Opinión

Sánchez Cordero y López Hernández, dos caras de la misma moneda

La sumisión hacia el titular del Ejecutivo es el principal requerimiento para ocupar cargos federales. | Adolfo Gómez Vives

  • 29/08/2021
  • Escuchar

Dos secretarías de Estado gozan de cierta preeminencia respecto de las demás carteras del Ejecutivo, aunque la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal se esmere en señalar lo contrario: la Secretaría de Hacienda —en razón de ser la responsable de coordinar la planeación nacional del desarrollo y de administrar los recursos públicos— y la Secretaría de Gobernación, responsable grosso modo, de conducir la política interior del país.

La primera ha tenido tres titulares. Carlos Urzúa —el más relevante de todos por su formación, experiencia y trayectoria— le renunció al presidente de la República, a través de un documento en el que manifestó su rechazo a la improvisación que siempre ha caracterizado a Andrés Manuel López Obrador y a la imposición de funcionarios sin conocimiento de la hacienda pública.

Vendría después el anodino Arturo Herrera Gutiérrez, a quien le tocó operar la desaparición de los fideicomisos que, en conjunto, contenían 68 mil millones de pesos. Recursos destinados a la investigación, la salud y el medio ambiente; instrumentos mercantiles a los que López Obrador calificó como “focos de corrupción”, sin que a la fecha haya presentado prueba alguna de sus dichos, a lo que se comprometió desde octubre de 2020.

Doctorado en Economía en Cambridge, Inglaterra, el tercer secretario de Hacienda de la administración lopezobradorista, tiene sólida formación académica, pero carece de experiencia en el sector público; variable que tendrá un peso específico en el tiempo que deberá invertir en su proceso de aprendizaje.

En el caso de la Secretaría de Gobernación, su relevancia es de tal magnitud en el entramado político nacional, que corresponde a su titular el ocupar provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo, si llegare a ocurrir la falta absoluta del presidente de la República, pues así lo dispone el artículo 84 constitucional.

El secretario de Gobernación es, asimismo, una especie de alfil que —previa instrucción del presidente de la República— puede convocar a reuniones de gabinete, coordinar las acciones de las demás dependencias del Ejecutivo y llegar a acuerdos. Asimismo, la Secretaría de Gobernación tiene la obligación de coordinarse con la Oficina de la Presidencia de la República para “formular y conducir la política de comunicación social del Gobierno Federal”.

La recién defenestrada Olga Sánchez Cordero prefirió alinearse a los designios de López Obrador, que respetar los preceptos constitucionales en temas como la ilegal consulta que definiría la construcción de la termoeléctrica en Huexca, Morelos.

En abril de 2019, la Segob respondió a la solicitud de información 0000400079519, relativa a la encuesta realizada en algunos municipios de Morelos, que ésta no fue levantada “conforme a lo establecido en el artículo 35 constitucional”, lo que prueba la ilegalidad de sus resultados, pero también la sumisión de su titular respecto de los designios del jefe del Ejecutivo.

Durante el paso de Sánchez Cordero por dicha dependencia no se avanzó en absoluto en el proceso de justicia transicional al que está obligado el gobierno de la República, luego de tanta violencia producida por la delincuencia organizada y por agentes del Estado mexicano, ni se abonó a la consolidación de los derechos de la Mujer.

Sánchez Cordero se fue con más pena que gloria. Su lugar será ocupado por un sujeto que cumple con la cualidad de la mansedumbre, al grado de abandonar el cargo de elección popular que ocupaba en el estado soberano de Tabasco, con tal de “ayudar” al primer mandatario, quien carece de visión estratégica y conocimientos relativos al quehacer administrativo.

La falta de cuadros experimentados en el equipo de López Obrador, ha sido suplida con parientes e incondicionales —como es el caso de Adán Augusto López Hernández— dispuestos a cumplir a cabalidad con los caprichos de quien cobra como presidente de la República.

 

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.