos miles de civiles perdieron la vida, o bien, familias y comunidades enteras fueron desplazados por esta guerra y violencia entre narcos y grupos del crimen organizado. Cifras nunca antes vistas en nuestro país se daban a conocer de muertos y desplazados por estas acciones.

Esto dio pie a que el PRI volviera a Los Pinos, en los pies de Enrique Peña Nieto, quien se comprometía a “Mover a México”. En su momento yo mismo escribía una columna en el periódico “Capital México” titulada “Mover no es sinónimo de avanzar”, ya que se nos vendía la idea de que sería un gobierno que reactivaría la economía, el turismo (fuertemente afectado por la violencia y la lucha de zonas de trasiego de droga), sin embargo la corrupción, que siempre ha existido, se llevó a niveles de desfachatez, gobernadores que así como dejaban el cargo, eran señalados y acusados de corrupción y enriquecimiento ilícito, además de estar coludidos con grupos criminales. 

En ese escenario gana en 2018 Morena, el partido que Andrés Manuel López Obrador comenzó a conformar desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México perteneciendo a las filas del PRD, con los famosos “moches” o “diezmos” que les solicitaba a todos sus funcionarios públicos de la capital denominados “empleados de confianza” o “estructura”. Mes a mes se anotaba en la libreta de algún encargado los “fondos” recabados para el movimiento. Tras dos intentos, uno en 2006 y el otro en 2012, por fin, su Movimiento de Regeneración Nacional llegó a la presidencia de México

Andrés Manuel López Obrador llegó pregonando “no somos iguales” al hacer referencia de los políticos que lo han antecedido en el cargo como presidente de México. Dice que es “diferente”, pero al igual que con el eslogan de Enrique Peña Nieto lo digo, “ser diferente no es sinónimo de ser mejor”. 

Andrés Manuel López Obrador no deja de ser un candidato a la presidencia, y no se ha dado cuenta que ya han pasado casi tres años de su gobierno, sus mismos allegados comienzan el desfile para anotarse para sucederlo, y esto es lo peor que le puede pasar a nuestro país. Que se entienda lo que estoy diciendo, yo quiero un presidente de mi país, no un candidato. No ha entendido que él es el presidente y debe actuar como un Jefe de Estado. Sigue queriendo ser el jefe de su partido, el coordinador de sus secretarios e insiste en que la prensa es su peor enemiga, incluso sobre los cárteles de la droga. 

Y en eso ya se le han ido tres años de gobierno, lo que coloca a su sexenio con las mayores cifras de violencia, asesinatos y masacres. Insiste en que las cosas están mejor que antes. Mientras no asuma su responsabilidad como jefe del Ejecutivo, la situación no se va revertir o mejorar por sí sola, hay que hacer un esfuerzo para que ya no se alcancen cifras de escándalo.

La corrupción ya no es desfachatez, es una burla de parte de funcionarios del sexenio o de familiares muy cercanos al presidente. Es urgente ¡se solicita presidente de México! Hay violencia y asesinatos que alcanzan las 100 cifras diarias, según datos del propio gobierno. La escasez de medicinas es brutal, ya no digamos para enfermedades como el cáncer, me refiero a esquemas básicos como antigripales o medicamentos para diabéticos. La economía solo resiste por las remesas, que no es un logro de este ni de ningún otro gobierno, al contrario, es un reflejo de lo mal que lo hace un gobierno y por eso las comunidades tienen que salir de sus pueblos.

Con urgencia necesitamos un presidente en México que se asuma como tal. Que sea un mexicano de cualquier ideología (el partido político es lo de menos, incluso si no tiene partido). Que sea un presidente que entienda que los malos no son los empresarios, ni la clase media, ni los periodistas. Los malos son los que llevan dañando a México desde hace muchas décadas, como los políticos corruptos (que persisten en este gobierno, como los hubo en los anteriores), como los criminales y grupos criminales. 

Urge un presidente que entienda que no se puede ser uno de solo 16 horas, como lo ha dicho en múltiples ocasiones, se es un presidente por 6 años completos, 24/7, o por lo menos eso es lo que quiero de la persona que se asume como demócrata, humanista, pero sobre todo como presidente de México.

Requerimos un presidente que entienda que el ejemplo arrastra, y que si se asume como presidente de tiempo completo entenderá que el uso del cubrebocas tendría que ser una política de Estado, elemental para evitar cargas virales que pueden poner en riesgo la vida de las personas. 

Ojalá pronto México tenga un verdadero presidente.

Tiempo al tiempo. 

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.