Opinión

¿Se puede vencer al abstencionismo?

El abstencionismo es un fenómeno normal de la democracia, pero no se pueden subestimar sus causas. | José Antonio Sosa Plata

  • 06/06/2019
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Los resultados son preocupantes, pero no sorpresivos. La participación ciudadana que se registró en las elecciones del domingo pasado fue una de las más bajas en la historia de nuestra democracia: Quintana Roo, 22.15%; Baja California, 29.62%; Tamaulipas, 33.15%; Puebla, 33.41%; Aguascalientes, 38.98%; y Durango, 44.84%.

Por si no lo leíste: "Puebla está polarizada. Urge la reconciliación": Barbosa.

Los porcentajes están muy por debajo de la elección presidencial de 2018 (63.42%) y de las elecciones federales intermedias de 2015 (52.28%). Si la comparación se hace con las elecciones de 2013, en diez de los 14 estados en los que se realizaron elecciones, no participó ni la mitad de los electores registrados, y en 11, la cifra de abstención fue mayor en relación con el proceso electoral de 2010.

La razón principal que hemos escuchado para explicar el abstencionismo en México es que las elecciones locales no despiertan el mismo interés que las federales. También que la abstención beneficia a los partidos con mayor capacidad de movilización. Sin embargo, es evidente que el sistema político recibió de nuevo un fuerte llamado de atención, que amerita una investigación a fondo sobre las causas de la baja participación.

Lorenzo Córdova, Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), no eludió hablar del problema, aunque es evidente que no tiene aún una respuesta contundente que explique con claridad las causas que lo provocaron. “El abstencionismo es un fenómeno que tiene múltiples dimensiones”, dijo.

Los especialistas que han investigado el tema, han identificado algunas de esas dimensiones: la debilidad de nuestra cultura cívica; el desinterés y desconfianza de la gente en la política; el rechazo, desencanto o descontento con el régimen político; los bajos niveles de credibilidad en las instituciones democráticas y en los partidos; la poca credibilidad en los políticos; la crisis de liderazgos; y el miedo provocado por la inseguridad pública, la polarización agresiva entre candidatos o la violencia electoral.

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También han considerado la poca efectividad de las campañas publicitarias, tanto las que realizan los partidos como las autoridades electorales, que no han logrado romper con los viejos moldes. Asimismo, han analizado los efectos perniciosos de las campañas negras, escándalos y pleitos entre los actores políticos, además de los efectos negativos que producen en la ciudadanía los procesos de creación de noticias carentes de creatividad e impacto que se difunden en todos los medios de nuestro ecosistema de comunicación.

¿Y qué decir de los debates? No obstante los esfuerzos del INE por modernizarlos y convertirlos en modelos de comunicación atractivos, siguen generando poco interés en el electorado porque un buen número de políticos no quieren arriesgarse. Unos, por conveniencia o comodidad. Otros, por desinterés o ignorancia.

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Aunado a lo anterior, tenemos que añadir los factores principales del contexto nacional actual, según la visión del diario El País: “una economía debilitada, un repunte de la violencia y la tensión en las relaciones con Estados Unidos, tras el anuncio del presidente Donald Trump de imponer a partir del 10 de junio aranceles a los productos mexicanos. Tampoco debemos dejar de lado la coyuntura específica que se vive en cada estado y municipio donde hubo elecciones.

El listado anterior —con toda su complejidad— confirma que hay avances importantes para comprender el fenómeno del abstencionismo. Pero lo lamentable es que aún no se ha podido consolidar una tipología para caracterizarlo. En lo que sí hay acuerdo, es que se trata de uno de los indicadores más claros para comprender las actitudes del ciudadano ante los procesos electorales y el humor social.

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En suma. Lo que sí se puede asegurar de #Elecciones2019 es que el abstencionismo y Morena ganaron. El primero de forma arrasadora. El segundo, con un porcentaje menor al que esperaban sus candidatos y candidatas.  Sin embargo, no existen motivos para que gobiernos y partidos se sientan satisfechos con lo sucedido. Si bien la legalidad y legitimidad de los comicios no están en duda, es preciso que se tomen medidas a la brevedad para subir los niveles de participación.

Lee la opinión del experto: Albert Royo Mariné. La tecnología: ¿oportunidad o amenaza para la democracia?, El País, 24 de mayo de 2019.

Algunos expertos en el desarrollo de nuevas tecnologías, convocados por el INE, piensan que el voto digital puede convertirse en una de las herramientas para subir la participación. Si bien aseguran que en democracia “el voto electrónico no es la panacea”, sí resulta necesario “adaptar las nuevas tecnologías con los enfoques tradicionales”.

En principio, se requiere establecer una diferencia entre las máquinas para votar en casilla y voto en línea. Las primeras han sido probadas con altos niveles de eficacia desde hace mucho tiempo. En cuanto al voto en línea, sin embargo, sigue siendo un recurso vulnerable en materia de seguridad informática, razón por la cual “varias democracias en Europa han decidido quedarse o regresarse a los enfoques tradicionales”.

Entérate: ¿Qué países usan el voto electrónico actualmente? Instituto Nacional Electoral (INE), 29 de abril de 2019.

Pero eso no es todo. Los obstáculos más grandes para seguir avanzando en la consolidación del voto electrónico son múltiples y difíciles de superar. Sobresalen el rechazo de los gobiernos, las dudas sobre la seguridad en los medios digitales y las resistencias de muchos para reducir o desaparecer el sistema basado en urnas y boletas, pues es el que les sigue ofreciendo la mayor garantía para seguir influyendo en los resultados finales.

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