Opinión

Salvando al Godín de la Independencia

O cómo cada quien festeja como quiere. | Aniela Cordero

  • 14/09/2019
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Cada año, durante la primera quincena de septiembre, no solamente nos pagan a los Godínez nuestro bien merecido sueldo por calentar la silla ocho horas al día, ponerles buena cara a los clientes, y ser buenos compañeros de oficina al no traer platillos olorosos para comer.

También, durante cada año, se empieza a sentir una vibra diferente desde que inicia el mes. Vemos nuestros colores patrios en cada edificio, en la calle, en el súper, y un día: ¡Oh sorpresa! Llegamos a nuestra oficina y vemos el lugar debidamente decorado con banderitas, y si tenemos suerte, hasta con un bigote falso que saca a relucir nuestro más alcohólico y destructivo espíritu festivo.

Este año no será la excepción.

El festejo, no será hasta el domingo en la noche, con su respectivo San Lunes para curar la cruda y llegar frescos como lechuga el martes para seguir ganando nuestros pesitos. Pero mientras, desde ayer, empezaron los preparativos: empezamos a ver carritos llenos de dulces néctares victimizadores (te estoy viendo, tequila) y sus mezcladores; bolsas de deliciosas botanas crujientes y picositas; ingredientes para preparar salsas de todos los colores y sabores; complementos para las deliciosas tostadas, y el divino pozole; mientras que las carreteras están llenas y los eventos sin cupo, ya no cabe un alma más.

Están quienes se fueron desde ayer. Los que se van hoy. Los que tienen todo planeado desde hace un mes para un festejo monumental. Los que prefieren algo tranqui con los cuates. Y luego, estamos los afortunados que empezamos a disfrutar desde el jueves saliendo de la oficina porque tuvimos viernes de home office.

Festejen responsablemente, queridos Godínez, y nos vemos las caras de muertos vivientes el martes. ¡AJUAAAAAAAAAAA!