Opinión

¿Se está gestando una Narcoinsurgencia en México?

Las recientes amenazas contra la ciudadanía por la batalla del gobierno federal contra el huachicol no deberían ser tomadas a la ligera. | Eduardo Zerón

  • 07/02/2019
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En 2009 el Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos de América, dio a conocer un informe llamado “La Narcoinsurgencia de México y la política antidrogas de Estados Unidos de América”, donde advertía el tránsito del narcotráfico tradicional, a una subversión paramilitar con prácticas de guerrilla financiadas por la delincuencia organizada con gran penetración con la ciudadanía.

Ejemplos de ello se dieron en los últimos sexenios particularmente el anterior con la aparición en algunos estados de la República de las autodenominadas autodefensas y policías comunitarias que tenían en algunos casos vasos comunicantes e incluso personajes del crimen organizado como sus miembros, incluso organizaciones no gubernamentales cercanas a los movimientos de insurgencia presuntamente comenzaron a recibir financiamientos por el narco, escuelas cercanas a las subversiones, comunidades enteras son adiestradas, adoctrinadas y financiadas para convertirse en una primera línea de protección, labores de vigilancia, tiradores, donde la única ideología que persiste es la del dinero.

Hoy parece más vigente que nunca lo que atesoraba aquel informe de hace 10 años,  que los carteles mexicanos son más grandes y más poderosos, usan la violencia y la intimidación para debilitar a las instituciones gubernamentales, corrompen con su poder a la autoridad de Estado, crean vacíos de poder que son cooptados por ellos supliendo a la autoridad constitucionalmente constituida, en ocasiones siendo esta autoridad gente proveniente de sus filas, como sucedió en muchas alcaldías alrededor del país.

Narcotráfico


Sin embargo, no se puede confundir entre la influencia que tiene el narco en la sociedad donde es evidente la degradación del tejido social y que ha logrado convertir a la actividad ilícita es un modus vivendi aceptado y adoptado por esas sociedades.

Si bien las insurgencias cuentan con características como el de generar una identidad política relevante, una causa atractiva, contar con un número significativo de partidarios comprometidos, prevalecer sobre grupos rivales, ayudar al comportamiento erroneo de la autoridad política establecida, pero sobre todo un proyecto, además de un poder político y territorial.

Aunado a lo anterior: la subversión, la lucha armada, la propaganda, la asistencia social, el activismo enmascarado, los conceptos de la guerrilla prácticamente en su mayoría han sido adoptado por el narcotráfico para dar ese paso e incluso cooptar a quien ya lo tenga, a pesar que la actual guerrilla presupone estar en contra de la delincuencia organizada.

Ejemplos de actos intimidatorios para mermar el ánimo y causar terror entre la población no han sido la constantes, incluso difícilmente alguien podría decir que ha existido actividades terroristas en nuestro territorio, sin embargo, las recientes amenazas en contra de la ciudadanía por la batalla que mantiene el gobierno federal en contra del huachicol no deberían ser tomadas a la ligera, debido a la gran base social con la que cuenta y el sustento económico que lo respalda a los adversarios del Gobierno.

Hoy no se puede pensar en el delito del robo de hidrocarburos sin el narcotráfico, a esto último, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador ha advertido reiteradamente los esfuerzos que ha hecho su Gobierno de la República por frenar este ilícito en el país, pero al ser cuestionado respecto a la guerra contra el narco iniciada en el Gobierno calderonista el primer mandatario contestó: “No hay guerra”; “Oficialmente ya no hay guerra; “Nosotros queremos la paz”.

Huachicol


Parece muy bueno ello, pero también el Gobierno debería enarbolar la idea  que  dentro de la lucha en contra del delito del huachicol, las autodefensas y esta reedición de la amnistía  a los grandes lores del narco puede convertirse en un cocktail muy diferente a lo que le tocó a los gobiernos anteriores enfrentar, pues si bien no se puede desestimar que lo que está detrás de la principal frente de batalla de Gobierno en turno tiene como titiritero precisamente a la delincuencia organizada.

De los muchos grupos delincuenciales como lo son el Cártel de Jalisco Nueva Generación la empresa criminal de mayor crecimiento que ha prácticamente convulsionado al país, con su presencia en cerca de 24 estados de la República, se sabe ha invertido sus esfuerzos tanto en el huachicol como en los grupos de autodefensas en infiltrarse corromperlos, liderarlos.

Además el Grupo denominado la Santa Rosa del Lima con quien el CJNG mantiene una férrea disputa, es una organización local, cuyo poder si bien no se compara al de Jalisco, los Zetas o el Cartel de Sinaloa, mantiene una organización muy consolidada con gran raigambre social que lo protege, el líder de este grupo, conocido como “el marro” amenazó al presidente con con “matar gente inocente”  de no quitar la presencia del Ejército, Policía Federal, y la Marina dejando artefactos explosivos dentro de una camioneta, estas amenazas no deben de ser tomadas a la ligera, ni lo que el narco está logrando con las comunidades que viven de sus actos. 

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