Opinión

Salvando al Godín de la doble vida

O la relación de lo personal y lo laboral en un home office de cuarentena. | Aniela Cordero

  • 25/04/2020
  • Escuchar

Hace poco más de un mes, Antonio llegaba a su oficina, se estacionaba y se preparaba mentalmente para las interminables juntas del día, revisar los pendientes, y ver si por fin lograba eliminar la notificación de los más de 200 correos no leídos (cosa muy poco probable). Pensaba en su esposa y en lo que le había encargado del súper, pero eso lo dejaba para después, ahora era tiempo de concentrarse en la chamba y no en la casa.

Al entrar, saludaba a la de recepción, la de nóminas, el contador, y a unos cuántos de operaciones. Que si el tráfico estaba terrible, si no había visto el último partido de la NBA, si ya tenía el reporte para la junta directiva, y la clásica: cómo estaba todo en casa. Y todo en casa estaba bien, dentro de lo normal, con discusiones, días buenos, otros no tanto, pero todo normal, gracias por preguntar.

Ahora, ya entrados en la fase 3 de la cuarentena, ya no hay tráfico para llegar a trabajar, solamente decidir si es el turno de la sala para convertirse en oficina, o si es el turno del comedor. Ya no hay partidos, solamente Netflix con documentales o las repeticiones por Youtube, o las retas de videojuegos. El reporte de la junta directiva quedó hecho en una hora a través de Zoom, en lugar de 3 horas en la sala de juntas. Y ahora cuando alguien pregunta cómo está todo en casa… ¿qué se contesta? ¿cómo se distingue lo personal de lo laboral cuando ahora todo convive en un mismo espacio y al mismo tiempo?

Hoy tal vez no se extraña levantarse temprano para ir a trabajar con el tráfico. Hoy tal vez lo que se extraña es el ir físicamente a trabajar. Desde el bullicio de las conversaciones, los teléfonos sonando, las risas esporádicas, el poder platicar con los compañeros. Incluso la privacidad, tener un espacio propio, poder cerrar la puerta de la oficina para maximizar la productividad y minimizar las interrupciones.

En casa, por muchas reglas, límites y horarios que se pongan, siempre habrá algo que hacer. Lavar la ropa, los trastes, preparar la comida (incluso si solamente es sacar los recipientes de la bolsa a domicilio). Es esperar a que pase el camión de la basura o el fierro viejo para continuar con nuestra conferencia. Es estar para nuestra pareja o nuestros hijos si se sienten mal. Es terminar las jornadas de trabajo más tarde, o terminar los reportes a las 2 de la mañana (gracias, insomnio, qué detalle).

Y tal vez esta oportunidad (patrocinada por la fase 3) permita entender mejor la dinámica y la influencia que la vida personal y laboral tienen la una sobre la otra, y que no siempre pueden separarse tanto como se quisiera. Tal vez, permita tener un enfoque diferente hacia el trabajo “tradicional” con un horario de 8 horas, y se dirija más hacia una productividad individual y a darle más peso a los resultados que al proceso como tal. Pero eso se verá hasta que salgamos de nuestro home office (auto) impuesto.

Mientras, hay que seguir pensando en qué es lo mejor para contestar a la pregunta de cómo está todo en casa.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.