Érase un país invariablemente adolescente, en el que la desconfianza era tan densa que se le podía ver flotando en el ambiente. Érase también un país, en el que los grandes proyectos nacionales y locales eran elaborados bajo un puñado de reglas muy estrictas basadas en los usos y costumbres. La primera regla era casi sagrada: No se empezaba un proyecto nuevo sin haber aplicado el principio del borrón y cuenta nueva.

 

La segunda regla era muy simple: Había que gobernar con el club de Tobi, ni más ni menos y pasara lo que pasara, lo cual servía de base para tomar las grandes decisiones. Seguían muchas otras reglas que no vale la pena recordar por el momento, pero eran todas parecidas en cuanto a su naturaleza moderna y vanguardista.

 

A decir verdad, no sé por qué me acordé de este anecdotario, pues el tema en esta ocasión es más concreto: Qué hacer con los terrenos que hoy ocupa el aeropuerto internacional de la Ciudad de México (AICM) una vez que comience con sus operaciones el nuevo aeropuerto (NAICM). El tema es importante y ha empezado a despertar las opiniones que se habían quedado dormidas después del intenso debate del 2000, cuando la disyuntiva era decidir si el NAICM se ubicaría en Tizayuca o en Texcoco. Una vez tomada la decisión, vuelve a ser pertinente debatir éste y otros temas.

 

La ocasión ha propiciado el surgimiento de todo tipo de opiniones, llamémosles ocurrencias, para decidir sobre los destinos de las alrededor de 700 hectáreas del terreno en comento. Las hay desde las que provienen de personas con buenas intenciones, hasta las serias e institucionales como las de la SCT que dice que la decisión se tomará al menos dentro de 7 años.

 

Sí claro, dirán algunos, para tomar la decisión como siempre a las carreras y lograr que el costo de oportunidad de los terrenos se vaya incrementando inexorablemente. Bueno, todo a su debido tiempo, como hizo por ejemplo la Semarnat con la planeación del reciclaje de millones de televisores que quedaron inservibles con el apagón analógico: Empezó una vez que se percató de los montones de televisores amontonados en los basureros. Ante este panorama aprovecharé pues este espacio para lanzar de manera altamente resumida, una ocurrencia propia.

 

Primero es importante decir que el AICM mantiene una serie de relaciones funcionales con el entorno cercano, con la zona metropolitana y con otras ciudades del país y del extranjero. Esas relaciones son de muchos tipos pues algunas son de carácter urbano, otras son económicas y otras más pueden ser ambientales y sociales. El cierre del AICM y el inicio de operaciones del nuevo aeropuerto generarán cambios muy importantes en las relaciones de cada uno de estos nodos con los ámbitos geográficos mencionados, lo cual incidirá sobre el funcionamiento de la ciudad entera.

 

Esto se debe a que cualquiera que sea el proyecto que se escoja para ocupar los terrenos del actual AICM, implicará un cambio significativo en la mezcla de usos del suelo y por tanto de las actividades que allí se realicen.

 

Una buena selección del proyecto requiere del diseño de una metodología que considere los beneficios y los costos totales de varios escenarios alternativos con horizontes de largo plazo. Los escenarios se pueden construir con mezclas e intensidades distintas de usos del suelo, lo cual genera diferentes mapas ecosistémicos cada uno de los cuales establece distintos tipos de relaciones con el entorno, con la ZMVM y con otras ciudades nacionales y extranjeras. Cada escenario genera asimismo distintos grados de impactos urbanos, económicos, ambientales y sociales, así como diferentes beneficios para las personas asociadas con cada uno de los ámbitos geográficos mencionados.

 

La combinación de estos aspectos permite contar con una gran variedad de elementos de decisión con los que se puede construir un paquete de estrategias que considere además tanto el rol de la dupla AICM-NAICM en la estructura policéntrica de la megalópolis, como el rol que la misma tendría con ciudades nacionales y de otros países. Viene a cuento el tema de la dupla del AICM-NAICM porque hasta ahora dentro de la larga lista de ocurrencias difundidas me parece que ninguna ha considerado las ventajas potenciales de construir una relación urbana y económica entre las dos sedes.

 

Sería bueno no perder de vista que su cercanía física puede ser un factor muy poderoso desde el punto de vista de la competitividad de la Ciudad de México. Sin embargo y como decía líneas arriba, la norma ha sido contra toda lógica ecosistémica la de cortar por lo sano toda eventual relación entre ambas.

 

Por otro lado es cierto que la sociedad mexicana se ha ido volviendo cada vez más sensible a los temas ambientales, lo cual en este caso se manifiesta como una proliferación de voces que piden que los terrenos del AICM sean convertidos en áreas verdes. Me parece que los propósitos últimos no sólo son buenos sino incuestionables, pero la cosa aquí es encontrar la mejor manera de potencializar los servicios ambientales de esas 700 hectáreas, lo cual implica que no necesariamente todo el terreno tenga que ser área verde o cuerpos de agua.

 

Eso se debe a que en un ecosistema puede haber una enorme cantidad de efectos insospechados y contraintuitivos. El valor de los servicios ambientales puede ser de hecho muy alto con una mezcla que incluya algunos otros usos, aparte de los de área natural. El reto está en el diseño y en el uso de tecnologías apropiadas, no solamente en lo que se refiere a la parte edificable sino también en lo que toca al funcionamiento del ecosistema natural.

 

La selección del proyecto debería de hacerse entonces comparando los costos y beneficios totales de cada una de las alternativas, considerando criterios urbanos, económicos, ambientales y sociales. Claro está que los escenarios a evaluar no son nada sencillos, pues por ejemplo puede darse el caso de que un escenario ofrezca beneficios importantes para el entorno urbano pero que no ofrezca beneficios significativos para la ZMVM o la megalópolis. De la misma manera se podría tener otro escenario que incremente la competitividad de la ZMVM pero que genere impactos ambientales significativos en su primer contorno.

 

La tarea es demasiado compleja e importante como para dejar que el club de Tobi decida dentro de 7 años. Hay que empezar mucho antes y ojalá se pudiera rompiendo algunas reglas, claro, aquellas que tenemos y que se parecen a las mencionadas al inicio de este texto.

 

@lmf_Aequum

@OpinionLSR



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información