Opinión

Salud en crisis

Lo que preocupa es que el sistema de salud mexicano esté fragmentado débil y enfermo. | José Luis Castillejos

  • 03/03/2020
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El coronavirus confirmó lo que ya se sabía: que México vive, desde hace tiempo, una emergencia en Salud Pública con hospitales en crisis, sin medicamentos, y con un presupuesto restringido que lo coloca en situación de paria internacional.

El nuevo brote agarró desprevenido al gobierno.

Se ha intentado minimizar la alerta de la Organización Panamericana de la Salud respecto al avance del brote del nuevo coronavirus (2019-nCoV).

Para este problema nadie estaba preparado. No se lo esperaba y el impacto a corto plazo en la industria hotelera, restaurantera, agencias de viajes y zonas turísticas, de la que depende en gran parte México, se habrá de sentir a mediano plazo con la corrida de turistas.

Indudablemente habrá un impacto económico, político y social, y sobre todo en la salud de millones de depauperados mexicanos que sobreviven en diversas zonas del país en situaciones por demás precarias.

Pero no pasa nada. Todo está controlado, según el gobierno de AMLO que no ha tendido un cerco sanitario en sus fronteras, puertos y aeropuertos para contener un alud de enfermedades.

En el sur ya comienza a sentirse la presencia de enfermedades. Ciudadanos extranjeros que buscan llegar a Estados Unidos desde la frontera con Centroamérica lo hacen sin ningún control sanitario. No hay medicinas, suficientes camas, ni personal, o los recursos suficientes para hacer un buen papel al respecto.

Quien diga lo contrario miente. Los sistemas sanitarios de este país están resquebrajados.

En el discurso oficial, México asevera que se ya se instrumenta un Plan de Preparación y Respuesta Epidemiológica en el marco del Reglamento Sanitario Internacional.

Ello en concordancia con la alerta emitida por la Organización Mundial de la Salud que decretó la declaratoria de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) por el brote del nuevo coronavirus (2019-nCoV).

En el papel o discurso oficial se han evaluado tres criterios: el carácter inusual; ya que se trata de un nuevo virus que puede ocasionar una enfermedad respiratoria grave, la posibilidad de diseminación hacia otros países y, que es necesaria la cooperación internacional para contener dicha diseminación.

Tanto el gobierno mexicano como el Comité de Emergencias de la OMS, están convencidos de que todavía es posible interrumpir la propagación del virus, si se aplican medidas sólidas para detectar pronto la enfermedad, evaluar al paciente, derivarlo a un centro de referencia especializado, aislarlo, tomar una muestra, realizar el diagnóstico confirmatorio.

A la par hay que instaurar un tratamiento de soporte, hacer seguimiento de los contactos y promover medidas de bioseguridad, higiene y buenas prácticas tanto en la comunidad como en los establecimientos de salud:

La recomendación para todos es fortalecer la higiene, lavado frecuente de manos con agua y jabón o con alcohol gel con base de alcohol al 70%.

También cubrirse la boca y la nariz al toser y estornudar, adoptando la “etiqueta de tos” (ángulo del brazo) y utilizar servilletas desechables.

Existe el soterrado temor que esta enfermedad pueda propagarse en zonas lejanas con un fuerte impacto sobre comunidades indígenas donde ya se perciben enfermedades derivadas de la obesidad.

Lo que realmente preocupa es que el sistema de salud mexicano esté fragmentado débil y enfermo, y que la calidad en la prestación de servicios deje mucho que desear.

El sistema de salud realmente está en crisis mientras AMLO, lo reconozca o no, fue sorprendido por el nuevo brote.