Opinión

Salvando al Godín de las Candidaturas

¿Les ha pasado ser alguno de estos personajes? | Aniela Cordero

  • 22/02/2020
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Cuando buscamos trabajo nos podemos colocar en cualquier parte del espectro de los candidatos, y según la experiencia que tengamos con las entrevistas, podemos cometer más o menos errores. Dependiendo de cómo le den seguimiento a su propio proceso, ¿se han preguntado qué tipo de candidatos son?

Podemos ser el candidato fantasma. Nos hablan, asistimos a una primera entrevista, pero como que lo que vimos no nos late tanto y mejor aplicamos la misma que nos aplicó el ex… Nadie vio, nadie supo. Dejamos sonar el celular cuando nos llaman. Archivamos o borramos el chat sin leer siquiera los mensajes que nos mandan, y los correos los mandamos derechito a la papelera. Sólo existiremos en la memoria de los reclutadores y de sus bases de datos, seguramente con una nota al pie que diga: “ya no dio señales de vida para el proceso”.

También podemos ser los reservados. Esos que cuando nos llaman por primera vez, nos ponemos recelosos y preguntamos santo y seña de la oportunidad antes de que nos terminen de decir de dónde nos llaman. No es que esté mal, pero en esas primeras llamadas es micha y micha. Hay que dejar que se presenten los que nos buscan, que nos pregunten, que nos expliquen, y obvio no dejar de preguntar nosotros. Porque a veces nos perdemos de una gran oportunidad solamente por preguntar incluso cosas equivocadas que nos dan la impresión incorrecta de la vacante.

Les aplicamos el “ahorita no, joven, gracias” y colgamos diciéndoles que estaremos encantados de participar en otra ocasión, cuando realmente ya categorizamos mentalmente a los reclutadores en la misma sección que la señorita de los seguros del banco, o los de la telefonía móvil. Pero qué se le va a hacer.

También podemos ser súper desinteresados y aplicar el “igual es chicle y pega” y participar por participar en el proceso sin tener realmente un interés para seguir de cerca el proceso. En estos casos, tendemos a no llegar tan a tiempo a las entrevistas si son presenciales. O si son remotas, las movemos para otro día con excusas, o simplemente no nos conectamos. Y así seguimos, en un estire y afloje con el reclutador para ver quién se cansa primero. Generalmente son los reclutadores los que mandan saludos a nuestras mamás. Yo nomás digo.

Cuando ya tenemos colmillo, más de 20 experiencias y subimos de nivel a candidato-finalista-mas-no-seleccionado en los últimos 3 procesos, hay de donas bimbo: o nos convertimos en el candidato estrella, o nos convertimos en el candidato del que nadie quiere saber, y se rifan turnos para ver quién le toma la llamada esta vez. Explico.

El candidato estrella es aquel en el que nos convertimos cuando tomamos la llamada, contestamos todas y cada una de las preguntas del reclutador y las preguntas que a su vez nosotros le hacemos, no exceden el protocolo establecido para los filtros telefónicos, pedimos los datos de contacto, corroboramos los nuestros y quedamos en espera del correo pidiendo parte de nuestra información, como el currículum actualizado o nuestro paquete de compensación económica.

Conforme avanzamos en el proceso, no perdemos contacto con nuestro reclutador, porque si bien ellos fueron quienes nos buscaron, nosotros participamos por el interés, ¿no? Y el interés también se ve en el seguimiento. Entonces, pedimos retroalimentación una vez concluidas las entrevistas, y si ya pasó una semana sin noticias, les escribimos para saber qué pasó. Nos preparamos para asistir a las citas y tratamos de vendernos lo mejor posible.

Si todo sale bien, tendremos nueva chamba para invitar las chelas en la aldea que abandonamos. Y si no quedamos finalistas, sumamos +20 pts de experiencia en procesos de selección, pedimos retro y ajustamos estrategia para el que sigue.

Ahora bien, podemos ser el candidato innombrable y nefasto (la neta). No sólo hacemos el trabajo a la inversa y stalkeamos al reclutador, la empresa, los jefes y todos los que trabajan ahí, sino que les mandamos mensaje a todos avisándoles de nuestro interés en participar en el proceso. Mandamos nuestro CV a todos, y les marcamos también a todos para avisarles que ya se los mandamos.

Cuando una pobre alma recibe la novatada de ser nuestro reclutador, es mensaje en la mañana y mensaje en la noche para avisar que ya mandamos el CV, que ya recibimos el correo, que ya lo enviamos con la información, que ya está todo listo. Y es mandar mensaje en la noche para pedir avances y novedades. Si no hay, al día siguiente es el mismo simulacro, pedir estatus en la mañana y en la noche, y llamar si no estamos satisfechos con la respuesta. Y así sucesivamente con las entrevistas y pruebas hasta que nos bajen del proceso porque si así de controladores y ansiosos somos con el proceso, rara vez se esperan a ver cómo somos de candidatos.

¿Les ha pasado ser alguno de estos personajes? ¿O son un espécimen nuevo y que Santa Guillermina agarre confesados a los reclutadores?

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