Opinión

Salvando al Godín de la Policía del Pensamiento

O la controversial libertad de expresión. | Aniela Cordero

  • 21/09/2019
  • Escuchar

Como Godín con vida, cuerpo, alma y corazón (no cuentan los de recursos humanos, nóminas o contabilidad, es bien sabido que no tenemos sentimientos) todo acontecimiento importante nos causa emociones de todo tipo que expresamos con fiestas, borracheras, canciones, pláticas a las 3 am con nuestros amigos, confesiones anónimas en internet y en ocasiones desafortunadas, publicaciones no tan anónimas en Twitter y Facebook, en donde los ojos del internet y de la sociedad, están puestos en cualquier comentario que se desvíe de lo políticamente correcto, pasándose la libertad de expresión por el Arco del Triunfo.

Algunos acontecimientos recientes, como la marcha feminista en semanas pasadas, y la ceremonia del grito de Independencia hace apenas ocho días, desataron tuits desafortunados por parte de algunos usuarios que se ganaron no solamente el repudio público, sino el ser despedidos o suspendidos por sus actuales empleadores a raíz de los comentarios hechos en redes sociales (se les dijo que tuvieran cuidado y pusieran los ajustes de privacidad al máximo, pero nel), los cuales llamaron la atención gracias a que otros usuarios señalaron en esa dirección con dedos acusatorios.

Son comentarios desafortunados, desatinados y contrarios a muchos de nosotros. Pero siguen siendo la opinión de su emisor, y siguen siendo válidos gracias a la libertad de expresión de la que goza cada ser humano como derecho universal que claro está, conlleva sus deberes y responsabilidades. Sin embargo, la libertad de expresión se ha vuelto cada vez más controversial debido a la digitalización, la nula privacidad, la velocidad del intercambio de la información, y al crecimiento desmesurado de los SJW (Social Justice Warriors) y lo "políticamente correcto". Todos tenemos una responsabilidad con nuestras acciones y nuestras palabras, y lo mismo pasa con lo que escuchamos y vemos, pero ¿hasta dónde llega mi responsabilidad? ¿Hasta dónde llega mi derecho? ¿Hasta dónde llega mi deber? ¿Qué dicta la validez de un comentario o de otro?

Hoy en día nuestra libertad de expresión está vigilada muy de cerca por nosotros mismos. Volteamos a ver al compañero que va en contra del gobierno, levantamos la ceja al que está a favor y lo defiende a capa y espada, negamos con la cabeza al enterarnos del nivel de misoginia de nuestro vecino, cortamos relaciones con aquellos que si no están con nosotros, están en contra. Y vigilamos, atentos a cualquier desviación, listos para cualquier atentado contra ¿qué? ¿quién?

Cuidado, que la Policía del Pensamiento tiene su atención puesta en todos nosotros.