Opinión

Se alinean en torno a Graue en la UNAM

Fue llamativa la presencia de la mayoría de los ex rectores. | Jorge Ramos Pérez

  • 23/09/2019
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El doctor Enrique Graue tendrá pronto en sus manos el documento que dará pie para su reelección como rector de la UNAM. La convocatoria será publicada esta semana. En noviembre ocurrirá la asunción.

Salvo grillas que se apagaron, como la inexplicable que sugería a John Ackerman como el sucesor por su cercanía con la autodenominada 4T, el proceso se ve sin escollos. Y así seguirá.

Los porros están a resguardo. Salvo el grupo de provocadores que arremetió contra la Torre de Rectoría el pasado 3 de septiembre, al cumplirse un año de agresiones a alumnos en Ciudad Universitaria, no han hecho su aparición. No se puede cantar victoria porque no falta el que quiera ponerle algo de sal y pimienta a la sucesión.

El 29 de julio pasado al celebrarse los 90 años de la autonomía de la UNAM fue llamativa la presencia de la mayoría de los ex rectores.

Francisco Barnes de Castro, Octavio Rivero Serrano, Pablo González Casanova, Guillermo Soberón y José Sarukhán fueron los mariscales que acuerparon a Graue en tan importante acto. Los ausentes fueron Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles, pero no necesariamente quiere decir que estén operando en contra del actual rector.

La lectura en algunos estamentos universitarios es que el gremio de los médicos, el de los abogados, los ingenieros y los científicos mostraron su apoyo a Enrique Graue. Sin duda, apuntan, su presencia refleja un bloque de opinión. Reunirlos lleva mensaje a favor de la Universidad… pero también del rector.

En un escenario en el que la autonomía de distintos órganos del Estado ha sido cuestionada desde el púlpito del presidente Andrés Manuel López Obrador, siempre será una bocanada de aire fresco que se deje a los universitarios resolver un asunto estrictamente universitario.

No obstante, no olvidemos la anécdota de Guillermo Soberón Acevedo, quien en su libro “El médico, el rector”, editado por El Colegio Nacional, recuerda que en 1977 al concluir su periodo de cuatro años por el que fue elegido por la Junta de Gobierno, tenía la determinación de no buscar la reelección.

Pero el entonces priísta y secretario de Educación del gobierno de José López Portillo, Porfirio Muñoz Ledo, le pidió que se reeligiera. Después se presentaron a su casa otros funcionarios, como el entonces subsecretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, y el regente de la ciudad de México, Carlos Hank González, con la misma intención.

El presidente José López Portillo lo llamó a la residencia oficial de Los Pinos, hoy museo, y le explicó que le pedía aceptar. “Mira, si a uno le piden algo y al mismo tiempo le tocan el himno nacional, pues ni modo de negarse”, describió.

El inicio del proceso está en curso.

Punto y aparte. El relevo en Morena camina a trompicones. El diputado Mario Delgado parece ir con tiento, pero sin detener un tejido para afianzarse. Bertha Luján debió dejar por motivos personales su trabajo en tierra con los morenistas, aunque ya reanudó su activismo. Yeidckol Polevnsky ya dijo que va. Hagan sus apuestas.

Punto final. El nuevo etiquetado en alimentos enfrenta una verdadera embestida del sector privado. Pese a ello los diputados de la Comisión de Salud aseguran que será ajustado el actual modelo. El subsecretario de Salud Hugo López-Gatell ha dicho que no darán marcha atrás en la idea de transparentar el etiquetado. Octubre será el mes definitivo.