Opinión

Salvando al Godín de una corrida de toros

O la curva de aprendizaje con nuestro jefe. | Aniela Cordero

  • 25/11/2018
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Cuando cambiamos de trabajo hay muchas cosas que nos emocionan: entre las caras nuevas en la oficina, los nuevos retos, proyectos interesantes y la oportunidad de seguir creciendo (además de decorar nuestro escritorio), y otras que nos preocupan: ¿podré adaptarme a la empresa? ¿Me darán la planta después de los 3 meses? ¿Y si no todo es como lo pintan? ¿Y si el café es agua de calcetín?

A todas estas dudas, y al proceso de resolverlas en el camino, les llamamos curva de aprendizaje, que supongo todos hemos escuchado en algún punto de nuestra existencia, y si no, se los pongo más fácil: la curva de aprendizaje es el proceso de adaptarnos a cambios en nuestro entorno y a las novedades; ya sea el trabajo, el escritorio, el uniforme, o (una de las más importantes y que no siempre se le da la importancia debida) a nuestro nuevo jefe.

Como reclutadora, uno de los motivos principales que he escuchado por los que la gente deja su trabajo es porque hubo un cambio de jefe directo y ninguno de los dos se pudo adaptar. Y seamos sinceros, nuestro jefe es muchas veces con quien más tiempo pasamos fuera de casa, pues estamos 8 horas (como mínimo) durante 5 días, trabajando codo a codo con él o ella. Y si es alguien con quien no logramos sincronizarnos… ya bailó Berta. Y he de confesar que yo también he pasado por ahí y he tenido que dar esa respuesta durante mis entrevistas como candidata, y concuerdo con muchos de ustedes, no es una experiencia agradable en lo más mínimo.

Si ya intentaron la bolita de cristal para saber de qué humor amanecerá su jefe, o si leyeron las hojas del té esperando ver un indicio de una extremadamente molesta (pero inofensiva) enfermedad que impidiera su regreso por 3 días a la oficina, o pagaron una suma exorbitante para que le hicieran mal de ojo, y nada de esto ha funcionado, temo decirles queridos colegas Godínez, que sólo les queda hacerse una limpia, hacer de tripas corazón, y agarrar al toro por los cuernos.

Pero no le teman a la cornada, toreros. Acuérdense que ustedes tienen las herramientas necesarias para poder lidiar con eso y más, solamente hay que identificarlas, (desarrollarlas si es necesario) y aplicarlas. En lo que vemos qué funciona y qué no con nuestro toro de lidia personal, seguramente nos llevaremos uno que otro raspón, pero también así se aprende. Entonces, podemos intentar lidiar con uno (o varios) capotes:

  1. Empatía: Sí, otra vez la empatía (de verdad es una de las capacidades del ser humano más subestimadas, pero de eso hablaremos otro día). El ponernos en los zapatos de nuestro jefe, y comprender un poco la situación desde su trinchera, nos ayudará no solamente con momentos de epifanía, sino a responder mejor ante exigencias o bomberazos que en un inicio parezcan que no tienen sentido alguno. Y, sobre todo, nos ayudará a no tomarnos las cosas de manera personal.
  2. Diálogo: Es importante poder contar con espacios donde podamos dialogar y exponer lo que estamos viviendo; qué nos gusta, qué nos incomoda, qué funciona y qué se puede probar para mejorar la productividad y los resultados. Parte del diálogo, es la recepción de ideas, o en este caso, de lo que nuestro jefe tenga que decirnos sobre lo que necesita de nosotros o su opinión respecto a nuestro desempeño (sí, muchas veces no es agradable, pero es parte de).
  3. Paciencia: Mucha, muchísima paciencia. Este proceso de adaptación de ambas partes no se da de la noche a la mañana. Sí, hay casos en los que se da muchísimo más rápido porque se logra una relación productiva y de confianza. Y también hay casos contrarios, en donde nuestro jefe puede aplicar el micromanagement, o puede ponerse medallas que no le corresponden, e incluso puede no defender a miembros de su equipo frente a los demás, lo que resta credibilidad y entorpece los procesos diarios.

Aclaro que estos capotes funcionan mejor al principio, cuando apenas se están conociendo y hay mucha más oportunidad de aprender y de adaptarse. Cuando la situación es crítica y ya no pueden verse ni en pintura, y se vuelve personal el asunto, recomiendo 3 pastillas diarias de “mevaletreskilosdechorizo” y tomar una decisión al respecto.

Salvando al Godín de la productividad

@Ancoren | @OpinionLSR | @lasillarota

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