Opinión

Salvando al Godín del CaraLibro

O la relación de las oportunidades laborales y las redes sociales. | Aniela Cordero

  • 17/08/2019
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¿Cuántos de nosotros no hemos buscado trabajo hasta debajo de las piedras? ¿O nos hemos postulado en LinkedIn a cuanto empleo encontramos, aunque no coincida ni con nuestra experiencia o con nuestras aspiraciones? ¿Cuántos no hemos publicado en FB que estamos buscando trabajo, o que podemos dar clases de lo que sea?

Gracias a todos los que levantaron la mano, los demás, no se avergüencen, hemos estado en ese punto de una u otra manera. Y es curioso, porque las redes sociales, TODAS, son un arma de doble filo para nuestras oportunidades laborales.

Empecemos con la más obvia: LinkedIn. Si lo buscamos en San Google, la descripción que aparece es “LinkedIn es una comunidad social orientada a las empresas, los negocios y el empleo. Partiendo del perfil de cada usuario, que libremente revela su experiencia laboral y sus destrezas, la web pone en contacto a millones de empresas y empleados”. Y sí, es una plataforma donde subes tu información al estilo perfil de Facebook, relatando en qué empresas has trabajado, qué has hecho, qué has logrado, y cómo te mantienes actualizado.

Es la red más obvia para mantener un perfil serio, profesional, y para vendernos lo mejor posible ante los demás, pues siempre queremos una mejor oportunidad, la estemos buscando activamente o no, y de donde muchas empresas reclutan, descartando a candidatos con sólo revisar su perfil, por lo que hay que mantenerlo actualizado, con una foto profesional, y con la información suficiente como para dar una idea general de quiénes somos, pero no con tanto detalle como para que ya no sea necesario llamarnos.

Pasemos a la siguiente, la favorita para quejarse, compartir tarugadas y estar conectados con amigos: Facebook. San Google nos da la siguiente descripción: “Compañía estadounidense que ofrece servicios de redes sociales y medios sociales en línea”. Literal es para socializar, sin especificaciones laborales, económicas, políticas, o de qué tipo. Casi todos lo usamos para estar al pendiente de chisme, quién se fue de viaje y tener 500 amigos, de los que sólo nos cae bien la mitad, saludaríamos en la calle a 100, y platicamos con 3.

Pero FB (abreviado para los cuates) es una gran herramienta para los reclutadores desde hace ya varios (más de 5) años. Las grandes empresas invierten en campañas de marketing y de atracción de talento en redes sociales orientadas al público que les interesa y que más utilizan la red social: millenials en adelante. Obviamente no es exclusivo (Baby Boomers, bajen los bastones, estamos leyendo tranquilos), pero generalmente apuntan a esas generaciones con las campañas de reclutamiento 2.0 en donde lanzan publicidad que lleva a su sitio de empleo, la gente se registra, y PUM, tienes una cartera de candidatos que crece día con día y se gestiona casi de manera automática.

Lo mismo, aunque tal vez en menor escala, pasa con Twitter. Si bien FB es para chismear y quejarse, Twitter muchas veces es el equivalente de la señora que pide hablar con el gerente del establecimiento para armar un zafarrancho, y vaya, sí funciona.

Pero claro está, hay que tener mucho, MUCHO cuidado con estas dos armas doblemente filosas… si bien podemos conseguir el trabajo de nuestros sueños en un golpe de suerte, también podemos cerrarnos la puerta a cualquier oportunidad a través de nuestros perfiles y de lo que publicamos. ¿Pero qué no se supone que nuestros perfiles son eso, nuestros? ¿Y que gracias a la libertad de expresión podemos publicar lo que se nos dé nuestra $(%”åß墮 gana? Pues… en teoría sí, pero en la práctica… quién sabe, porque con todo lo “políticamente correcto”, la política en general, el feminismo, el racismo, y todos los ismos que queramos, los ánimos andan bastante a flor de piel (entendible, en muchos casos) y pues a uno lo andan linchando por comentarios, likes, y retweets.

Afortunada o desafortunadamente, nuestras redes sociales y nuestras redes profesionales están entrando en el mismo mundo, en lugar de quedarse en lugares paralelos. Tenemos que aceptar a nuestras dos personalidades: la de Godín Alfa-Tupper de Vidrio-Gafete con Yoyo, y por otro, nuestro hermoso ser con sus chascarrillos, fiestas, deslices y bromas. En cuyo caso, no sé cómo su servilleta ha conseguido trabajo todos estos años.