Opinión

Salvando al Godín en peligro de extinción

O las reflexiones resultado del confinamiento y el regreso a la “nueva normalidad”. | Aniela Cordero

  • 30/05/2020
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Durante estos meses en cuarentena, hay una especie humana que se ha visto afectada y que tal vez podría estar en peligro de extinción: los Godínez. Con las aldeas cerradas, el home office implementado de manera obligatoria y el famosísimo y sonado regreso a la “nueva normalidad” (que, si lo piensan un momento, no puede ser un regreso si es algo nuevo, ¿no?).

Cada vez se ha visto menos al Godín con su gafete, lonchera y portafolios en el metro, metrobús, o camión; ya no hay quién le haga órdenes de 27 chilaquiles a doña Pelos, cada uno con su respectiva especificación de cebolla, crema, queso y salsa; radiopasillo cerró su estación hasta nuevo aviso.

Ahora, los cubículos son la sala, la cocina, el estudio (para quien tiene en casa), el jardín, incluso la recámara; radiopasillo pasó a ser un servicio de telegrama a través de WhatsApp y no se siente igual; doña Pelos somos nosotros y Uber Eats en eterna competencia por lograr ese saborcito callejero (sin éxito todavía); nuestros colegas son el perro o el gato, uno con la ilusión de que ya no nos vayamos nunca jamás, y el otro harto de nuestra presencia en su territorio.

¿Qué representa para los Godínez el quedarse sin todo aquello que nos caracteriza? ¿Qué significa para nuestra evolución? ¿Lograremos adaptarnos lo suficientemente rápido y bien para poder seguir trabajando al ritmo que teníamos en la oficina? ¿O descubriremos que somos más que un escritorio, un gafete y tuppers pyrex?

Hoy más que nunca, hemos probado que podemos adaptarnos, nos cueste lo que nos cueste, y que poco a poco vamos reconstruyendo un nuevo ritmo y estilo laborales desde el hogar. Pero también, nos damos cuenta que las relaciones interpersonales son más importantes que nunca, pues no sólo dependemos de ellas a nivel social, también a nivel económico. ¿Cuántas veces nos quejamos de los clientes? Y ahora, por muchos peros que tengan, rogamos por no perderlos. ¿Cuántas veces nos quejamos de nuestro trabajo? Y ahora, esperamos no perderlo o encontrar uno lo más rápido posible.

Pero no nada más es eso, nosotros mismos estamos cambiando y viendo el cómo trabajamos de manera diferente. Pensando en cómo conectar mejor tanto con clientes como con nuestro equipo, cómo ser más productivos, aprendiendo qué horarios del día son nuestros mejores momentos, y en cuáles es mejor parar porque ni todos los santos nos ayudan a concentrarnos. Evaluando si el home office nos ayuda o perjudica más que ir físicamente a la oficina, y por qué.

El confinamiento no solamente nos ha enfrentado con nuestros demonios y fantasmas personales, a los que les dimos un número para atenderlos después de aprender a hacer masa madre, hornear pan, dibujar mandalas y renovar la casa entera con proyectos DIY; también nos ha puesto a pensar en nuestra situación laboral, en si estamos a gusto donde estamos ahora, qué podemos hacer para mejorar nuestra posición y nuestros conocimientos, e incluso modificar el futuro que teníamos pensado, replanteándonos los cómo, por qué, para qué y para quién.

Y si no se han replanteado nada, y sólo están esperando regresar para seguir como hasta ahora, necesitan de 3 a 6 meses más en confinamiento, muchachos.

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